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Dos rutas para este 25 de noviembre y en adelante

Enviado el 22/11/2017

La primera, para que recuerdes mejor de donde se parte.

Ruta de violencia

El 16 de octubre de este año llegó a Lima desde Huaraz, montadaen una avioneta del Ejército peruano y acompañada por una enfermera del Ministerio de Salud y una representante de la Defensoría, una bebé de 2 meses. Ella fue violada por su padre, Julio Salcedo Chavarría, de 23 años de edad, tres semanas antes de la denuncia, el 29 de setiembre. Salcedo reconoció haberla ultrajado, y su madre está acusada de encubrimiento.

El 11 de noviembre, Erika Palacios García, de 21 años, ingresó a la unidad de cuidados intensivos en el Hospital María Auxiliadora. Ella se había negado a soportar la violencia de Abimael Palacios Palacios, y le había dicho que no quería mantenerlo económicamente. Erika recibió como respuesta de Abimael, 20 profundos cortes en el cuerpo. Todos hechos con un cuchillo de cocina[1]. Junto a ella, otras más de cien menores de edad violadas en Huánuco por un mismo hombre: el PNP y jefe de la Oficina de Participación Ciudadana Carlos Tumes López[2], quien recién a finales de abril de este año, ha recibido una –indignante, patética, pobre, penosa– “prisión preventiva” de 9 meses.

El caso de Milagros Rumiche es igualmente indignante y doloroso. Aunque ella ya había intentado denunciar a Carlos Feijoo por maltratos, en la comisaría “no le hicieron caso” hasta que llegó el 17 de agosto del 2016, cuando la encontraron inconsciente, abandonada y desfigurada en Villa San Isidro, en Tumbes. Ella reconoció que fue Carlos quien la golpeó. No obstante, el médico legista que vio su caso, señaló que ella solo tenía “lesiones leves”. La indignación ocupó algunas primeras planas: un rostro desfigurado y brutalmente golpeado, no es algo “leve” en ningún sentido.

Otras “lesiones leves” son también las que dijeron que tuvo Arlette Contreras, luego de haber sido arrastrada y agredida brutalmente por  el hijo del regidor de la provincia de Huamanga, Adriano Pozo. Un año después del 13 de julio del 2015,  la Corte Superior de justicia de Ayacucho sentenció a Adriano a un año de “prisión suspendida” y una reparación económica de 5 mil soles a Cindy[3]. En el 2016 Adriano salió de la –ridícula– prisión suspendida, y se ha intentado apelar a la Sentencia.

En esta ruta de violencia, el 13 de agosto del 2013, Gino Sánchez golpeó cinco veces con una comba a Ninfa. Ella le suplicó que no la golpease. Él no se detuvo. Cuando se cansó de golpearla, la tapó con una frazada, subió el volumen del televisor y se fue cerrando la puerta. Ninfa estuvo poco tiempo en el hospital por falta de recursos económicos[4]. Este mismo año, meses antes, el 17 de enero, Ninfa Escobar, de 26 años, recibió una cantidad –insoportable– de golpes de Percy Alvarado, su esposo, y como si violentarla fuera un bien compartido, su suegro, Pedro Alvarado, se sumó a la paliza. Luego de ser golpeada por su esposo y su suegro, en frente de sus 4 hijos, ingresó al hospital municipal de Los Olivos para “determinar la gravedad de sus lesiones”[5]

La otra ruta

El problema de todos estos casos, además de su real existencia, es que hay miles, miles, miles más. Contarlos todos implicaría una extensa tesis doctoral y lo que sea que se dijera en ella, sería siempre insuficiente. Lo que hemos querido es dar una pequeña muestra de la ruta cruel de la violencia física contra las mujeres peruanas para proponer otra ruta, una que se desarrollará el 25 de noviembre en las calles de Lima. Y proponerla teniendo en mente claro, su poder de convocatoria y por ello, las consecuencias que puede traer. Que este año se cree un sistema de protección para las mujeres, para todas, las de dos meses, a las de 10, a las de 15 años, para las ancianas. Para todas, sobre todo a las que se solidaricen con esta propuesta y quieran cambiar su historia, porque reclamar justicia trajo también feminicidios. El caso de Milagros Rumiche fue el más conocido. Sobre su caso se leyó:  “Motivada por la marcha Ni Una Menos, Milagros Rumiche se armó de valor y fue a denunciar a su ex pareja a la comisaría de Pampas de Hospital en Tumbes. Los policías, según sus propias declaraciones, le aceptaron la denuncia pero no le hicieron caso. No buscaron al sujeto ni indagaron más. Hoy, el denunciado fue a buscarla a su trabajo. La sacó y luego intentó matarla a golpes. Este tipo, además, es trabajador público de la Municipalidad de Tumbes”[6]. Que no se repita, ni la violencia antes, ni la violencia después de esta marcha. Que nos cuiden.

Que nos dejen vivir.

 

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