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Minería: conflicto y acuerdo (I)

Enviado el 23/05/2012

José Luis López Follegatti


Los cambios cuando  son impuestos por lo general no duran o no cumplen sus objetivos: son muy efectivos en impedir lo que no se quiere pero débiles en hacer realidad lo que se quiere. Ya sea por desconocimiento, obstáculos encontrados o  fragmentación del grupo eficaz a la hora de oponerse y desastroso en el gobierno.

John Paul Lederach estudioso y activista por la paz y el dialogo encuentra dos  observaciones importantes al respecto.

“En primer lugar, los movimientos constatan que es más fácil, y en muchos casos más popular, decir claramente que se oponen que expresar lo que desean construir. El cambio se percibe de forma lineal: primero, despertar la conciencia, luego promover acciones de participación de números crecientes de personas para frenar algo, y finalmente cuando se ha conseguido detener lo que sea, actuar para construir algo diferente.” (1) Es en este  momento que Lederach encuentra los límites a este proceso, pues una vez conseguido detener lo acordado a la hora de construir algo “sistemáticamente se tropiezan con algo y donde parece que se desmoronan los cambios”. (2)

Es aún más interesante la segunda observación y que tiene que ver con la esencia misma de los movimientos de oposición: “delimitar un proceso como una dinámica que crea comunidades de pareceres semejantes genera una visión estrecha del cambio, en la cual se dedica poca reflexión o trabajo a la cuestión más general de quienes y qué tendrá que cambiarse y como se los implicará en el proceso”. (3)

La debilidad estratégica de esta teoría del cambio  consiste en que  “la forma de formular los temas y el proceso socava la red fundamental de comprensión de que el cambio debe construir estratégicamente vínculos  y coordinación entre y, a través de espacios relacionales que no son de igual parecer o no están relacionados”

Por ello los cambios que pretenden durar no pueden ser impuestos, porque no se trata que los iguales se unan contra otros diferentes, sino de lograr que los no iguales se acerquen, dialoguen y aprendan de la experiencia, de  aquella que puede manifestarse como conflictiva y luego transformarse en acuerdos.

Construir acuerdos entre diferentes reconociendo la inmensa necesidad de hacer cambios es un trabajo de construcción de vínculos y desarrollo de consciencia. Es también una combinación de presión,  acción, proposición y concesión sumamente complejo y valiente, pues no es algo lineal y va contra la inercia de la indignación desatada: El desarrollo no es la conquista de una medida, un anuncio o una norma, es una sostenida y progresiva transformación gradual donde lo fundamental no es lo que se dice o exige sino las relaciones que se van forjando, rehaciendo e innovando.

Pareciera muy difícil construir un discurso que al mismo tiempo que proclame cambios recoja el interés de los que se  oponen entre sí. Se afirma que su imposibilidad define los límites del diálogo tantas veces invocado.  Para ello se requiere  cambiar de enfoque, discurso y actitud, de lo contrario se volverán a cometer los mismos errores si se transita con los mismos pasos por el camino ya recorrido.

A propósito de la demanda de cambios en la minería alcanzamos algunos ejemplos sobre el enfoque de  cambios impuestos o consensuados. Nos ocupamos en primer lugar  de las concesiones mineras:

23 millones de hectáreas otorgadas en concesión para exploraciones mineras. A inicios del 90 - cuando se dividió el territorio en cuadrantes- ello no existía y las inversiones eran imposibles, las exploraciones se multiplicaron y de las miles de perforaciones realizadas solo el  2%  fueron exitosas, pero suficiente para hallar yacimientos y entonces se da inicio al crecimiento de la minería. Luego de 20 años positivos, es razonable que ello deba cambiar. Lo que fue conveniente en un momento ahora ya no lo es.

Ni negar la importancia de las concesiones ni aceptarla a rajatabla sin reconocer sus limitaciones. Este el difícil punto medio que podemos adoptar. Para ello la clave son las relaciones entre los actores con diferentes puntos de vista, para que se escuchen y se otorguen parte de la verdad sin temor a abandonar sus propias creencias.

¿Podemos reconocer  que encontrar minerales no es nada fácil, pues  requiere inversión y tiempo que la mayoría de las veces no se recupera?, ¿Porqué no aceptamos que muchas comunidades han logrado buenos acuerdos y los impactos en sus tierras han sido mínimos?  ¿No fue una buena decisión que a pesar de que existía una ley que lo permitía las empresas  no se allanaron a la expropiación de tierras si las comunidades no estaban de acuerdo? ¿Porque para algunos es difícil contemplar a un país que creció con las inversiones mineras?

Del otro lado  también surgen otras preguntas: ¿Acaso no es cierto que en muchas oportunidades la intervención de empresas para conseguir permisos de exploración  fue forzada y no respetuosa? ¿Por qué no podemos reconocer que a pesar que  el título de concesión no es una autorización, la percepción de muchos ciudadanos es muy negativa porque las mismas se superponen a lagunas, tierras agrícolas e incluso pueblos? ¿Por qué no aceptar que al ser la concesión un título eso ha generado además de flujo de fondos muchas acciones especulativas, en la transferencia, retención y distorsión de los fines de una concesión?

¿Acaso, al no haber requisitos claros sobre la caducidad de la misma se produce una condición de propiedad que genera agudos problemas como el que ocurre con los mineros informales que ocupan estos terrenos y negocian en términos inadecuados con sus propietarios.?

Ambos grupos de opiniones tienen una parte de la verdad, si nos colocamos en sus zapatos comprenderemos sus razones.  Pero en la vida real, estas se vuelven excluyentes. La explicación  es que no todo está guiado por la razón sino por nuestras propias emociones, por nuestros miedos y desconfianzas.

De esta manera podemos expresar nuestras emociones de dudas y temor  de la siguiente manera: Si reconozco la validez de las concesiones no tendré suficientes argumentos para demandar su cambio, si acepto la existencia de buenas negociaciones empresa-comunidad, provocaré que las comunidades se confundan. Si no soy crítico al rol de la minería no llamaré la atención a los que no quieren escuchar obsesionados por el crecimiento.

O también podemos expresarnos de la otra manera: Si acepto que existen malas relaciones comunidad- empresa, estas serán exageradas  y perjudicarán a otros. Aceptar que las concesiones dan la impresión que se superponen con otros usos puede terminar por dilatar tanto el procedimiento que terminará paralizando el crecimiento. Algunos que especulan con las concesiones no pueden perjudicar el enorme flujo de dinero que logran las empresas que invierten, dan trabajo y actúan con legalidad.

Las percepciones y las emociones que envuelven a la razón, son engañosas, pues uno ve la realidad con los ojos pero la mira con la intención. Es muy difícil comprender la realidad objetivamente, son nuestros miedos, nuestros fundamentados supuestos y nuestros paradigmas lo que filtran una realidad para cada uno de nosotros.

Como lo señala Peter Senge:

“La mayoría de nosotros no somos capaces de percibir la realidad tal como es. La mayor parte de lo que “vemos” está conformado por nuestras impresiones, nuestra historia, nuestro equipaje, nuestros prejuicios. No podemos ver a los demás tal como son porque estamos demasiado ocupados reaccionando a nuestra propia experiencia interna de lo que evocan en nosotros, de manera que raras veces nos relacionamos directamente con la realidad. Fundamentalmente nos relacionamos con recuerdos internos de nuestra propia historia personal, estimulada y evocada por lo que tenemos ante nosotros. (4)

En una reunión del Grupo del Diálogo Minero hace 4 años, se hizo la presentación del Proyecto Majaz Rio Blanco, como es usual la opinión de las empresas y las ONG estaban presentes. En el debate, Jose de Echave destacado economista y  líder de las ONG formuló una advertencia que pareció razonable:  Indicando el plano de las concesiones mineras extendidas en esa zona boscosa ubicada en Piura en el límite con el Ecuador, señaló que existen 19 concesiones.

“¿Qué asegura, -señaló-  que mañana luego de permitirse la exploración de una de ellas, se sumen  todas o buena parte de las 19, acaso ello no generaría un gravísimo problema ambiental?”

En la ronda de intervenciones Dante Vera representante del Grupo Norte de empresas mineras señaló por otro lado.

“Si mañana se impide la inversión del Proyecto Majaz y luego se impide el proyecto La Zanja por las amenazas que existen,  y luego Conga por la oposición de algunos sectores, y luego Michiquillay y más tarde Tantahuatay. Qué asegura que luego de impedir Majaz ello no ocurra y que con eso estemos frenando el desarrollo de la minería en el Perú. Cuando, todo estamos de acuerdo sobre la importancia que tiene esta actividad para nuestro futuro?”

En esos instantes la sensación que ambos tenían una parte de la razón reinó en el ambiente. Obviamente dos temores, dos desconfianzas, dos supuestos no estaban dialogando. La relación  que los podía acercar no fue suficiente para tomar riesgos confiar  y coincidir.

Así es la vida, los diferentes a veces se alejan y luego se acercan y se vuelven a alejar. Se complejiza y luego aparece tan simple,  para más tarde perderse en la incertidumbre. Veremos en próxima entrega como ello se manifiesta en otros temas de los cambios deseados y posibles en la minería aunque ello pueda aplicarse en todos los aspectos del desarrollo y las sociedades.

Notas

(1)    Lederach John Paul. La imaginación moral.2003:139.
(2)    Idem
(3)    Idem
(4)    Senge Peter, introducción libro Sincronicidad Paidos, 1997-30

Comentarios (1)

sí asi es, esta me parece

sí asi es, esta me parece una muy interesante opinión, porque no solo existe una interpretación o lectura de los conflictos, por el derecho, las normas y leyes sino que hay que tomar en cuenta lo complejo que somos las personas, sobre todo los peruanos, tan cargados de afectos, prejuicios, desconfianza, la propuesta me parece que debe ir por ahí, hacer esfuerzos por acercarnos, reconocernos y escucharnos.

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