Noticias SER
Logo SER

Bono o multa demográfica

Enviado el 24/11/2010

Ricardo Vergara

 
El país vive consternado el hecho de que la pobreza rural disminuye muy lentamente, de que los éxitos económicos no se propagan equitativamente porque, según se arguye, el modelo neoliberal tiende a la desigualdad. Las cifras están ahí para corroborar el aserto sin mínimo de duda: entre el 2004 y el 2009, la pobreza total urbana descendió 16 puntos porcentuales en el área urbana mientras que en el área rural solamente disminuyó en 9.5 puntos porcentuales. Pero lo que es más grave, los 16 puntos del descenso urbano representan una baja del 43.4% en el valor inicial de la tasa mientras que los 9.5 puntos representan apenas un descenso del 13.6% (1).
Diversas aproximaciones, vilipendiadas por su supuesto fundamentalismo económico, apenas si pueden llamar a la paciencia invocando a Kuznets, quien sostuvo que, si bien el desarrollo terminaría por disminuir la desigualdad, antes la debía aumentar dramáticamente. Esto ocurriría, según él, porque en los comienzos del crecimiento existe la necesidad de hacer grandes inversiones en infraestructura para convertirse en un país urbano interconectado y en bienes de capital para industrializarse. Recién entonces, cuando el país llega a ser urbano e industrial, la desigualdad comienza a disminuir.
 
Pero claro, la paciencia es poca cuando el hambre aprieta o cuando se buscan banderas electorales tras las cuales convocar a esos electores apretados por el apetito insatisfecho. No es fácil dejarse convencer solo por la invocación del antiguo nobel de economía cuyo nombre nadie recuerda. Es necesario pensar y exponer de mejor manera la esperanza y no invocar ingenuamente la paciencia y, sobre todo, hay que ponerle plazos al infortunio. Qué espere está bien pero ¿hasta cuándo?
 
Y aquí es donde yo quisiera hacer un aporte inspirado en el revisionismo marxista que profesaban gente como Kautski o Berstein. Gente que supo darse cuenta que existía un punto de inflexión, que el capitalismo llegaría a mejorar la suerte de todas las clases sociales.
 
Pero regresemos al inicio para preguntarnos por qué la pobreza rural disminuye más lentamente y sobre todo, por qué habría de acelerarse el descenso. Obviamente se trata de cuestiones complejas, que poseen múltiples aristas pero que tienen una base demográfica. El desarrollo económico se logra a través de la urbanización y la industrialización y esto supone el despliegue de la transición demográfica: otra U invertida, como la del viejo Kuznets. Baja la mortalidad y el crecimiento de la población se acelera; luego baja la fecundidad y el crecimiento se desacelera. Pasó en Europa y tuvieron que emigrar primero los ingleses y finalmente, los españoles e italianos (2). Está pasando ahora en Latinoamérica y nos toca emigrar a nosotros.
 
El crecimiento de la población peruana llegó a su pico más alto entre los censos de 1961 y 1972 (2.8% de crecimiento anual) y luego comenzó a descender hasta llegar al 1.6% registrado durante el último período intercensal y seguirá descendiendo. Mas no se trata de invocar un argumento malthusiano en versión simplona sino de introducir las implicancias que este hecho tiene en la estructura etaria y a través de ellas, en el diferencial del enriquecimiento urbano y rural (3).
 
En efecto, no todas las edades bajan igual. La disminución del crecimiento que induce la baja de la fecundidad comienza por reducir las cohortes de edad  menores y con ello aumenta la cantidad relativa de los adultos; por consiguiente, en una primera etapa, disminuye la tasa de dependencia al aumentar el número promedio de los perceptores de ingreso. Luego, este fenómeno conocido como bono demográfico, acaba porque el envejecimiento de la población elimina la ventaja.
 
Pero esta ventaja no es un hecho universal porque el bono es ciertamente tal dentro de las ciudades pero se convierte en multa cuando se le mira desde el campo. En las ciudades, los medios de producción son ellos mismo producidos y hasta el mismo suelo puede ser producido gracias a la construcción de los edificios pero, en el campo, el suelo es el principal objeto del trabajo. No es que el suelo soporte la actividad como ocurre en la ciudad donde se trabaja encima de él; en el campo se trabaja el suelo arándolo, sembrándolo, regándolo o cosechándolo. Por consiguiente, mientras que en la ciudad el bono es bono porque aumenta el número promedio de los perceptores de ingreso; en el campo el bono es multa porque disminuye la dotación promedio de la tierra.
 
Entre 1993 y 2007, la población en edad económicamente activa (PEEA) (4)  del área urbana aumentó en casi la mitad (43.4%), fue una bendición; pero en el área rural lo hizo en 8.9% y fue una desgracia. No solamente porque el área promedio disminuyó sino porque el crecimiento de la productividad del trabajo y de las áreas dedicadas a los productos cuya elasticidad de la demanda ingreso es más favorable, aumentó el excedente de la mano de obra rural (5) y la necesidad de los ingresos extra-prediales.
 
Finalmente, aunque desentone con el espíritu nacional, hay una buena noticia: en los próximos años la PEEA rural disminuirá y la dotación de tierra aumentará. Está garantizado por dos hechos inamovibles: primero, porque quienes la conformarán ya nacieron y cada vez son menos (6) y segundo, porque las ciudades son cada vez más grandes y pueden atraer más migrantes.
 
Notas:
 
(1) En 2004 las tasas de pobreza total urbana y rural eran 37.1% y 69.8% mientras que en 2009, fueron 21.1% y 60.3%. Fuente: INEI. “Informe Técnico. Evolución de la pobreza al 2009”.
 
(2) Marx, que fue testigo de la primera explosión demográfica, creyó haber descubierto una ley demográfica propia del capitalismo; el cual, según pensaba, necesitaba de una sobrepoblación que alimentara el ejército industrial de reserva y permitiera comprimir los salarios al nivel de la subsistencia.
 
(3) Más apropiado sería decir, si la Real Academia lo permitiera, el desempobrecimiento.
 
(4) Población entre los 15 y los 64 años.
 
(5) Los pastos necesarios para la producción cárnica y láctea y los frutales demandan menos mano de obra por unidad de superficie
 
(6) Entre 1993 y 2007, la población rural entre los 0 y los 14 años disminuyó en 13.9%.

 

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Escriba los caracteres que se muestran en la imagen.
Comentario Destacado
Hace poco estuve por Cajamarca luego de algunos años. Nunca habia visto a la ciudad tan fea. Un crecimiento desordenado e improvisado. Cero planificación o si la hubo fue muy mal ejecutado. Ni siquiera el centro histórico se salva ya de esa barbarie. Los patios de las casonas prácticamente han desaparecido. Construcciones de ladrillo sin tarrajear se han apoderado de ellos , tal como es el caso de las casas que rodeaban la plazuela de Belén. Las azoteas han remplazado los techos de teja y ... Leer más >>
El Video de la semana
Haykapikaman Suyasun Programa Radial (Huanta)
Publicaciones