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Mujer, nueva masculinidad y diversidad (II)

Enviado el 24/01/2018

El miedo a la diversidad y el amor excluyente

Además del desempeño de la masculinidad dominante el otro gran factor profundo que está a la raíz de nuestras sociedades es aquel amor que se convierte en excluyente acicateado por el miedo e incomprensión de la diversidad. Nos explicamos.

En Where is the love, canción de Black Eyed Peas https://youtu.be/O9aigRfQj3w  nos encontramos con el siguiente párrafo

“Pero si solo amas a tu propia raza, 
entonces solo dejas espacio para discriminar
Y discriminar solo genera odio,
Y cuando odias 
estás limitado a enfurecerte, sí
Maldad es lo que demuestras, 
y así es exactamente cómo opera la ira”

Amar a tu propia raza, pero también puede ser a tu propio grupo, tu  territorio, tus creencias, tu propia elite social, tu religión o  tu familia. Ello, sin ser una actuación guiada por una mala intención, te lleva a una posible situación:

Dejar un espacio o tal vez solo una hendidura para que aparezca un acto que genere una  percepción de discriminación hacia  el otro,  y entonces el discriminado reacciona y uno al sentirse agredido  también reacciona, y viceversa, y es así  que surgen  mecanismos de odio, furia y luego maldad. Es así como opera la ira…una y otra vez.

Estamos frente a una paradoja que afirma que del amor nace el odio, aquel amor que se vuelve excluyente cuanto nace del temor y de la ignorancia frente a la diversidad.

Cuando es así se deja un espacio para la discriminación, el mismo que se expresa como defensa de los tuyos y de tus valores, pero de alguna manera, sin desearlo se abre un escenario de confrontación en donde uno, el masculino fuerte, tiene que demostrar que es capaz de defender y vencer. Y ella, la mujer protectora se suma al defender, excluyendo.

Las manifestaciones de este amor, apego o adhesión excluyente son múltiples y habitan en todos los estratos sociales, los niveles culturales, espacios territoriales y organizativos.

El quehacer político se encuentra atravesado por estos impulsos emocionales que derivan en territorialidad y patrimonialismo. Partidos que fidelizan a sus integrantes con mecanismos de coerción y de sujeción al líder o la lideresa, partidos que prefieren dividirse para sentirse iguales, seguros y aceptados entre sí

Es así que en ciertos momentos la confrontación Ejecutivo – Congreso se convirtió en una tensión élite – pueblo. El gabinete de lujo de profesionales blancos con estudios en el extranjero frente a un parlamento compuesto de provincianos de extracción popular con estudios de universidades o institutos del lugar e incluso en algunos falseando sus grados académicos. Este sentimiento de resentimiento y envidia, o de soberbia e indiferencia -depende del ángulo que se mire- se ha expresado con mucha más fuerza que las diferencias por ideas o modelos.

Aunque nadie lo reconozca y se persista en afirmar que las diferencias son estrictamente de ideas, estilos de gobierno, proyectos sociales y políticos, estas sensaciones y emociones negativas que estereotipan comportamientos son móviles muy poderosos, y en muchos casos realidades mentales que inclinan decisiones, moldean  ideas  y encumbran a límites dantescos de soberbia, ceguera y autodestrucción las jefaturas políticas.

Territorios” y privilegios                                                      

Encontramos todos los días en cada espacio público y privado miles de estas controversias y fronteras que rodean a “territorios” que nos alejan más y más.

En estas décadas de crecimiento con el aumento del flujo de fondos y el enfoque de hacer obras y ejecutar proyectos  la relación de lo público-privado empezó a deformarse: el libre mercado albergó y alimentó ciegamente a cientos de grupos de poder que aliados con las autoridades elegidas aumentaron su poder y desataron una espantosa ola de actos corruptos, cubiertos de amor por lo suyo y otorgando favores a dirigentes de poblaciones e instituciones.

En cada ministerio, gobierno regional o gobierno local se han formado estos grupos de poder con burocracias que establecen las reglas de juego y se mantienen resistentes a soltar sus hábitos y favoritismos.

El mundo empresarial en sus diversas manifestaciones también ha incurrido en ese conducta de cerrar su territorio y defenderlo a como dé lugar.

Pero insistimos, en muchos de estos casos no son acciones que provienen del lado oscuro de las personas, por el contrario son actos de pertenencia y de amor por lo que se hace, y que terminan en muchas situaciones deformándose o incrementándose por la amenaza y el miedo.

Por ejemplo  sentimientos de amor por lo que  se hace y  que puede entenderse como legítimos existen en el sector minero, pero termina distorsionándose en un extremo, cuando reaccionan y actúan como un grupo excluyente y defensivo, Ocurre que asimilan con temor  las críticas, rechazos y confrontaciones por su controvertida actividad.

Los líderes del  gremio de los mineros pierden la humildad y el realismo necesario para reconocer errores cometidos y lo minero adquiere la forma del hombre duro que trabaja duro y le da comer a la sociedad. Y que a pesar de ello se le critica injustamente

Igual está ocurriendo en todos los espacios donde trabajan personas afines.

Los médicos afirman su masculinidad dominante y son los que mandan en los hospitales: expanden sus privilegios  y su dominio sobre todos y todas las profesionales de la salud.

Médicos que pueden cambiar ministros porque cuando son tocados se levantan victimizados a través de sus poderosos gremios.

Médicos que se han esforzado mucho para el desempeño de su carrera y que en muchos casos son al mismo tiempo buenos profesionales y personas compasivas pero al sentirse dueños de sus espacios territoriales de salud, son tentados para ser compensados manteniendo sus privilegios y algunos casos usando su poder para actos corruptos.

Maestros que durante décadas ejercieron ese tipo de poder patrimonial que resiste a los cambios amparados en una ideología política que hoy se resquebraja, y a pesar que se encuentran sin un norte claro reflejan al mismo tiempo el deseo de superación y de cumplir bien con tan noble misión.

En los gremios sindicales, en las comunidades rurales, esta territorialidad que ampara privilegios a sus líderes de una manera violenta y en algunos casos hasta ilegal está lamentablemente muy presente. Gremios de construcción civil convertidos en bandas que luchan literalmente por sus territorios de extorsión. Comunidades que son tomadas por dirigentes para comerciar con  sus terrenos. Estos mismos líderes y pobladores son protagonistas del cambio, la justicia, de la dignidad recuperada y de la cultura depositaria de muchos valores. Todo yace desesperadamente mezclado.

Los ejemplos abundan: En cualquier espacio donde se genere una posibilidad de lucro aparecen los grupos para controlarlo con  un desempeño violento y al mismo tiempo luchador, excluyente con los otros, incluyente con  los suyos, frívolo y austero, machista y autoritario y al mismo tiempo solidario y sacrificado.

Una de las más dañinas manifestaciones de este ambiguo sentimiento de territorialidad y exclusión es la desarticulación en la actuación de gobierno. Cada dirección, subdirección, área de cada ministerio o gobierno sub nacional, o los mismos ministerios y gobiernos se desenvuelven sin ningún espíritu de colaboración y con el mismo patrón de comportamiento: muy solidarios entre ellos y excluyentes con los otros.

No hay un diálogo permanente, legítimo y productivo con los diversos. Son poderosos compartimentos estancos. Son grupos que no permiten que el otro los ayude o los cuestione. Nadie se mete con nadie. Ese es el pacto de no “agresión”. Además pedir ayuda es signo de debilidad  y eso no es bien visto en la cultura masculina. Entonces ocurre que una sociedad que requiere actuaciones integrales y coordinadas recibe una conducta de gobierno convertida en acciones fragmentadas, falsamente especializadas, equivocadamente centrada en sus propias competencias porque como la realidad es una y está profundamente conectada los resultados de su actuación termina siendo incoherente y contradictoria.

Lo peor es que no son actos ilegales, por el contrario la estructura, normatividad y cultura  de como se hace gobierno lo ampara. Es así como está estructurado el Estado

Conectividad y sistema

Lo complejo del asunto es que la trama de estas actuaciones basada en el desempeño de  sus “territorios” se asienta sobre una intensa conectividad.

Y entonces la conectividad aparece como una paradoja: Es la causante que todo se mire y se sepa,  y al mismo tiempo es la única manera para aprender a convivir sin abusos ni privilegios frente a la diversidad.

Hoy, las emociones, las sensaciones, los afectos y los sentimientos se hacen presentes todos los días a través de la conexión de las personas y muchos de ellos se vuelven hechos públicos. Entonces no hay forma de ocultarlos, y si no son trabajados y transformados ocurre que  al hacerse visibles las consecuencias de la incomprensión sobre sus impactos se multiplican.

Esta conectividad – bajo la forma de muchos medios: grabaciones, fotografías y comunicación  en redes sociales -  genera muchas resistencias. Los afectados se organizan para defenderse e influenciar sobre la justicia. Ello aumenta la fricción y el encono.  Sin embargo al estar más juntos y enterados, los usualmente alejados cuentan al mismo tiempo con  un diálogo posible para aclarar malos entendidos, para pedir disculpas, para pagar el error y volver.

Es entonces que pueden abrirse las puertas de un nuevo entendimiento empático.

Una conexión total que está ayudando también a desplegar por todo el planeta la voz de las mujeres cansadas del patriarcado violento y dominador. Ello es  un gran acontecimiento. Pero si no se actúa sobre todos sus efectos se puede generar una compleja confrontación. Las sociedades dominadas por los hombres, se agrupan y ya sea por motivos religiosos o de defensa de sus valores, o protección de sus familias o de sus empleos, pueden reaccionar con una virulencia y escala realmente estremecedora.

Por eso la importancia de emitir el mensaje de que los hombres podemos encontrar nuevas formas de desarrollar nuestra masculinidad y dejar entrar a nuestro lado femenino sin que ello signifique necesariamente un cambio de género.

¿Para qué? Para ser felices, para dejar de autodestruirnos, para entender a las mujeres, para sentir a nuestros hijos en una profundidad mucho más grande, gozar de lo simple  y también para gobernar mejor, relacionarse, aprender a dialogar, a perdonar y aceptar  la diversidad.

Cambios posibles

Hemos descrito dos grandes factores que conmocionan a nuestras sociedades. Los mismos pueden ser vistos como vectores que corren paralelos y convergentes.

1. El de la masculinidad dominante que desea mantener resquebrajadas y desiguales  formas de relación y gobierno, en particular con sus pares mujeres y el mundo de lo femenino en general.

2. El del miedo a la diversidad que proviene de  un amor, adhesión o sentimiento de pertenencia excluyente, defensivo y basado en la territorialidad, rivalidad y la competencia.

El curso de los mismos se están atrayendo y acercando. Ello puede generar dos grandes resultantes que terminaran disturbando severamente  el sistema: Una desconfianza irrecuperable y un temor e inseguridad, que genere recurrentemente actos violentos y formas de gobierno autoritarios.

Entre el Estado y la sociedad civil existe una franja que se llama relación. La misma contiene la percepción de millones de personas. Una visión  basada en las reglas de la economía de mercado y la  lógica del proveedor cree erradamente que la relación solo se mejora  con inversiones, obras, proyectos y buenos servicios.

Por el contrario el crecimiento económico, la competencia y el intercambio de bienes lo complejiza porque expande al mismo tiempo el desorden, ahonda desigualdades, crea escenarios de abundancia y escasez en convivencia  y multiplica diferencias inevitables. Aunque la resultante sea mayor prosperidad y oportunidades hay algo en el proceso que comienza a fallar.

El crecimiento económico, la lucha contra la pobreza, el cambio climático, la debilidad institucional, la inseguridad ciudadana y la expansión de la ola de corrupción aparecen como los problemas principales a enfrentar: la agenda de la mujer y de la nueva masculinidad y la agenda de colaboración en la diversidad, no lo sustituyen sino que pueden ser campos de acción que influencien al conjunto como si fueran puntos en donde ser cruzan energías de  una acupuntura social.

La transformación personal, institucional y social es posible iniciarla ya. La conectividad, la voz de la mujer y los jóvenes con mentalidades abiertas al cambio le dan energía, carácter y muestran caminos viables.

El desarrollo de una nueva masculinidad es la contraparte indispensable de la nueva relación con la mujer  y lo femenino. 

El acto correcto se inicia con el rechazo  hacia  los actos violentos que realizan ciertos hombres, pero la acción se completa cuando se da  vuelta a nuestra mirada y se regresa hacia uno mismo.

Hacia una profunda, detallada y sincera revisión de nuestro comportamiento atravesado de  dominio sutil, chantaje emocional, cosificación, dobles discursos, presión manipuladora y utilización de nuestros privilegios que consciente o inconscientemente realizamos día a día.

La eficacia en la acción, la fuerza, la iniciativa, la voluntad, la competitividad, la racionalidad, el alineamiento y la  disciplina para el logro de resultados se reconocen como los atributos necesarios para un buen gobierno en una economía de mercado. Sin embargo esta época nos está alertando que no son suficientes, se están desvirtuando y claman con urgencia ser replanteados y revitalizados. 

Entonces nos encontramos con otro conjunto de atributos para un buen gobierno y que no son tomados en cuenta en la escala necesaria: El dialogo, la empatía, el perdón, la conciliación y reconciliación, la tolerancia, el aprendizaje, la colaboración, la humildad y el reconocimiento del error.

Y es así que ambos conjuntos  requieren retroalimentarse en la búsqueda de un escenario ideal de intercambio de perspectivas masculinas  y femeninas construyendo puentes.

El camino puede resultar largo y agotador y tememos que predominara la resistencia y el encono: una crisis política con salidas autoritarias y aumento del desorden social puede estar más cerca de lo que parece. Grupos enfurecidos e intolerantes se expandirán en las esferas de poder, la política, la economía y todo el tejido social aprovechándose de escenarios de frustración que suele ocurrir de manera cíclica en nuestra sociedad.

Lo positivo es que la sociedad se está moviendo y se hace escuchar. Las mujeres son incansables protagonistas de las más grandes movilizaciones sociales jamás vistas. Cada más gente opina y decide actuar. No hay sumisión ni conformismo. Avanza sin pausa una vasta, cotidiana y múltiple resistencia social  que apunta a modificar las relaciones de poder  entre hombres  y mujeres.

En los conflictos sociales del mismo modo, las respuestas por poner fin a privilegios y actos excluyentes son también numerosos. Se extienden los derechos pero se pone freno a la irresponsabilidad de  quienes lo utilizan para sus propios intereses de grupo territorial  excluyente.

En muchas comunidades que recibieron dinero de buenas negociaciones con las empresas, los hombres -en corto tiempo- hicieron un  mal uso del mismo generando  crisis en sus familias y más violencia y exclusión de la mujer.

Frente a esto una franja cada vez más ancha de personas crece día a día: no tolerarán más abusos del poder económico pero se resistirán a  la corrupción encubierta por la polarización y politización del conflicto: creen en el diálogo y se alejan de los consabidos extremos.

Los actos de gobierno deben reaccionar e ir en esta dirección, con el mismo o mayor celo que se pone para promover inversiones, sacar adelante proyectos y  asegurar el incremento del PBI.

El crecimiento económico no se resuelve empujándolo sino destrabándolo y ello, ya no es solo un tema de acuerdos a renegociar o trámites a simplificar, sino depende de crear un clima social donde la gente esté de tu lado, y eso se logra conectando con sus aspiraciones y sueños y practicando una buena relación para escuchar y evitar distorsiones.

La agenda de la mujer y de la colaboración en la diversidad lo puede hacer posible  con medidas simples, claras y prácticas.

Si la población ve a un Gobierno comprometido desde el más alto nivel de manera permanente  con las demandas de las mujeres.  Si lo hace vigente en todo momento con todas las decisiones posibles que se puedan tomar. Si involucra con ello  a otros poderes del Estado, a empresas y toda clase de organizaciones, hay algo muy profundo que puede suceder. Una conexión con un disparador de cambios expansivos en la gestión pública.

Un Gobierno puede  reconfigurar la lógica de su actuación saliendo de la idea equivocada que solo con obras proyectos e inversiones generados desde arriba,  la gente seguirá mejorando en sus vidas. Ello requiere de un complemento: Poner verdadera atención a la relación con las poblaciones y sus líderes locales para  escucharlos, informarles, respaldarlos, mejorar su institucionalidad social, apoyarlos en el control social y protegerlos ante la inseguridad.

Entonces un gran movimiento “socialmente politizado” y poderosamente colaborativo puede surgir y los proyectos si estarán efectivamente destrabados.

En todas estas décadas el Estado y también el sector privado ha sido testigo y promotor en muchos casos de decenas de mecanismos de participación ciudadana, vecinal y comunera: mesas de diálogo o de trabajo o de desarrollo, consejos escolares, rondas, brigadas vecinales de seguridad, comités de vigilancia ciudadana o ambiental, mesas de concertación, postas de salud, presupuestos participativos. Una lista interminable.

Ocurre que la gestión pública no se ha reformado para hacer de estos espacios verdaderas fuentes de colaboración y gobernabilidad. Su atención y respaldo ha sido reactivo, errático y precario.

Las regulaciones para corregir anomalías y el desarrollo de una cultura ciudadana hacia el orden y el respeto a las leyes son  muy débiles. Ello ha incentivado a la proliferación de grupos “territoriales” patrimoniales, en muchos casos agresivos y corruptos para mantener y expandir sus intereses, y ha ahondado hasta niveles inmanejables la desarticulación estatal en todos los territorios del país.     

El Ejecutivo, debe revitalizar con equipos humanos, estructura y recursos todo este andamiaje de la participación. Ahí se configura la más poderosa regulación social y se generan actitudes hacia el respeto a las leyes de manera más sostenible. Por ello es importante actuar  sobre esta franja de relación con la ciudadanía.

Algunas reformar parciales está en curso y que pueden ser proyectadas: las diversas oficinas de dialogo y gestión que se crearon en casi todos los ministerios y algunos gobiernos regionales, liderados por la secretaria de gestión social y diálogo de la Presidencia del Consejo de Ministros surgieron para mitigar los conflictos surgidos por la ejecución de  proyectos.

Estas instancias han comenzado a ampliar su mirada y sus roles:

Cultivar la relación del Estado con las poblaciones en donde el diálogo no aparezca recién cuando se produce el  conflictivo sino desde el inicio con un sistema claro, preventivo y múltiple de interacción de funcionarios públicos  con la comunidad.

Es así que el Ministerio de Vivienda decide ampliar los roles de las  CACs Centro de Atención Ciudadano con cientos de jóvenes profesionales que son contratados para apoyar en la elaboración de los proyectos con los dirigentes y autoridades locales en cada región y provincia, y juntos a ellos otras decenas de jóvenes asistentes sociales, comunicadores, sociólogos, en su mayoría mujeres, que se vinculan con las poblaciones para escucharlas atentamente y mejorar así las decisiones y la imagen de las oficinas. 

Se genera el diálogo desde el inicio y no cuando aparece el conflicto. Un Estado que se dedica a gestionar la relación para generar redes ciudadanas colaborativas. Un Estado que advierte que la prosperidad no es consecuencia lineal de la ejecución de proyectos o generación de trabajo, sino que es algo que requiere una dedicación especializada vigilante y articulada para que los fines de los proyectos ejecutados no terminen distorsionándose en su ejecución, en la medida que las amenazas para que proliferen los actos corruptos son muy grandes.

Todos los ministerios y gobiernos regionales deberían contar con potentes oficinas de dialogo y conflictos trabajando articuladamente entre ellas y con los Centros de Atención  Ciudadana. Así se irán gestando  redes colaborativas que permitan que los proyectos y servicios sean bien ejecutados monitoreados y adecuados, y se generen políticas que recoja la diversidad del sentir de las poblaciones.

La Autoridad por la Reconstrucción de Cambios en lugar de criticar la debilidad de los gobiernos regionales y locales, debería conformar Centros de Colaboración por la Reconstrucción para que la elaboración de los expedientes, las licitaciones, la ejecución de las obras y la relación con la gente sea  de manera conjunta entre los diferentes niveles de gobierno. De tal manera que el mérito de ya tener identificado 10,000 proyectos y presupuestado 21,000 millones de soles no quede perdido entre percepciones de mal gobierno y falta de atención.

En cada empresa, gremio, barrio, sector del estado, institución educativa donde existen o se forman grupos afines por diversas razones, hay un cambio posible a llevar a cabo: que sus integrantes mejoren su relación entre ellos mismos y con las poblaciones.

Se necesitan gerentes, directores, dirigentes que se atrevan a ofrecer capacidades e inducciones a sus trabajadores o afiliados en temas como:  una relación respetuosa y equitativa con las mujeres, una propuesta de cambios en  lo personal para el manejo de las emociones y los sentimientos superando actitudes machistas, una armonización de cuerpo la mente y la emoción, una capacidad para entender aceptar y crecer en la diversidad, un desarrollo  de habilidades y actitudes de diálogo y empatía, una estrategia de creación de redes colaborativas.

Todos estos cambios son posibles. 

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