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#13A: Crónica de una marcha con Esperanza

Enviado el 24/08/2016

Gris está el cielo y la estación de Javier Prado. Al fondo un letrero luminoso con la imagen del nuevo presidente que me sonríe mano en alto, mientras la bandera del Perú roja y blanca, brilla en aquel cartel plástico. Abajo la pista también gris y un hombre con la cabeza baja camina en busca de otro día que produzca calma. Hoy no es un día cualquiera, es el día que hace semanas muchas y muchos estábamos esperando. Hoy es el día de la marcha NiUnaMenos, marcha que ha convocado a miles de personas decididas a gritar: ya basta de violencia contra la mujer! 

Al llegar a la estación del Metropolitano me reúno con mi madre, mi compañera perfecta para celebrar hoy el aparentemente despertar de miles de ciudadanos sumidos en un largo y dañino silencio. Mi madre mejor que yo conoce el fondo de todo esto, feminista desde siempre trabajo con organizaciones de mujeres durante la década de los ochenta, y antes en la desaparecida e histórica revista Amauta. Sospecho que todo este movimiento y convocatoria le sorprende a la vez que le llena de fuerza y satisfacción. Si no fuese por esas mujeres, feministas que decidieron pelear por la igualdad de género desde el inicio de los sesenta, sino fuese por ellas, otra quizás sería la historia en nuestro país. Porque ahora, aunque la mayoría de manifestaciones nacen de plataformas virtuales, los espacios públicos siguen siendo campos de protesta para reivindicar los derechos de las luchas justas.

Llegamos hasta donde estaban ubicadas las señoras de la Asociación de Mujeres Esterilizadas de Huancabamba y Anta. La organización IAMAMC y su fundadora Josefa Ramírez, mujer de un coraje que contagia y que se extiende a todas las mujeres que están a su alrededor, que nos muestran orgullosas las pancartas de cartulina. 

Esperamos un largo rato para iniciar la marcha. La gente iba reuniéndose y con ellos la fiesta. Nosotras impacientes por querer avanzar en esa fila interminable y efervescente. Esperanza Guayama líder del Comité de Mujeres Esterilizadas esperaba también ansiosa el inicio de la marcha y me comentaba que su salud no andaba muy bien, que el dolor en su vientre es a veces más agudo y junto con eso el malestar en su espalda, dolor que la acompaña hace mucho, no cesa. Ella había llegado a Lima hace unas semanas para atenderse en nuestro precario servicio público de salud. Desde ahí recibió la indiferencia de siempre, las largas esperas y colas de madrugada para ser atendida. No importa que haya sido esterilizada sin su consentimiento, no importa que esto haya acarreado los malestares de su cuerpo hoy, un dolor que no sólo es físico sino psicológico, lo que a nadie importa. Pensé entonces en esa justicia que nunca llega y que sin embargo no oscurece el espíritu de lucha de Esperanza.  Y ahí estaba ella de pie y en la pelea por conseguir ser escuchada junto con otras grandes defensoras de los derechos Humanos. Las mujeres de Anta Cuzco más adelante chacchaban hojas coca, hojita que adornaban sus sombreros y el viaje por esta vida.

Finalmente iniciamos la caminata.  En el ritual en medio de los cantos y el entusiasmo, las mujeres de Anta ofrecían a Esperanza unas hojas de coca para chacchar. La primera vez que se reunieron en una marcha fue en el 2014, ahí se miraron, se reconocieron e intercambiaron las mismas historias de horror: “nos esterilizaron con engaños”. Ahora también comparten saberes. 

Emprendimos el camino de la marcha y comprendimos la magnitud del evento. Las almas ahí reunidas caminábamos casi en silencio, sujetando banderolas acompañadas solo por el canto del pututu que algunas veces nos permitía encontrarnos a la distancia en medio de la masa de mujeres, hombres, niños y ancianos, y otras nos recordaba de donde veníamos.

En el transcurso de la marcha algunas personas aplaudían a las mujeres esterilizadas por su coraje y valor y otras las ofendían comentando "lo mal que les parecía politizar una marcha" Esperanza no callo, las mujeres de Anta no callaron, firmes respondieron a todo agresor.  Y en su voz ya no había miedo. Entre nosotras sorpresa, admiración y silencio cómplice, hoy ya han ganado una batalla: respeto y dignidad.

Ya iba cayendo la noche, el viento era helado a pesar del mar de cuerpos que arengaban " tocan a una tocan a todas "  Rodeadas de la energía de esos cuerpos que avanzamos firmes hacia Palacio de Justicia para gritar muy alto que las esterilizaciones también fueron una forma de violencia, porque “NO es NO Que parte no entendiste? La N o la O?” 

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