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Modernidad sin proyecto nacional

Enviado el 25/09/2013

Gabriel Salazar

Un presente de conflictos sociales lleno de un pasado de violencia política

En nuestro país parece que aún tiene vigencia esa imagen de la convivencia de los dos perúes: el indígena y el criollo, producto de una historia del capitalismo peruano que no ha escapado a la colonialidad. El Perú, a diferencia de otros países étnicamente más homogéneos  como Chile y Argentina, posee un fuerte tronco indígena. La violencia política del siglo pasado y los conflictos sociales de hoy se hallan  imbricados a la historia de acceso o marginación al poder de esta población. Y podemos verlo, cuando notamos que no es necesario que las comunidades de Cajamarca y Bagua vivieran la violencia política para que los llamaran terroristas, o hasta senderistas en segundo caso. El pasado de violencia política está presente  incluso donde no estuvo antes.  

La violencia política  ahondó el desgarramiento entre aquellos dos perúes, como señalaba Carlos Iván Degregori; y esto se dio en un contexto de contrarreforma agraria, cuando el terreno social y político podría ser más peligroso, cuando las reformas estaban sin consolidarse y las instituciones eran precarias. Por ello es que el presente de conflictos sociales está lleno  de un pasado de violencia política, inclusive anterior a la que existió en los años ochenta.
Luego de Velasco Alvarado el campo se terminó por democratizar -en la lógica del capitalismo- constituyendo un avance para  el mundo rural, históricamente expoliado por la lógica colonial, rentista y gamonal. Esta desestructuración  avizorada por Arguedas, generó la aparición de los  hoy denominados ‘emprendedores’; es decir, los capitalistas emergentes, vinculados a ese Perú indígena, históricamente ninguneado. Así, luego  de la reforma agraria este actor fue avanzando en el proceso de acumulación de capital y hoy lo vemos ubicado en espacios de poder. Una historia que rastreé este proceso aún está por escribirse.

Vemos pues la continuidad del capitalismo ‘emprendedor’ que en los años de la violencia política aprovechó  la ilegalidad; acumulando capital  de manera individual y/o familiar, reproduciendo  sus relaciones de compadrazgo u otras tradiciones. Este germinal ‘emprendedurismo’ es el que también pesó para expulsar a Sendero Luminoso del campo. Mirar  el pasado de violencia política a través de este enfoque, nos permite encontrar algunas raíces del presente. El Perú imaginado de hoy es otro, ha cambiado, es distinto aunque  en algunos aspectos sigue siendo el mismo. Esto es justamente lo complicado de aprehender.

Lo que planteo es que por un lado, los dos perúes se alejaron y desgarraron violenta y aceleradamente durante los 80’s, en un contexto  de  contrarreforma que  aún continua. Y por otro lado, durante los 80’s también asistimos al inicio de un Perú donde   se abrió el camino para el desarrollo del capitalismo ‘libre’, lo que empujó inevitablemente al acercamiento de ambos perúes.

Esto genera una situación  de encuentro y desencuentro de los dos perués que se alejan como consecuencia de la violencia política, y se acercan  por  el desarrollo inevitable del capitalismo, más aún hoy con la bonanza económica que vivimos. El resultado debe ser investigado con datos concretos, ya que al parecer este no es sólo el presente sino también  el futuro del país. Así,  en la actual coyuntura política  podemos ver la disputa  entre ambos mundos, claramente sentados en la misma mesa de repartija de poder, como burguesías nacionales. Así, no es casualidad que García en dos ocasiones, Fujimori, Toledo,  y Humala hayan sido los últimos presidentes de este país. Algo ha cambiado.

El Perú de hoy, tan alejado y desgarrado de sí mismo, vive  el avance del capitalismo dependiente de la extracción de materias primas, y cuenta con una burguesía nacional de raíces oligárquicas que no desea impulsar  industrialización alguna, traumada aún por el proyecto de Velasco Alvarado, y que rechaza cualquier propuesta política parecida como la del candidato  Humala. A su vez, el Perú de hoy vive palpablemente el fuerte avance del empresariado emprendedor, que se alimenta  de la misma bonanza económica neoliberal y que  posee muchos espacios de poder en lugares como las provincias donde no es tan fuerte el otro tronco. Todos conviviendo con el narcotráfico y las mafias. Al final resultamos ser uno. Somos un nuevo Perú.

Dicho esto, lanzaré dos ideas transversales a este marco de continuidad algo bipolar. Primero, parece ser un acuerdo mayoritario entre los dos perués el avanzar por la instauración de la hegemonía de la filosofía del “yo mismo soy” y/o del individualismo indiferente y abusivo, tan impulsado por el neoliberalismo. Ese individualismo que no es el de la ética protestante de Max Weber, sino el que  hace lo que quiere con la ley con tal de enriquecerse, genera -lo más importante de todo-, una “cultura nacional”. Es este el (no) proyecto nacional de hoy, con estas dos burguesías miedosas e inmaduras que no dan la talla, que reproducen esta cultura del “yo mismo soy”.

Segundo, creo que la confusión puede ser la sensación mayoritaria de los peruanos hoy, y que se expresa en  no saber cuáles son los marcos legales, las reglas morales y socio-culturales por las cuales se debe  transitar y ser (peruano). A esta confusión, que es   terreno para  la impunidad, y que expresa  un egoísmo profundo, hay que sumarle la pregunta sobre el futuro del capitalismo en el Perú, que a pesar de su avance exportador-extractivista, puede terminar  en una crisis sistémica del país, si es que  la bonanza termina,  trayéndose abajo el ficticio mercado interno, producto de un capitalismo golondrino. El Perú se puede convertir otra vez en un avispero, en una nefasta caja de pandora.

Sin embargo existe  otra cara de la modernidad. Y es que los últimos 30 años han sido para el Perú un avance en comparación con los tiempos de la  servidumbre. El Perú de hoy avanza en su desarrollo material  generando oportunidades, formando un país que cobija a múltiples orígenes étnico-culturales, que son más ‘libres’ que antes. Se está constituyendo ese Perú de todas las sangres. Los ronderos de ayer y hoy son una muestra. Y es que la experiencia capitalista de la modernidad en el Perú tiene dos caras, la cara del desarrollo material y de la ‘libertad’ individual, por un lado, y la cara de la explotación y de la reproducción de la colonialidad por el otro, como ya hace muchos años dijera Anibal Quijano.
 

Comentarios (1)

Me gusta tu reflexión: seria,

Me gusta tu reflexión: seria, con densidad historia, ponderada y, lógicamente, reflejando indignación. Si tuviese que juzgarla como profesor, te diría que es un poco reiterativa. Puedes decir lo mismo en menos palabras. Para enriquecerla, puedes ver el ultimo trabajo de José Matos Mar. Sobre el hay un articulo mío en la revista Hueso humero, reproducido en mi web y comparando la modernidad popular con la modernidad profesional. Hubiese sido interesante que hubieses estado ayer en clase. Discutimos precisamente el tema que tu tratas en tu articulo. Saludos Jose Ignacio

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