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El diálogo en los conflictos

Enviado el 25/10/2017

Dialogar es una de esas palabras que caracterizan a la especie humana y que permite distanciarnos y distinguirnos de lo irracional, de la barbarie o de la violencia. Una persona que no dialoga con sus pares es poco probable que logre una buena vida social. Por esto, es que en la mayoría de las personas existe un consenso acerca de las bondades del diálogo. Sin embargo, no todo el mundo valora esta herramienta de la convivencia humana. Así como el ponerse de acuerdo colectivamente cuando se trata de cómo para promover el diálogo entre ciudadanos en situación de conflicto social. O sea, como un método para resolver sus diferencias.

En ese sentido, hace dos semanas la Defensoría del Pueblo presentó El valor del diálogo. Este es un documento audaz y original que estudia la forma de dialogar en el Perú a partir de los conflictos sociales registrados por este organismo. En este sentido, a continuación describiré en qué consiste este trabajo y compartiré algunos de sus hallazgos. 

Veamos, los objetivos específicos de la investigación son identificar las limitaciones del diálogo en el Perú; las principales características de la “cultura de diálogo” en el país; elaborar el perfil de dichos procesos en el marco de los conflictos sociales desde la experiencia de la Defensoría del Pueblo; identificar los espacios que permiten la interacción entre el Estado y la sociedad civil; y la respuesta del Estado a los conflictos sociales.

Este trabajo usa como espacio de tiempo para el análisis el período 2009-2015. Para esto, se ha construido una base de datos de 592 conflictos registrados en su reporte mensual de dichos años. “De los 592 conflictos sociales, 546 casos fueron seleccionados y 46 excluidos por carecer de información que permitiera un análisis adecuado” especifica el informe.

Asimismo, según detalla el documento, se encargó a la PUCP la elaboración de una encuesta, traducida en un cuestionario de 57 preguntas que se aplicó a 1203 personas, 963 personas en ámbitos urbanos y 240 personas en ámbitos rurales. Esto en las regiones de Lima Metropolitana, Callao Áncash, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Junín, La Libertad, Lambayeque, Lima, Loreto, Moquegua, Piura, Puno, San Martín, Tacna.

Es significativo el dato que afirma que un 67% de los procesos de diálogo entre 2009 y 2015 empezaron después de hechos de violencia. Esto fortalece la idea de que la violencia en nuestro país, en más de la mitad de los casos descritos, ha sido el primer camino antes que la búsqueda del diálogo. A pesar del aparente pesimismo de este dato, el diálogo sigue siendo el recurso principal. 

Una de las riquezas de esta investigación descansa en la descripción de los procesos de diálogo para lo cual usa marcos conceptuales que sirven como base para poder interpretar cómo está organizados y en qué términos se dan. Para esto se  que «la estructuración de un proceso de diálogo puede contribuir a incrementar su eficiencia. Operativamente, podemos definir la estructuración como el proceso mediante el cual los actores involucrados deliberan y deciden acerca de la planificación y las reglas que seguirán durante el diálogo».

Es interesante esta afirmación. Un diálogo estructurado lo es si antes hubo un proceso dialógico, en donde las partes han deliberado, discutido, conduciéndose por esta vía para lograr el consenso sobre la forma de estructurar ese encuentro entre las partes que les permita superar sus diferencias. 

Así, según el documento de la Defensoría del Pueblo, se señala que de los 299 procesos de diálogo estudiados, el 23,7% era estructurado y el 55,2 % era parcialmente estructurado. Así, en una proporción del 18,7%, los procesos no contaron con ningún tipo de estructuración. Por otra parte, el mismo señala que «la mayoría de los procesos de diálogo que se desarrollaron entre el 2009 y el 2015 fueron parcialmente estructurados, lo que significa que al momento de planificar, ciertos aspectos fueron considerados y otros dejados de lado». Podríamos deducir que, si bien es cierto la mayoría de los casos no fueron estructurados, al menos la parcialidad indica que existió la intención de organizar un ordenado proceso de diálogo.

Como se puede deducir, este documento tiene varios hallazgos que debidamente interpretados nos dan datos muy interesantes para el análisis de la conflictividad social en el Perú. Es un documento recomendable para todo aquel que se interese por cómo los peruanos entienden el diálogo y cómo el Estado ha respondido ante esa demanda.  

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Hace poco estuve por Cajamarca luego de algunos años. Nunca habia visto a la ciudad tan fea. Un crecimiento desordenado e improvisado. Cero planificación o si la hubo fue muy mal ejecutado. Ni siquiera el centro histórico se salva ya de esa barbarie. Los patios de las casonas prácticamente han desaparecido. Construcciones de ladrillo sin tarrajear se han apoderado de ellos , tal como es el caso de las casas que rodeaban la plazuela de Belén. Las azoteas han remplazado los techos de teja y ... Leer más >>
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