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Igualdad, empoderamiento y ciudadanía

Enviado el 25/11/2015

Conocí a Giulia Tamayo cuando yo solo tenía 18 años y trabajaba como practicante en el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. Era 1998 y Giulia venía luchando por denunciar el caso de las esterilizaciones forzadas ejecutadas en Huancabamba y otras provincias del país. Acababa de publicar “Silencio y Complicidad: Violencia contra las Mujeres en los Servicios Públicos de Salud en el Perú¨, un informe fundamental en el que documentó violaciones a los derechos humanos de las mujeres usuarias de dichos servicios. Su trabajo dejó una huella imborrable en mí, así como esa energía y fortaleza que lograba trasmitir a quien estuviera a su lado.

Giulia consiguió, en el tiempo que estuvo en este mundo, llevar la voz de denuncia de los testimonios de miles de mujeres y hombres que se resisten al olvido y que aún esperan justicia. El 9 de abril del 2014, la perdimos físicamente, pero su luz, su compromiso de lucha, permanece como inspiración para las futuras generaciones

“Inventario a favor de la alegría” es el título del libro que ha sido publicado este año y que reúne toda la sabiduría de su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos. Hoy, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, encuentro imprescindible conmemorar su trabajo y celebrar el mensaje que nos transmitió.

“Hay que vivir con felicidad cada instante. Ahí está la verdadera victoria”

La publicación de su libro fue posible gracias a un trabajo en conjunto de amigos cercanos a Giulia, pero, sobre todo, a un acto de amor y generosidad de Jose María García Ríos, su cómplicey compañero, quien logró compilar textos íntimos de correspondencia con amigos y familiares, a través de los cuales podemos acercarnos a los cinco últimos años de vida de tan importante luchadora. La segunda parte de la publicaciónes una antología de sus contribuciones académicas y reportes de derechos humanos, escritos desde sus posiciones de investigadora, comunicadora y educadora popular.

“Chema”, Jose María García Ríos, ahora se encarga de la difusión del trabajo de Giulia en varios países de América. Así, el 23 de octubre estuvo en la ciudad de Mexico; el 9 de noviembre en España; el 13 en Montevideo y el 2 de diciembre se presentará en Costa Rica. Además, para el 2016 tiene previstas presentaciones en Bolivia, Colombia y Chile, y ya está trabajando en la traducción al brasileño. En medio de esta gira que convoca en toda América Latina a amigos cercanos de Giulia, Chema tuvo la gentileza de responder a algunas de mis preguntas:

El título de libro “Inventario a favor de la alegría” recoge una frase que resume la vida de Giulia. Y es que a pesar de los testimonios tan duros que da a lo largo de sus páginas, tengo la sensación que nunca se rindió ante la adversidad. Hay una cita que resume muy bien eso:

“Las personas que defienden los derechos humanos, aunque padezcan momentos enormemente difíciles, desarrollan capacidades para no dejarse vencer. Amar a las personas que son víctimas de abusos conlleva exponerse al sufrimiento, no solo por la empatía con las víctimas y por las represalias por ejercer lo que son legítimas actividades, sino por la incomprensión de quienes no valoran estos esfuerzos. Amar es el sentimiento y la acción de más alto riesgo en este mundo, pero es la única evidencia de vivir verdaderamente. Somos reales en la medida en que hemos amado”.

Sin duda Giulia es un ejemplo para muchas mujeres y hombres que se encuentran en la lucha y defensa de los derechos humanos. ¿Cómo fue vivir las constantes presiones políticas del gobierno de Fujimori, cuando Giulia denunció las esterilizaciones forzadas y fueperseguida?

R. Cuando Giulia denunció, con pruebas reunidas, las esterilizaciones forzadas, sufrió presiones desde su propio entorno laboral y social. Llegaba a casa muy dolida, al sentir que el miedo o el cálculo de ventajas influía en personas e instituciones que consideraba afines en la defensa de los derechos de las mujeres. ¿Cómo vivimos eso? Sufrimos con ella, comprobábamos los golpes tan duros de los que habla Vallejo. Fuimos testigos de su dolor, pero Giulia nunca quiso abandonar la investigación. Enfrentaba esas deserciones y ataques superando la corrupción del miedo, conforme había declarado en su agenda de vida en el decenio anterior: “No tengo ese tipo de temores que inhiben la conciencia de muchos. No me apresuro a expresarle fidelidad a ninguna ideología”. Repetía para sí y para sus allegadas el poema de Goytisolo, “Palabras para Julia”:

“Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable.
Te sentirás acorralada, te sentirás perdida o sola.
Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto, que es un asunto desgraciado.
Pero yo, cuando te hablo a ti, cuando te escribo estas palabras, pienso también en otros.
Tu destino está en los demás, tu futuro es tu propia vida, tu dignidad es la de todos”.

Un puñado de personas cercanas eran nuestras aliadas emocionales y logísticas; varias de ellas inspiración y ejemplo, con su alegría y sus canciones. Puedo citar a Pilar Coll, Rosa Dominga Trapasso, Ana Gispert-Sauch y a Eduardo Borrell; a Luis Sauto, Felipe Fernández, Josefa Ramírez y sus hijas;a Hilaria Supa y María Esther Mogollón, a Richard Hartill, Francisco Basili…

Así, vivimos cómo Giulia transmitía  las palabras de Goytisolo a su hija:

“Nunca te entregues ni te apartes junto al camino,
nunca digas ‘no puedo más y aquí me quedo’.
Otros esperan que resistas, que les ayude tu alegría, tu canción entre sus canciones”.

Pese a las presiones, Giulia no se apartó junto al camino. Siguió en él, ayudando con su alegría, con su indoblegable sonrisa.

¿Qué opinión tenía acerca de las últimas denuncias del caso de las esterilizaciones? ¿Era positiva en cuanto al proceso legal que viene siguiendo el caso? ¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que te comentó acerca del caso de las mujeres esterilizadas en Huancabamba?

R. Cuando me comunicó de casos en Huancabamba, la acompañé a recabar las pruebas. Entramos al centro de salud y vimos el tablón donde estaban los documentos probatorios. Giulia tomó notas y en una ausencia momentánea del médico responsable, pude fotografiar el tablón con el oficio señalando metas. Cuando viajamos a la amazonía, en busca de casos, dejamos a nuestro hijo Sebastián una semana en Iquitos, con la familia Barletti, para adentrarnos hasta San Lorenzo, donde el esposo de una fallecida accedió a que grabáramos su testimonio (hice de cámara con mi videograbadora doméstica). En sucesivas ocasiones, ya pudo ir acompañada del documentalista profesional Carlos Cárdenas.

El libro también destaca su lado maternal y más creativo, a través deesta suerte de crónica que crea Giulia, “El muu…ndo Nuestro”, para poder seguir manteniendo contacto con sus hijos a pesar de la distancia. ¿Cómo tomó la familia la crónica? ¿Tienes alguna anécdota?

R. Para nosotros, recibir “El muu…ndo Nuestro” fue sentir la alegría y la voz cantarina de Giulia a nuestro lado. Nuestros hijos Juan, Alonso y Sebastián son testigos de la inmensa ternura y el divertido ingenio con que los arropó. Y ese rol no sólo lo sentimos en el núcleo familiar. En Perú, Colombia, España u Honduras, hay personas que pueden testificar cómo las acogió maternalmente. Desde Alberto Giuliani, italiano, el primer fotógrafo que, jovencísimo, llegó con Giulia hasta las mujeres andinas que se atrevieron a dar sus testimonios para el reporte de las esterilizaciones, o Iván Aparicio Soriano, defensor que trabaja con las asociaciones de la Memoria Histórica, hasta consultoras y consultores de la cooperación internacional en Honduras: Max Flores, hondureño; Cicibel Lucas, guatemalteca; Irán López, mexicana; por citar algunas… Cada una de ellas tiene más de una anécdota sobre su acogida maternal.

Giulia en su trabajo de investigadora tuvo la responsabilidad de mirar y denunciar casos de violación de derechos humanos en todo el mundo. ¿Recuerdas algún caso que la haya conmovido especialmente?

R. No recuerdo ninguno que no la haya conmovido mucho. Se conmovió mucho con cuanto caso tuvo ocasión de mirar y denunciar. Desde el de un menor abusado por el hijo de un diplomático, hasta el caso de las esterilizaciones forzadas, pasando por el asesinato de María Elena Moyano, las mujeres víctimas de violación sexual en contextos de conflicto armado, en Colombia o en la República Democrática del Congo, el injustamente sentenciado a muerte en USA, Tomas Miller; las víctimas españolas de la guerra civil y el franquismo; los niños y las niñas soldados, o los brutalmente golpeados manifestantes pacíficos del movimiento indignado en España… En la presentación de su “Inventario”, en la ciudad de Arequipa, Rosa Dominga Trapasso decía cuánto admiraba la capacidad de Giulia de conmoverse con las víctimas, hasta hacerse una con sus realidades, a veces tan distintas y distantes a su entorno cultural, como la población gitana de Puerta de Hierro en Madrid, una de las causas últimas a las que dio sus fuerzas sin perder la sonrisa. Honduras vería su última inmensa conmoción por las impunes violaciones a los derechos humanos y la mirada a otra parte (en los hechos, pese a las palabras y programas políticamente correctos) de las grandes potencias (USA y Unión Europea). He leído y compartido decenas de veces sus escritos desde Honduras, y cada vez que lo hago, me siguen conmoviendo hasta las lágrimas.Por ejemplo, éstas, que compartió al cumplirse cuatro meses de nuestra llegada a ese país, faltando poco más de diez meses para su partida:

“Voy a quererte, Honduras, como un amor tardío,
sin más pretensión que obtener de ti una sonrisa,
sin aleteos ni fuegos artificiales pero con la misma impaciencia adolescente.
Reclamaré de ti la prisa del colibrí y las libélulas.
Acariciaré tus corales aunque me hieran.
Y tomaré a tus hijos por los míos.
No he de perdonar tus miedos ni coartadas. Tus simulacros me exasperan.
Me harás feliz con la sinceridad que no te has permitido,
con la verdad que te han desaconsejado.
Espero una de estas mañanas amanecer simplemente con la noticia
que tú y tus hijos han despertado.”

¿Qué significa para ti haber sido compañero de una mujer luchadora como Giulia? ¿Cuál crees que es su principal legado?

R. Vivir a su lado para mí ha sido la maravilla, como dice la canción que canta Silvio, “Debes amar”. Creo que su principal legado ha sido el testimonio de haber visto con el corazón, de haber vivido lo que vivenció y escribió Vallejo: “Toda palabra o voz genial viene del pueblo y va hacia él”. Si hubiera conocido a Giulia, hubiera escrito que toda palabra o voz genial de Giulia surgía de la inteligencia de su corazón, de cómo su corazón empatizaba y aprendía de la gente. Ella lo testifica una y otra vez en los textos recogidos en este Inventario, como en estos párrafos de 2012:

“Hoy aprendí y viví una enormidad. Los abrazos con la gente del poblado, una escuela para experimentar lo que es compartir la fraternidad humana (…) Hoy día toca hacer defensa de la alegría”.

Y junto con esa indesmayable defensa de la alegría, su insobornable indignación ante las injusticias:

“26.7.12.Segunda noche de lluvias y tormenta en Madrid. El poblado de Puerta de Hierro en escombros, con mujeres que envuelven a sus niños en toallas. ¿Cómo conservar la paciencia? ¿Qué expresión debo moderar para dirigirme a las autoridades? ¿Cabe alguna esperanza de convencerlas de que detengan tanto atropello o expresarles mi absoluto repudio por el sufrimiento que causan? [Es difícil abogar con contención cuando el abuso cae gota a gota para maltratar la vida de los más pequeños]”.

El libro empieza con un texto de denuncia acerca del aborto. En el Perú, la Comisión de Justicia del Congreso archivó el proyecto ciudadano que planteaba la despenalización del aborto en casos de violación sexual. ¿Qué opinas acerca del tema? ¿Qué opiniones tenía Giulia?

R. Comparto las opiniones de Giulia sobre el tema, que están recogidas ya en el artículo que abre el libro y llegan hasta las páginas del libro II, especialmente el capítulo 4, que entrega una profunda y pionera tematización sobre los derechos sexuales y los derechos reproductivos. Sería muy favorable que ese capítulo se trabajara y profundizara en la academia y en las asociaciones y movimientos de derechos humanos.

Algo que me llena de emoción al leer el libro, son estas citas y pequeños ensayos en los que de forma poética Giulia logra transmitir lo que estaba viviendo. Creo que ella era también una talentosa poeta. ¿Qué acercamientos tenía a este arte? ¿Cómo lo compartían?

R. A mí también me llenan de emoción sus perlas poéticas. Por eso decidí compilarlas y publicarlas en este libro. Basta leer estos breves textos que alcanzó a producir en medio de sus apretadas jornadas, para darnos cuenta de la enorme vena poética que poseía y desarrolló en su interior, aunque le faltara el tiempo para escribir. Uruguay tenía, entre otras expectativas personales y familiares, el atractivo de ser para Giulia, un lugar donde dedicaba más tiempo a su vocación de escribir cuentos y poemas. Pero incluso en sus textos académicos o en sus reportes de denuncia de violaciones de derechos humanos hay una gran calidad de escritura y no pocas pinceladas poéticas, aún en medio de una precisa prosa. Un compañero de Amnistía Internacional la llamó “poeta de la lucha”, calificativo que entendemos justificado desde que leemos su agenda de vida, que está recogida al comienzo del libro. Si recorremos el libro Mujer y Varón (1990) hasta su último discurso, (2014) encontraremos, además, citas y diálogos con poetas y narradores de talla universal. Con Giulia teníamos –tenemos- una sintonía cordial con poetas como Vallejo, Saramago, Cardenal, Goytisolo… y, desde luego, con Benedetti. Mi amiga del alma Inés Sauto me regaló, en 1987, su ejemplar del Inventario de Benedetti. Yo lo llevé de España a Perú y, a mi vez, se lo regalé a Giulia (éramos amigos del alma, pero yo tardaría aún un par de meses en declararme). Cuando salimos forzadamente de Perú en el 2000, nos fuimos prácticamente con lo puesto: Donamos nuestros libros a tres bibliotecas; muebles y utensilios a diversas personas, y los cuadros y libros más preciados a amigos muy queridos. Un cuadro que mi hermano Santi pintó para Sebas (el primer óleo que pintaba) y el Inventario de Benedetti quedaron con Cecilia Barletti. Yo ya no recordaba que había quedado con ella. Cuando presentamos en Cuzco el libro de Giulia, Cecilia, que actualmente reside allí, organizó la presentación y, durante su turno, comentó lo muy presente que está este poeta en los textos de Giulia, hasta en el título del libro, tomado de una expresión de Giulia… y finalizó su comentario entregándome un sobre sorpresa en el que estaba ¡nuestro ejemplar de Benedetti! Agradezco inmensamente la complicidad de Giulia y Cecilia para devolver a mis manos, justamente en el contexto de la presentación del libro de Giulia, el Inventario de Benedetti. Nos gustaba repetir, en medio de las manifestaciones, porque lo sentíamos de un modo muy real, su verso “en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.

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