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Así no juega Perú

Enviado el 25/11/2017

La alegría colectiva de la clasificación terminó empañada con la muerte de otra joven. Una vez más, vemos cuán desprotegidas están las niñas y jóvenes en el país.

De modo similar a como acabó la jornada cívica del Censo (con defectos, pero cívica al fin y al cabo). De la peor manera, sacudidos todos con un caso de violación a una empadronadora. Por una extraña razón, en este país parece que los eventos nacionales terminan con mujeres convertidas en víctimas “propiciatorias”. Algo anda mal.

Según los datos de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar- ENDES de este año, casi 7 de cada 10 mujeres han manifestado alguna vez haber sufrido algún tipo de maltrato físico, psicológico o sexual por parte de su pareja; y 6 de cada 10 declaran haber sufrido violencia física con moretones y molestias. Además de los efectos en la vida de esas mujeres, esto también afecta la salud de niños y niñas. Y, sí, también al rendimientodel país.  

Frente al caso de la menor A.Ch., fallecidaen circunstancias que comprometerían al jugador de la selección de fútbol, Yordy Reyna, nuevamente se repite la constante, esa reacción de culpar a la víctima, aunque sea menor. Se considera “normal” que adultos ofrezcan licor en mezclas “explosivas” (como whisky y red bull), a una adolescente de 16, en cantidades aparentemente suficientes para poner en riesgo su vida, además de haberle quitado el celular (que hasta ahora no aparece), con lo cual quedó más desprotegida. Sin embargo, una vez más escuchamos multiplicarse las “dudas morales” hacia la joven fallecida. O hacia sus padres, quienes no viven en Lima.  

Detrás de esa tragedia está también la permisividad con el alcohol a menores en lugares públicos. Otra “normalidad” con la cual madres y padres terminamos lidiando en el Perú, unos mejor que otros. La mayoría, asumiendo que hay que aceptarla y -qué nos queda- monitorear nomás a la hija o al hijo. Porque “todos lo hacen”.  Porque ahí están las discotecas, y nadie las cierra o, sólo por pantalla, unas semanas. No es normal en otros países. La tentación existe, siempre, pero son las respuestas las que cambian.

Pero si ya es malo entre menores, la presencia y aprovechamiento de los adultos hace más riesgosa la situación.  Que un adulto ofrezca licor a un menor, en otros países, significa una grave falta. No se diga toda la noche, con mezclas que a cualquiera puede afectarle la salud (y no hablemos del “consentimiento”). Pero tendemos a pensar que la menor es un adulto más, que ella “se lo buscó”. Y no es así, al menos eso no dicen nuestras leyes. Por la similar consideración, del menor directamente implicado en la muerte, no considero prudente decir más, hasta que se brinde información confiable. Pero los dos adultos, incluyendo el futbolista Yordy Reyna, tendrían varias cosas que responder.

Según dan cuenta los vecinos, este no fue un hecho aislado, sino una forma de actuar del futbolista: alquilar departamentos cómo “bunkers” en esa residencial, donde probablemente también llegaban menores. Todo esto nos vuelve a la memoria esa época de fracasos deportivos, cuando los futbolistas  “extranjeros” llegaban al país a juerguearse y no a rendir en la cancha. Una época que queremos dejar atrás.

Al caso de esta menor fallecida se suma a otras más, todos los días.  Tuvimos que dejar la buena onda, se nos fue el júbilo del Estadio, donde familias con niñas, niños y jóvenes fueron a ver ganar a su equipo. Una noche de abrazos y sonrisas entre extraños.

Cuando se publique esta nota, estaremos preparándonos para la marcha #NiUnaMenos. Varias cargando alguna imagen de una niña o mujer que ya no está o con la presencia de otras que sobrevivieron para contarlo.

Una vez más, saldremos a denunciar que siguen los feminicidios, la discriminación y violencia nuestras de cada día. No ha sido fácil, intuyo que para los hombres tampoco. Menos cuando el señalado es un amigo, un correligionario, un artista admirado, un deportista del club de sus amores. Me parece que esta marcha de hoy será más de mujeres que la anterior.

Mujeres y hombres debemos tratar de procesar estas cosas, juntos, para aprender, encontrar maneras de sanarnos. Pero sin dejar de denunciar, cuando haya que hacerlo.

Por lo pronto, no quiero la foto de aquel jugador. Esa figurita de Panini no la quiero en mi álbum del Mundial, ni en la de los niños y niñas. Así no juega Perú.

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