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Ana María Lorandi, el Paititi y Pedro Bohorques “el Inca andaluz” (siglo XVII)

Enviado el 26/04/2017

Foto de Carlos María Chiappe

 

El pasado 30 de enero falleció en Buenos Aires la reconocida etnohistoriadora argentina Ana María Lorandi (1936-2017).  Su larga vinculación con los estudios andinos, no solo de su país, sino del Perú y Bolivia, tomó forma en su libro "De quimeras, rebeliones y utopías: la gesta del inca Pedro Bohorques" (Lima: PUCP, 1997).  Como breve homenaje presentamos aquí una síntesis biográfica que ella escribiera sobre este fascinante personaje.

*      *      *

Pedro Bohorquez (Pedro Chamijo, era su verdadero nombre) llega a Lima por el año 1620. Tratando de hacerse de un espacio propio en el mundo colonial, recorre las sierras próximas y se casa con la hija de un mulato dueño de una manada de yeguas. Durante ese período visita los pueblos y las chicherías recabando información sobre tesoros escondidos y países legendarios cuyos ecos llegaban hasta España. Cuando fallece su suegro, abandona el hogar y parte en pos de fortuna. Recala en Huancavelica, donde reside un año y medio. Allí aprende los rudimentos de quichua y no pocas cosas sobre la sociedad indígena, sus penurias, sus mitos, la historia de los incas, la huida hacia Vilcabamba y el posterior refugio en el Paitití, donde habían escondido las riquezas salvadas de la hecatombe de la conquista. Pedro Chamijo emprende entonces su primera entrada a los Antis, más precisamente a las tribus del oriente de Tarma, donde encuentra reformulaciones del mito de los incas ocultos en la selva y aprende a convivir y a transitar con cierta fluidez dentro de los esquemas de relaciones y poder que regulaban la vida de estas sociedades.

Con este nuevo bagaje cultural regresa a Lima, se infiltra entre personajes cercanos al virrey, Conde de Chinchón, y consigue una entrevista a fin de solicitarle autorización y recursos para buscar el Paitití. El virrey lo rechaza, a pesar de lo cual hace una nueva entrada por sus propios medios, y con información más precisa regresa nuevamente a Lima donde se presenta ante las autoridades a la cabeza de una tribu, vestido a la manera de los incas y solicitando, sin éxito, el título de gobernador de las tierras "conquistadas". Aunque carece de autorización regresa otra vez al oriente y levanta a los aborígenes contra los pueblos serranos fronterizos a los Antis. El virrey lo apresa y después de confusos episodios legales, escapa hacia Larecaja y luego a Charcas, donde llega en 1636. Por orden del virrey, don Juan de Lizarazu, presidente de la Real Audiencia, lo apresa nuevamente, pero termina seducido por los argumentos de Chamijo sobre las posibilidades de descubrir el Paitití y escribe al Rey y al Consejo de Indias solicitando que se apoye sus proyectos. Una vez libre, Chamijo se dirige a Potosí y a Porco. Allí embauca al padre Alonso Bohorquez diciéndole que pertenece a su familia. De este encuentro nace el cambio de su apellido y el flamante Pedro Bohorquez ve coronados sus esfuerzos de seducción con 12,000 pesos que el cura le regala para que lleve adelante su aventura.

Vestido como hijodalgo recorre las ciudades y luego se dirige al territorio de los chunchos en busca de otro de los derroteros que conducían al Paitití, de donde regresa sin que tengamos información sobre los resultados de este viaje. En 1638 lo encontramos nuevamente en Huamanga, casado con una rica heredera, que además de dinero le confiere una cierta respetabilidad, con la cual se presenta ante el virrey Marqués de Mancera a quien, finalmente, convence de que lo apoye para hacer nueva entrada a los yungas. Aunque con escasos recursos y poca gente inicia su aventura final entre las poblaciones de los Antis. En las primeras etapas cuenta con el apoyo del franciscano Luis Triviño, de larga labor misional en esa región. Se instala entre los matsiguengas y amueshas del este de Tarma y conquista, funda pueblos y hace repartimientos en la región del Cerro de la Sal, la misma que 100 años más tarde será el escenario de los levantamientos de Juan Santos Atahualpa. [...] Bohorquez logró levantar e incitar a los indios a atacar las ciudades andinas e iniciar, así, su proyecto de expulsar a los españoles. Sus incursiones contra Tarma alteran a las autoridades de Lima, que enviaron una partida que lo apresa. En castigo, el virrey lo deporta al presidio de Valdivia, en Chile.

[T]odo este período de la vida de Bohorquez le permitió aprender simultáneamente los códigos de la sociedad peruana dominante, recoger las utopías andinas que comenzaban a reformularse en el contexto posconquista y postoledano del siglo XVII y a ejercitarse como líder exógeno entre las poblaciones Antis. Cada grupo y cada situación necesitaba ser manipulada con códigos diferenciales que, a su manera, Bohorquez pudo poner en relación para otorgarle una lógica especial a su proyecto. Es así que llega a su nuevo y obligado destino con un acabado corpus de conocimientos y de datos que serán puestos al servicio de su nueva aventura.

En Valdivia participa de la defensa del fuerte asediado por los araucanos, construyendo un cañón de madera con el que detienen el ataque. Confiando en sus buenas intenciones, el comandante del fuerte lo autoriza a salir para intentar una negociación con los indios, circunstancias que Pedro Bohorquez aprovecha para huir y atraviesa la cordillera en compañía de su nueva compañera, mestiza de araucano. Desde Mendoza se dirige a La Rioja, Catamarca y Tucumán. En su trayecto trata de encontrar adeptos entre los españoles y los indios, convenciéndolos de que dispone de secretísima información sobre el Paitití y deslumbrándolos con el relato de sus aventuras.

PeroBohorquez no va tras un destino impreciso. Su meta está prefijada, y de alguna manera se las ingenia para enviar un mensaje al personaje que busca, que no era otro que Pivanti, cacique de los paciocas, una de las parcialidades que habitaban el centro del valle Calchaquí, ante quien se presenta como un descendiente de los últimos Incas. ¿Por qué a Pivanti y los paciocas en particular? Todas las poblaciones del valle mantuvieron, desde el comienzo, una coherente conducta de rechazo frente a la conquista y habían impedido que los españoles penetraran y colonizaran sus valles hasta mediados del siglo XVII. Demás está decir que estos fracasos enardecían tanto a las autoridades locales como a las limeñas, ya que el territorio más fértil y poblado del Tucumán colonial escapaba a su control. Desde este punto de vista, la resistencia calchaquí mostraba pocas fisuras hasta el momento de la llegada de Bohorquez en 1657. Repito, ¿por qué entonces a los paciocas y no a cualquiera de los grupos que, como ellos, habían mantenido enarbolada la bandera de la independencia? Pues, porque los paciocas eran descendientes de antiguos mitimaes incaicos procedentes de Oruro u Orurillo en la provincia de Canas, y Bohorquez, que se presenta como miembro de la dinastía cuzqueña, sabía que entre ellos tendría buena acogida su proyecto de recuperar el poder del Imperio [...].

Don Pedro, como será llamado, inicia un intercambio epistolar con el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta para convencerlo de sus buenas intenciones como español y como cristiano. Mientras tanto, el obispo Maldonado, alerta sobre el peligro que implica la presencia de Bohorquez en el valle Calchaquí, tiene noticias de su pasado. Infructuosamente trata de convencer al gobernador para que no negocie y lo expulse inmediatamente. Pero la ambición de Mercado por descubrir las minas y tesoros con que el imaginario del fracaso poblaba el valle Calchaquí, lo induce a intentar un arreglo con Bohorquez. Este se concreta en un paraje de la actual provincia de Catamarca, llamado Pomán. Allí Bohorquez promete que arrancará a los indios sus secretos sobre las minas y también sobre los tesoros que los incas habían ocultado antes de su partida, siempre que ellos queden convencidos de que las autoridades aceptan sin reparos su condición de descendiente del Inca Rey. Los indios, a su vez, sabían que su resistencia estaba llegando a su fin y debían confiar en Bohorquez como un interlocutor válido, capaz de negociar las futuras relaciones desde una posición de poder. Mercado acepta los argumentos de don Pedro y lo autoriza a usar el título de Inca, otorgándole también el cargo de Capitán General y Justicia Mayor para que, por primera vez, introduzca la jurisdicción española en el valle. En prueba de buena voluntad, le regala a Bohorquez un traje completo de inca, con sus respectivas insignias.

Este convenio se firma ante los ojos expectantes de los indios que habían acompañado a su líder al encuentro con las autoridades, convenio que Bohorquez finalmente no cumple. Transcurrido un año sin que cambie la situación, Mercado inicia el ataque armado al valle y después de un primer encuentro obtiene la rendición de Bohorquez que es conducido a Lima y procesado. Estos hechos se producen en 1659, pero sólo en 1667 rueda la cabeza de este "enemigo" de la Corona, ante la sospecha de que, desde la cárcel, pudiera haber intervenido en la [conspiración para una potencial] rebelión de los caciques de Lima, acaecida en diciembre de 1666.

La ausencia del líder no disminuye la voluntad de los indios, que continúan en su resistencia. Mercado y Villacorta consigue dominar a la mitad de las poblaciones del valle, tras una campaña que dura 6 meses. Finalmente, en 1664, con una segunda campaña, conquista a los restantes. El castigo consiste en desnaturalizar a "todos los indios del valle".

¿Cuántas lecturas pueden hacerse de este personaje y de su proyecto?

*          *          *

Tomado de: Ana Maria Lorandi, "La utopía andina en las fronteras del imperio", en: Silvia Arze, Rossana Barragán, Laura Escobari y Ximena Medinaceli, comps. Etnicidad, economía y simbolismo en los Andes: II Congreso Internacional de Etnohistoria, Coroico. La Paz: IFEA, Hisbol, Sociedad Boliviana de Historia, 1992, pp. 15-33.

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