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Las mujeres tenemos poco que celebrar

Enviado el 26/07/2017

Foto: Diario Correo

Tiene solo 14 años, no sabemos cómo quedó embarazada, de quién, en qué momento, si fue producto de un engaño o de una violación, si la obligaron a tenerlo, si no le contó a nadie hasta que fue tarde para optar por un aborto que hubiera sido seguramente clandestino. Solo sabemos que llegó al hospital de Huaycán, en Ate Vitarte, con los dolores de un inminente parto, acompañada de su madre, y no fue atendida de inmediato.

Mientras aumentaban las contracciones, seguramente crecía el miedo de lo que le podría pasar en este momento. Si cuando una es adulta, el momento del parto se llena de incertidumbre, debe ser más cuando una apenas está saliendo de la niñez, cuando una no debería parir aún, sino soñar con nuevas posibilidades de un futuro pleno. Pero ella estaba ahí gritando con su madre, pidiendo ser atendida, llevaba más de cuatro horas, chocándose con la indolencia de servidores de salud que consideraban que aún no era el momento.  Se fue al baño acompañada de su madre. “Mamá, se me sale algo acá”,cuenta la madre que le dijo[1]y entró con ella al baño y ahí en ese lugar antiséptico tuvo su hijo, asistida por su madre. “Como yo tenía mi casaca, lo tendí en el piso, yo recibí al bebé”, cuenta.[2] Losgritos finalmente llamaron la atención del personal del nosocomio que fueron a atenderla cuando el bebé ya había nacido.  

“Ha sucedido una total negligencia con mi hija”, dijo Rebeca Rivera, madre de la adolescente, mientras, por su parte, el Ministerio de Salud emitió un comunicado en el que afirma que fue la madre de la adolescente quien con un “brebaje” habría inducido el parto.[3] Un brebaje, una sustancia desconocida supuestamente, casi brujeril, algo que no entra en el rango de lo que el conocimiento experto maneja o considera salubre. Otra vez, la incapacidad de sentir alguna empatía por la situación que experimenta una adolescente que está viviendo un hecho que no tendría que pasarle a su edad, que necesita todo el soporte emocional y material del mundo. Pero la mejor salida que encontraron fue culpar a otra mujer, que era el único sostén en ese momento, liberarse de la responsabilidad, como si una madre quiere ver a su hija parir en un baño público. El llamado “brebaje” refleja de alguna forma la distancia entre el sujeto experto y la señora que ayuda a su hija con el conocimiento que le da su experiencia, además de ser la evidencia del miedo y de la necesidad de encontrar un chivo expiatorio a la propia negligencia.

Este hecho sucedió en Lima y no es el primero. Justamente en mayo, en el hospital de Comas, Luz Laulate dio a luz en el baño de varones, al no ser atendida oportunamente por el personal de turno. “Yo le digo a la enfermera que ya va a nacer y no me quiso atender, ni siquiera me revisó. Siga caminando me dijeron. Fui al baño y cuando estaba ahí se reventó la fuente”, dijo.[4]

Hechos como éstos son una clara demostración de violencia obstétrica que cruza todos los hospitales públicos del país, en donde pobreza, género y racismo se conjugan para negar la palabra y los sentimientos de las mujeres que dicen que ya están listas, que necesitan ayuda, que ha llegado el momento de parir. La mirada subvalorativa del personal de salud sobre una mujer se refleja cuando superpone su supuesto conocimiento a lo que ella dice y a sus necesidades. Como bien lo señala Gabriela Arguedas Ramírez:

“La imposición de una jerarquía de los sujetos cognoscentes hace que la palabra de las mujeres gestantes, racializadas, empobrecidas, adolescentes, migrantes no solo no sea importante, sino que, con frecuencia, no sea siquiera escuchada. Para escuchar a alguien, primero debe existir una disposición, una aceptación previa de que el otro puede hablar y que lo que diga tiene valor. Sólo así la palabra dicha podrá adquirir un lugar de valor epistemológico. Ese es el diálogo, a fin de cuentas, un intercambio en condiciones de igualdad.”[5]

Negación, invisibilización del dolor y de las vivencias de las mujeres, es al final lo que se refleja en la actuación de algunos servidores de salud que incumplen su mandato de servir a la comunidad. Abandono es la palabra precisa para hablar de estos casos, de la indiferencia que vivimos las mujeres, especialmente las más empobrecidas y excluidas del sistema, aunque no solo ellas. Abandono también es que no se busque con denuedo a las mujeres desaparecidas como Solsiret Rodríguez Aybar, que ya lleva meses sin saberse de ella, como cientos de otras personas,  la mayoría mujeres, que también han desaparecido. Abandono es lo que se refleja cada día cuando conocemos de tantas mujeres que sufren violencia, muchas de las cuales conforman las estadísticas de los feminicidios, que parecen incrementarse. Abandono es lo que existe cuando no hay justicia aún para las miles de mujeres que fueron esterilizadas forzosamente y tampoco para las víctimas de violaciones sexuales, en un país que ocupa el tercer lugar en la relación de países con mayores índices de violaciones sexuales en el mundo, luego de Bangladesh y Etiopía. Abandono es él de las mujeres que siguen teniendo sobre sus hombros las labores de crianza y, si son pobres, además la responsabilidad de que la familia siga contando con el apoyo de los programas sociales, que depositan en ellas no solo la responsabilidad sino también la culpa si es que no se cumple, o si falla algo en lo esperado de su labor de madre, si un hijo no cumple los estándares, si está desnutrido, si no rinde en la escuela.

Nos acercamos a Fiestas Patrias, momento  en que deberíamos celebrar avances en igualdad y democracia, que son dimensiones que nos hacen un mejor país, pero encontramos que, mientras sigan las mujeres viviendo tanta inequidad y violencia, no tenemos mucho que celebrar. Y como para incrementar nuestro pesimismo, nos llega la noticia de que quieren desaparecer el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, que pese a las limitaciones presupuestales venía haciendo esfuerzos para la transversalización de la perspectiva de género en las políticas públicas. En su lugar, pretenden crear un Ministerio de Familia, lo que a priori podría suponer que se trata de eliminar el enfoque de género y los esfuerzos por reducir las brechas entre hombres y mujeres y abandonar la lucha contra la violencia que vivimos las mujeres. No han faltado las voces que se levanten contra esta propuesta. Una de ellas es la ex ministra Marcela Huayta, quien en un post expresa la relevancia de contar con un Ministerio de la Mujer: 

“La vocación fundamental de un Ministerio de la Mujer es construir las herramientas necesarias para eliminar la discriminación contra la mujer y por ello necesita ser un interlocutor fuerte y estar en las mismas condiciones que los demás sectores porque las políticas públicas para erradicar la discriminación y la violencia serán siempre multisectoriales y muchas de ellas estarán dirigidas por otros sectores.”  [6]

Echar por la borda los pequeños avances que tenemos las mujeres en el país es lo que resultará de la eliminación del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, abandonando más a las mujeres. Mientras tanto, muy probablemente, adolescentes seguirán embarazándose, quizá producto de violaciones, mujeres desaparecerán como si se la si hubiera tragado la tierra, otras morirán en manos de hombres que dicen amarlas y otras mujeres seguirán pariendo en los pisos de los hospitales con la indolencia de médicos mal pagados. Parece que malos tiempos se avecinan en el país, precisamente en tiempos de fiestas patrias.

 




[1]
“Madre de adolescente que dio a luz en baño indignada con comunicado del MINSA”, 24 hora, video publicado el 19 de julio del 2017.https://www.youtube.com/watch?v=16AkJgyC2oA

[2]“Huaycán: madre de adolescente que dio a luz en baño niega haber inducido el parto”, Correo, 19 de julio de 2017.

[3]ídem

[4]“Comas: Mujer da a luz en el baño de un hospital”, La República, 31 de mayo del 2017. http://larepublica.pe/sociedad/881545-comas-mujer-da-luz-en-el-bano-de-u...

 

[5] Gabriela Arguedas Ramírez, “Reflexiones sobre el saber/poder obstétrico, la epistemología feminista y el feminismo descolonial, a partir de una investigación sobre la violencia obstétrica en Costa Rica”,Solar, Año 12, Volumen 12, Número 1, Lima, 2016.

[6]Marcela Huaita Alegre, “La importancia de tener un Ministerio de la Mujer”,  lamula.pe, 21 de julio del 2017.https://redaccion.lamula.pe/2017/07/21/la-importancia-de-tener-un-ministerio-de-la-mujer/redaccionmulera/

 

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