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¿Quién indultará a quién?

Enviado el 26/09/2017

Partamos de una premisa básica: el indulto al reo Alberto Fujimori es jurídicamente inviable. El artículo 2 de la Ley 28760, señala que no procede el indulto ni la conmutación de pena a los condenados por delitos de secuestro y extorsión. Fujimori, además de ser autor de delitos de corrupción y violación a los derechos humanos, fue condenado en el año 2009 por el secuestro agravado del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer. La ley 28760 fue promulgada en el año 2006 y contó con el respaldo de, entre otros representantes del fujimorismo, las inefables tres Marthas: Chávez, Hildebrandt y Moyano.

Pero además existe una insalvable incompatibilidad del indulto con el deber de los Estados de respetar y garantizar los derechos fundamentales, así como con la obligación de investigar y sancionar a los responsables de crímenes de lesa humanidad. El Perú, que ha adscrito a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, incorpora como todos los Estados parte, las disposiciones del Pacto de San José y la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos -su intérprete- a su derecho interno. Sentencias como las de los casos Penal Miguel Castro Castro vs. Perú, Velásquez Rodríguez vs. Honduras, “La Última Tentación de Cristo (Olmedo Bustos y otros) vs. Chile, Barrios Altos vs. Perú, Bulacio vs. Argentina y, Almonacid Arellano y otros vs. Chile despejan cualquier duda sobre la imposibilidad de la concesión de amnistías, indultos o cualquier tipo de gracia para sujetos que hubiesen cometido delitos de graves violaciones a los derechos humanos.

A pesar de esas prohibiciones se ha interpretado que un Reglamento Interno de la Comisión de Gracias Presidenciales, la Resolución Ministerial 162-2010-JUS, firmada por el entonces Ministro de Justicia aprista Víctor García Toma, establece criterios excepcionales para la concesión de gracias incluso para quienes hubiesen cometido crímenes tan repudiables como Fujimori. Sin pasar por el análisis de dicha interpretación, revisemos el contenido de dicho reglamento:

Artículo 31.- Propuesta de indulto o derecho de gracia por razones humanitarias Se recomendará el indulto y derecho de gracia por razones humanitarias, sólo en los siguientes casos: a) Los que padecen enfermedades terminales. b) Los que padecen enfermedades no terminales graves, que se encuentren en etapa avanzada, progresiva, degenerativa e incurable; y además que las condiciones carcelarias puedan colocar en grave riesgo su vida, salud e integridad. c) Los afectados por trastornos mentales crónicos, irreversibles y degenerativos; y además que las condiciones carcelarias puedan colocar en grave riesgo su vida, salud e integridad.

Nada nos informa que el señor Fujimori tenga una enfermedad terminal. Si así fuera, este sería el principal argumento para sostener el emprendimiento mediático de una buena parte de sus siempre prestos seguidores y seguramente estos blandirían, como una bandera de guerra, el examen médico que lo encontrase en esa situación.

Fujimori, pese a ser un reo rematado, tiene unas condiciones carcelarias que seguro envidiarían muchas de las personas que viven en los asentamientos humanos que llevan el nombre de su hija Keiko. Yo mismo lo he visto disfrutar de sus nietas en un espacio que supera largamente al concedido a cualquier detenido o detenida sin sentencia, en una prisión ordinaria del Perú. Por lo tanto, sus condiciones de reclusión, lejos de favorecer su deterioro, lo evitan, con los privilegios y cuidados que se le prestaría a un anciano venerable y no a un burdo ladrón y asesino como es su caso.

Finalmente, el señor Fujimori parece manejar con solvencia su vida pública. Envía mensajes por las redes sociales, administra su encierro con inteligencia y sus salidas médicas son siempre cubiertas por la prensa saciando su demanda de visibilidad y victimización. Nadie creería pues que padece de algún trastorno o enfermedad mental que lo califique para el indulto.

Dadas las circunstancias, y al no existir argumentos jurídicos ni humanitarios para conceder un indulto a uno de los agentes más importantes de la crisis ética de nuestra vida republicana reciente, queda claro que el nuevo despliegue de sus seguidores es un simple ejercicio de chantaje político a un gobierno que sí parece tener a su presidente -de la misma edad que Fujimori- en una situación de dramática precariedad. A juzgar por la amarga condena a la mediocridad que la mayoría parlamentaria fujimorista ha dictado sobre el gobierno y las recientes actitudes de algunos miembros del nuevo gabinete de PPK, a mí no me queda claro, quién le pide el indulto a quién.

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