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Para dejar el mito de la Nación

Enviado el 27/06/2012

Erik Pozo
Antropólogo PUCP

“Nada se asemeja más al pensamiento mítico que la ideología política. Tal vez ésta no ha hecho más que reemplazar a aquél en nuestras sociedades contemporáneas”
La estructura de los mitos - Claude Lévi-Strauss

“Las naciones como medio natural, otorgado por Dios, de clasificar a los hombres, como inherente […] destino político, son un mito”
Naciones y nacionalismo - Ernest Gellner

¿Qué es un mito? Dicho esquemáticamente, es lo que al nivel de la cultura (no de lo cultural) opera como elemento demostrativo de lo que existe. Produce retroactivamente formas institucionales concretas, un oxígeno social y regula la performance de los sujetos. O sea que un mito forja materializaciones y subjetivaciones al interior de una formación cultural. Postula el orden de las cosas y procura su eterno retorno. Sedimenta los hechos que existen en la sociedad a tal punto que hace perder el recuerdo de su constitución y, de este modo, produce el espejismo de que lo que hay ha existido siempre. Así, toda sociedad necesita de un mito para sus necesarios períodos de homeostasis social.

Pero los mitos tienen un ciclo de funcionamiento. Paradójicamente estos mueren en su proceso de transmisión y expansión. Su éxito es el inicio de su fin. El final de un mito está en su esparcimiento, cuando deja ser operador explicativo del orden. Pero para esto es necesario siempre un desplazamiento hermenéutico, de lo contrario el mito sigue sedimentando las cosas. Su esparcimiento continúa con una lógica expansiva cada vez más perversa. Para que los mitos mueran, hay que hacer una arqueología de su nacimiento y evidenciar su desgaste. Así podemos responder –un poco en broma, pero solo un poco– a la pregunta de Lévi-Strauss sobre ¿cómo mueren los mitos? diciendo: ¡con ayuda!

Para el caso que nos ocupa, diremos que la Nación es un mito porque es el fundamento al que recurren los sujetos de una formación cultural para dar sentido a su sociedad. Luego de que apareciera el mito de la Nación se formaron retroactivamente instituciones tales como la nacionalidad, el sentimiento de patriotismo (pertenecer a una patria) y la manera ser un ciudadano. Mi punto es que el mito de la Nación se ha agotado. Hay que ayudar a darle muerte. Veamos por qué.

La idea de Nación surgió con una serie de revoluciones que van desde la Revolución Francesa en 1789 hasta las revoluciones de 1848 que terminó de derrumbar el absolutismo. Esta era de revoluciones, como lo llama Hobsbawn, dio fin al Estado-Absolutista y marcó el nacimiento del Estado-Nación. O sea que el sentido moderno de la categoría Nación no se remonta más allá del siglo XVIII.

Pero ¿cuál es la definición de Nación? Para no entrar en la densidad de debate, digámoslo así en simple: ¡no se sabe! Toda definición a priori objetiva y/o subjetiva es tan engañosa como inútil, porque que “la ‘nación’ real solo puede reconocerse a posteriori” (1). O sea que es una formulación discursiva que hacen los sujetos, ya sea a partir de datos preexistentes (cultura, folklore, leyendas, etc.) o inventados, para darse a sí mismos un sentido de pertenencia, un origen común. Por eso una Nación es, pues, una “comunidad imaginada” (Anderson); por eso la Nación no construye Estados sino al revés; por eso el Estado necesita de la maquinaria de la educación para crear una Nación homogénea (una lengua, una cultura, etc.); por eso ella siempre está en disputa, de lo que se deriva que nunca ha existido un Estado-Nación exitoso, sólido y total.

Si se me entiende bien, entonces no es difícil aceptar que los estudios llamados subalternos y poscoloniales (tanto en su versión original india como en su adaptación “crítica” latinoamericana) son la consecuencia necesaria del nacimiento del mito de Nación y no una reacción para su capitulación. O sea que para que haya ese campo de estudios tiene que mantenerse el mito de la Nación. ¿No es evidencia de su permanencia que el estudio de la “historia desde abajo” haya generado la ola de discusiones sobre los Estados-plurinacionales y no el abandono de la idea misma de Nación? Postular la pluralidad de naciones no es lo mismo que declarar la muerte de este mito.

¿Y por qué dar muerte al mito de Nación? Respuesta 1: porque este mito antes que una necesidad para los sujetos de una formación cultural, es un artefacto funcional a la necesidad estatal de la era del capital. En efecto, con el desarrollo de la revolución industrial, la competencia por el capital entre Estados se hace apremiante; de allí la necesidad de tener ejércitos profesionales y ya no mercenarios, de tener poblaciones homogéneas y ya no etnias dispersas, etc.; en suma, reclamar fidelidad a una nacionalidad era, pues, necesario para dar eficiente operatividad al desarrollo del capital. Respuesta 2: porque el verdadero problema no es la Nación, sino la idea de Estado a secas que tenemos en la cabeza; es decir, ese aparato de origen europeo que se comenzó a formar desde la Baja Edad Media (siglos XIV y XV), cuya primera dimensión (soberanía territorial) nace en 1648 con el tratado de Westfalia y cuya teorización más formidable es dada a conocer pocos años después con la publicación del Leviatán (1651) de Thomas Hobbes. La idea de Estado moderno es europea y nace como idea definida en el siglo XVII.

Con estos pocos elementos, reflexionemos con estas preguntas: ¿Todas las nociones de Estado se reducen a esa formación europea de Estado que se desarrolló desde el siglo XIV? Si esto es así, entonces no se podría hablar propiamente de Estado Inca, por ejemplo, pues de formó sin tener noticia de la existencia de la forma de Estado europeo. Aclaremos, no estoy tratando de decir que aquel era mejor que éste o que ya en esta parte del mundo teníamos una idea de Estado “propio”, etc. El chauvinismo es siempre una tentación rápida de todo nacionalismo. A donde sí apunto es en reparar en las siguientes interrogantes: ¿en qué momento esa forma de Estado particular se hace universal para el resto del mundo? Esto nos lleva a preguntar ¿qué es, pues, un Estado? Luego, si el Estado europeo crea la Nación como una herramienta para el capital ¿los problemas están del lado de la herramienta o del aparato que la usa? Entonces, ¿hay que discutir sobre la identidad nacional o sobre el capital y (¿su?) el Estado a secas (2)?

Si formulamos las preguntas en términos nacionales, es decir, pensando en el Perú, decimos lo siguiente: ya sabemos que aquí no hay Nación o que la hubo pero desde distintas perspectivas en disputa (republicanos andinos, república sin ciudadanos, república con ciudadanos, nacionalidades subalternas, etc., etc.); ¿no es la pregunta en qué momento se jodió el Perú expresión de este dilema? Pero ¿aquí se formó primero el Estado y luego la fallida idea de Nación? Si se intentó construir ambas cosas a la vez ¿cuántas investigaciones hemos dedicado al Estado a secas y cuántas al mito de Nación?

Un pequeño ejercicio bibliográfico de búsqueda de títulos de investigaciones sobre el Perú nos hará notar que la intelligentsia peruana o peruanista le ha dedicado sus mayores esfuerzos y energías a la cuestión de Nación, pero no mucho (casi nada en realidad) a la idea de Estado a secas. De los trabajos sobre la Nación hemos aprendido bastante, sin duda, pero los problemas sobre ese mito persisten: cuál es la identidad de los peruanos, en qué momento se jodió el Perú, etc, etc.

Mientras que la intelligentsia sigue en tal disputa, la economía de mercado global ya ha “resuelto” el problema: el peruano no solo tendría una identidad reflejada en la comida, sino hasta una marca, la marca Perú. Entonces nos preguntamos: ¿está del lado de la Nación el problema? Si la Nación, como vimos, desde hace mucho tiempo atrás es el brazo operativo del capital ¿vale la pena insistir en los temas de la “identidad” de los peruanos? ¿Desde cuándo un Estado para ser exitoso tiene que resolver los problemas identitarios de su sociedad? ¿O será más bien que el problema está del lado del Estado a secas? Bueno pues, para saberlo, valdría la pena dejar el mito de la Nación y concéntranos en el Estado a secas.

En suma,  si los mitos nacen, se agotan y mueren, a la luz del desarrollo anterior creo que no es del todo pretencioso pensar que el mito de Nación sino está ya muerto, por lo menos se ha agotado bastante. Hay que ayudarlo a morir o por lo menos suspender su estudio un momento para investigar el Estado a secas. Se podría decir que ya lo hace la Ciencia Política, pero ¿estudia el Estado a secas o el Estado-Liberal-Democrático? Como dije en una nota al pie de página, argumentar esto merece todo un desarrollo propio. Quizá en la siguiente columna.

Nota final: piensa el Estado como una caja 3D y la Nación como el Objeto de la promesa (3): ahora se puede entender mejor (espero) mi anterior columna. (http://www.noticiasser.pe/13/06/2012/pensamiento-salvaje/%C2%BFpor-que-h...)

Notas:

1.    HOBSBAWN, Eric. Naciones y nacionalismo desde 1780. Barcelona: Critica, [1990] 2000, p., 17.
2.    La categoría de “Estado a secas” merece su propio desarrollo; no obstante dejemos indicado aquí que se refiere a la edificación de un aparato que permita el generar estabilizaciones en la sociedad. La naturaleza y composición de ese aparato  y esa estabilización son cuestiones hay que desarrollar más extensamente.
3.    Véase MONTALBETTI, Mario. Cajas. Lima: PUCP, 2012.
 

Comentarios (6)

¿Por qué dejó de escribir?.

¿Por qué dejó de escribir?. Me gustaban sus artículos. Si hy otro lugar en que se le pueda ubicar, sería bueno el dato.

Si hay que matar a la nacion

Si hay que matar a la nacion como dice Pozo, si todo es una construccion ideologica, si todo es un imaginario, si todo esta relacionado a la idea de comunidad imaginada....por que motivo Erik Pozo trabajo en el Estado en un proyecto que apelaba a la insercion de nativos en la vida politica, es decir, a la idea de nacion. O sea, para Erik Pozo es muy sencillo elaborar una columna terriblemente posmoderna, con graves problemas de manejo teorico pero no puede ser consecuente con lo que escribe. Donde queda tu idea de revolucion. Quieres acabar con la idea de nacion pero promueves con tu trabajo la , fortificacion de la misma. En las aulas destruyes a la nacion, pero fuera de ellas trabajas para construir la nacion que tanto desprecias, encima trabajas en el JNE una institucion que trabaja por la democracia de esa nacion que tanto odias. Ya pues Erik Pozo hay que dejarse de hipocresias. A eso te ha llevado la posmodernidad.

Causita, tú si que no

Causita, tú si que no entendiste nada. No se trata de destruir la idea de Nación, se trata de que te des cuenta que esta no existe y que debemos de-construir la idea para ver lo que está detrás, para ver por qué diablos si somos UNA Nación cuando vemos al nativo protestar por sus derechos es el Otro que jode y que seguro ya fue manipulado por "titiriteros maquiavélicos". El posmoderno que se quedó en el "giro", el que tiene un sancochado teórico en la cabeza, eres tú causita.

Sobre Levi-Strauss: La

Sobre Levi-Strauss:
La ideología políica no se descalifica por parecerse al pensamiento mítico. Las utopías existen para ir tras ellas, de hecho tiene que haber un elemento de fe frente algo que no se ve realizado, no creen?

Sobre la segunda cita:
culturalmente, qué sociedad en el mundo no se ha definido a sí misma como LA sociedad y al resto como pueblos bárbaros? Al menos en la historia de occidente esa es la regla, ríos de sangre y tinta o comprueban. En Sudamérica se habla de confederaciones y también de dominaciones, por su puesto. Pero posiblemente la idea de nación moderna y ciudadana es muy reciente.

Hasta ahí ambas citas poco aportan al espíritu del texto.

El mito: un discurso explicativo de las cosas, orígenes, estado de las cosas, estructuras sociales, etc. Su funciòn es semejante al de la ciencia hoy en día. Aunque bien sabemos que ambos tipos de discursos coexisten y más aún en sociedades como la nuestra. Pozo asemeja al mito a la ideología de Gramsci.

Me parece que los mitos efectivamente pueden servir para que la gente crea que las cosas van bien, para mantener un orden social, sea cual sea su grado de justicia. Por ejemplo, hoy en día decir que un Perú minero y turístico es igual a bienestar y es LA manera. ATTE. Confiep.

Los mitos nacen y muere, muy cierto. La cultura cambia, la cultura objetivada en valores, en mitos y creencias cambia. Sin embargo, personalmente no sé si los mitos se debilitan y empiezan a morir mientras más se expandan. Por ejemplo, ¿Alguien cuestiona hoy la fábula del atentado de las torres gemelas? No, aunque el mito fue muy bien expandido.

Luego dice que no, que no mueren cuando se expensanden sino cuando se los somete a prueba o a crítica. El ejemplo del 9/11 demuestra que no necesariamente las comisiones conformadas para revelar la farsa han tenido éxito. Pozo olvida que la repetición del mito garantiza su permanencia y hegemonía, y allí juega un papel importante el control de los discursos en cierto grupo social o sociedad.

Hasta ahí, mi comentario y crítica sobre qué dice Pozo de los mitos, que se parece mucho a lo que Gramsci dice sobre ideología.

Nación como mito.

Creo que hay dos momentos históricos en la humanidad para poder entender el fenòmeno de la nación, como mito y como construcción moderna que no sé si sería también un mito exactamente, pero sí un discurso. Creo que podemos convenir que en un principio los grupos humanos, las "culturas", las "civilizaciones" eran medianamente homogéneras y se dominaban unas a otras. Conforme las edades de las historia mundial han avanzado llegamos al día de hoy en donde nación no concuerda con estado ni con territorio. Incluso en los estados-nación europeos han habido minorías invisibilizadas bajo la bandera de la francesidad, la italianidad, la alemanidad, etc. El interés era asegurar un territorio junto al discurso de una historia común y por ende un destino común. Para el caso de América Latina la situación actual comprende diferentes etnicidades regidas en territorios estatales bajo control primordial pero lentamente decreciente de, principalmente, herederos mestizos o criollos, identificados con una etnicidad occidental o mestiza.

¿No se sabe cuál es la definición de nación? Ahí está el error de Pozo. La nación (su definición más básica) es decir de que a UNA etnia le corresponde UN estado, al margen de la historia común construida socialmente o de arriba abajo, como ha solido pasar, como bien cita a Anderson.

Ahora bien, ¿eso quiere decir que ya no debemos hablar de nacones? ¿no hay etnicidad ni historias paralelas en este país y por ende todos somos peruanos?

La nación en el caso del Perú, que es lo que quiere matar Pozo, es, creo más indispensable que nunca.

Nación no es nacionalismo ni patriotismo. Es identificación con una etnicidad. Y las etnicidades en el Perú existen, y también coexisten pero de manera subordinada a la criolla-occidental. No se trata de bandos, pues es muy dificil decir donde termina la "nación quechua" o cual es su relación con la "chanka" o cuántos "andinos" hay en el Peru.

Las razones para la resurreción de lo nacional y de pensar el Perú como una "patria" antigua y única (plural) es que eso empoderará a quien cree que aún vive en un virreynato. La subalternización de las culturas no ha terminado y están encerradas en este pedazo de tierra sudamericana llamado Perú, esa es la "jodición" del Perú: no ser un país, ser una chacra sin horizonte de igualdad/homogeneidad en derecho a existir y hacer nuestras vidas en nuestras cabezas. De allí sale la publicidad racista, la corrupción, el abuso, el desprecio por el pobre, la exclusión, etc.

¿Cómo sería un Perú-nacion(es)? Un estado en el que cada forma de vida pudiera ser respetada. Donde desde Lima no se dijera qué negocio se debe seguir en cada comarca, donde en los medios no se vapulee a alguien de provincia, donde la tradición no de vergüenza, etc, etc. Autodeterminación y equidad sin balcanización. Eso es lo que en todo el siglo pasado han pensado Mariátegui, Valcarcel, Uriel García, Haya, Arguedas, y muchos más que no he leído aún pero que sienten ese llamado urgente por saber qué es nuestra gente, cuando sentira que tiene patria y cuando la tomará en lugar de ser administrados por Lima.

Creo que está en contra de "radicalismos" como el etnocacerismo, pero eso no derrumba ni valida la desaparición de la "nación", si es que creemos en eso el conjunto de peruanos (no hablo de la PUCP sino el conjunto de peruanos). El Perú no es ceviche ni ese 1% de empleo minero.

Definitivamente de acuerdo

Definitivamente de acuerdo con tu propuesta. Pero se respeta lo que dice el ideologo Erik Pozo, perdon antropologo. Creo que ha leido mal a Gramsci, a quien remeda pero no cita, ademas de malinterpretar no creo que el viejo Gramsci hubiera siquiera pensado en lo que dice Pozo. A lo mejor el ideologo Pozo debe comenzar a leer a Mariategui o Lenin.

Siguiendo tu analogía

Siguiendo tu analogía anterior, y tu recomendación final de lectura, creo que caes en 2 errores en cuanto al OS y al OP. Estos errores son el que tú mismo sancionas a priori que el OS es el Estado, y que el OP es la Nación. Y si bien hay mucha teoría post-moderna, fragmentaria, post-marxista, etc, etc, etc... que trata de releer la nación, o en todo caso de "desenmascararla" como una gran mentira o un mito falaz e ingenuo... también hay una buena cantidad de estudios críticos sobre la naturaleza del Estado y su constitución como algo también inventado. Y si en todo caso solamente te has remitido a la lectura de la "peruanidad" hecha por la "intelligentsia", te digo (también a priori) que estás cayendo en un sesgo de carácter intelectual que resulta muy cómodo para tu lectura.

Finalmente, y volviendo a lo de OS y OP, creo que cualquier otra personas podría argumentar que el Estado es el OP, y que la Nación es el OS que debería primar en toda definición de Perú como país. Ahora, que el aparto del Estado esté construyendo desde su estructura una idea de la peruanidad es algo que viene dándose desde que la Colonia se volvió se volvió República, aunque ciertamente los procesos actuales adquieren características muy particulares y con un alcance de rango global, como la Marca Perú (que tampoco es una idea de peruanidad para todos, sino para los que pueden comprarla, el resto jódase). En todo caso, la definición de Nación no va a venir de la mano de ningún filósofo (y sí, eres antropólogo, pero más pareces otra cosa), pero no porque tú, Anderson y Hobsbawm vengan a decirnos que vivimos pensando en un invento voy a sentirme liberado de un engaño como si Morpheo me hubiera sacado de la Matrix.

Recomiendo leer "Los Límites de la Cultura" de Alejandro Grimsom para tener alcances críticas a la teoría post-moderna y fragmentaria de que todo es un invento o un mito. Y sino, dinos por favor cómo matamos a la Nación, ¿escribimos ensayos?

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