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No al indulto: en defensa del fragmento

Enviado el 27/12/2017

La memoria no puede ser una provocación

José Carlos Agüero

 

No hay nadie que pueda hablar de la “artesanía del tormento” o de la tortura –o la poetización de los efectos del poder sobre los cuerpos-, como José Carlos Agüero[1]. No hay nadie como él para hablar con tan exacta y dolorosa belleza sobre la “poética de los restos” que es a lo que quisiera referirme en este momento en el que es tan difícil decir algo que no sea obvio o no se haya dicho ya, sobre el indulto al ex presidente Alberto Fujimori. Porque sobre este tema, todo peruano medianamente consciente de la gravedad del hecho, ha opinado y ha dicho algo relevante. Al respecto, las opiniones en masa señalan que es injusto con las víctimas que fueron directamente asesinadas en su gobierno: específicamente hablamos de los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, por ejemplo. Otros señalan que este indulto o “perdón médico” es un canje, y que por ello, es indignante, porque el 9 de junio del 2016 cuando se lo preguntaron en “Semana económica” PPK dijo claramente que “no” iba a indultar a Fujimori[2], y porque luego, el 22 de julio del 2016 dijo, saludando a una cámara, con confianza, “yo no doy indultos”. Afirmación que luego reafirmó a los pocos días, el 25 de julio del mismo año, cuando dijo claramente: “Él [Fujimori] tiene el derecho a pedir el indulto, yo no lo firmaré”. Finalmente, este año, el 22 de junio, PPK claramente hizo la relación entre el indulto humanitario y la política, es decir, aludió al canje y a su imposibilidad, luego, se contradijo en sus propios actos. Quiero acogerme al primer grupo de críticas sobre este indulto, aquel que lo comenta desde la indignación por la memoria de las víctimas de Fujimori. Quiero hablar desde ahí, a los que están festejando la “justicia” que se ha efectuado con el “perdón” a una supuesta víctima y lo quiero hacer desde lo que me parece más preocupante en este reclamo: que se pierda de vista o que se trate secundariamente el hecho de que un resto, es decir, el reclamo de los familiares, sea tratado como un excedente, o digamos, simbólica, metafórica y materialmente, como basura. Algo que José Carlos Agüero elabora como la “poética del resto”. En ese sentido, mi texto no solo es un intento por la –saludable– indignación que leemos en diversos textos de Arendt, sino que es una defensa por el fragmento, por lo que nos ha quedado, por ese pedazo físico o mental del otro que fue asesinado, torturado, desaparecido y del que nos ha quedado “algo”.  

“Artesanía del tormento”, expresión a la que he aludido en la primera línea de este texto, es una expresión sutil, dura, y profundamente cruel, que Agüero utiliza en su libro Persona (FCE, 2017) para referirse a como se ejerce un oficio paciente, perfeccionable siempre, como el del orfebre, que hace de una tortura, un sello personal, además, hecho a mano. Eso hizo Alberto Fujimori durante sus mandatos y lo sabemos todos. Negarlo es como negar las vinculaciones del grupo Colina con la cúpula militar y con el presidente de entonces, el ahora perdonado, Fujimori. Negarlo es como negar esta información cuando la conocemos porque quienes la dieron fueron los propios agentes de inteligencia que formaron parte de este grupo criminal. Negarlo sería como negar lo que afirmaba Alberto Flores Galindo en su ensayo, “La tradición autoritaria: Violencia y democracia en el Perú” (Lima, 1999), que el Perú es un país en el que “unos son más iguales que otros” (12), porque Jaime Ramírez Pedraza, un preso que pidió un indulto humanitario tres veces, nunca lo obtuvo, a pesar de tener esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y pasó sus últimos años en el Penal Castro Castro con una parálisis completa y murió en octubre del 2012 tras 16 años en la cárcel privado de los cuidados mínimos necesarios para tener calidad de vida, mientras que Fujimori podía tener un celular en su cárcel y llamar a cada uno de sus congresistas -comenzando por Vilcatoma-, para hacer política, para pedirles que no voten por la vacancia de PPK. Las diferencias son lacerantes[3].

Lo que duele de las diferencias que in-forman, que dan forma a la geografía emocional, histórica y actual de nuestro país y que se manifiestan en este indulto son las negaciones que sostienen a este “perdón”, específicamente: la negación de que los cuerpos destruidos, de que los restos de esos cuerpos, sus sobras, puedan significar, es decir, tengan derecho a ser algo que habite la memoria, y que dejen de ser únicamente “polvo torturado” (Agüero, 124), o marcas de impunidad, que tengan el derecho a dejar de poblar los mapas de invisibilidad, que las falanges u otras partes de los cuerpos que las víctimas conservan de sus seres queridos, signifiquen algo per se y ocupen un lugar con propia entidad. O, dicho en las propias palabras de la Persona de Agüero, que se entienda y se signifique en toda su potencia que “lo destruido no es un excedente sino que es “completamente” algo” (19, énfasis mío). Gisela Ortiz en su artículo señala lo siguiente: “La desaparición forzada es una tortura constante, que se acrecienta día a día. Nosotros tenemos a cinco desaparecidos cuyos cuerpos no han sido devueltos después de los juicios ni se ha hecho mayor gestión para buscarlos”[4]. Gisela habla por las víctimas directas de las políticas brutales de Fujimori, los desaparecidos, torturados (niños, mujeres, hombres), y de las otras víctimas, que son los familiares de estos, que han convivido durante 25 años, desde el 18 de julio de 1992, luchando “porque se haga memoria sobre estos graves delitos, porque se señalen a los culpables para que estos hechos no se repitan nunca más (…) dedicando gran parte de nuestra vida para recuperar los restos de nuestros familiares y llevar a prisión a sus asesinos.” (énfasis mío)

Es a ello mismo a lo que apunta la indignación que Agüero escribe con belleza: él no solo habla de los que desaparecieron, sino de los que aparecieron a medias, o aparecieron mezclados con otros en forma de tierra, él habla de la paradoja del resto, del consuelo, de la vulgaridad a medias del resto, cito:

Los familiares ven caer los últimos gramos de tierra de lo que fueron personas. Formando qué. ¿La esencia de alguien? Es todo por hoy. Ya se los pueden llevar (…) Uno de los familiares junta con las manos lo que cayó sobre la mayólica local forense (…) Antes le han dicho: no es seguro que esos restos sean solo los de su pariente. Piensa: pueden ser “muchos” en esos cien gramos: una comunidad.” (17-8).

Los restos no son simplemente restos, no son basura, ocupan un lugar, “se demuestran solos” (19) y el “perdón” que se le ha otorgado a alguien de quien es imposible comprobar un arrepentimiento, a alguien que no es una víctima, a alguien que, de hecho, no tiene ni demuestra ningún interés en proponer nuevas formas de relaciones, y, en ese sentido, no sale de los prejuicios que lo enturbian, es decir, no se propone siquiera como “rendido”[5], es absolutamente incongruente con lo que es necesario recordar y hacer ahora, en nuestro presente: que nuestro país, nuestra ciudad se hace necrópoli moral. Lo que podríamos hacer es plantearnos preguntas, cambiarnos de lugar del tablero, salir de la comodidad de regalar perdones a mentirosos asesinos, y respetar el dolor del otro, acogerlo como propio, habitar una lengua sin orgullo, apelar, en todo caso, por un poco de humildad, y preguntarnos quizás, si “la identidad nos plantea una pregunta moral: ¿somos iguales? ¿Somos iguales a nosotros mismos? ¿Buscamos iguales para formar nuestra comunidad o para ampliarla? (171) Creo que los fujimoristas dieron su respuesta. El resto de peruanos, que somos mayoría, podemos dar otra.




[1]
                     José Carlos Agüero fue presentado en una entrevista en Canal N como “hijo de terroristas”, así de “simple”. Yo lo presento como historiador, activista de temas derechos humanos, profesor (al menos mío), poeta, pensador, investigador de temas de violencia política y memoria histórica  y amigo.

[2]                     “Entre mis defectos jamás pero jamás he tenido la deshonestidad” PPK y sus frases sobre los indultos, ALTAVOZ.https://www.facebook.com/DiarioAltavoz/videos/1727911120586668/?hc_ref=ARQO7ltIZ87E5FgcKoek6VDYjzh44CeGm_5cRkBheTpcvW-IebZLzSo8kBdtvz6Issk&pnref=story

[3]                     Nicolás Lúcar –¡quién diría!- en su programa en Exitosa noticias demuestra que el día 11 de diciembre el INPE le pide al Min. De Salud que nombre una junta médica penitenciaria para el caso Fujimori, el 12, el Min. de Salud constituye dicha junta con 3 médicos que son notificados el mismo día, el 13 se constituye la junta formalmente y piden toda la información y archivos sobre el caso Fujimori, pero sucede que Alberto Fujimori NO HABIA SOLICITADO AÚN EL INDULTO, recién el 14 Fujimori lo pide y firma el documento. Y el sello de la comisión sale el 15 recibiendo el documento. Es decir, que recién se admite en trámite el 15, aunque desde mucho antes y en silencio y complicidad total ya lo estaban “tramando”, de ahí su carácter “express”.  Puede verse el video de Lúcar aquí: https://www.facebook.com/Anidanirak/videos/1362057183905114/?hc_ref=ARRn...

[4]                     Artículo de Gisela Ortiz: http://idehpucp.pucp.edu.pe/opinion/indulto-insulto-la-memoria-las-victi...

[5]                     Lectura de Obregón sobre el concepto de “rendido” de Agüero. Se encuentra en el “Colofón” de Los Rendidos 

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