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Disputas por la pesca artesanal

Enviado el 28/06/2017

En el día del pescador vale la pena preguntarse qué tipo de pesca queremos celebrar y defender. Las tensiones y disputas por el derecho a pescar dentro de las 5 millas del mar peruano entre pescadores artesanales, informales e industriales son cada vez más frecuentes. El decreto 005-2012 establece que dentro de las 5 millas solo se podrá realizar pesca artesanal para Consumo Humano Directo (CHD), pero existen diferentes visiones sobre el significado de la pesca artesanal y las formas de usar el recurso marino. Por ello, desde el año pasado muchos pescadores de Piura y Tumbes reclaman al Estado que se revise la legislación y se modifique la definición oficial de la pesca artesanal. En ese contexto, es necesario revisar los límites de la pesca artesanal y contrastar los criterios empleados por el Estado y por los propios pescadores para definir aquella práctica.[1]

La definición que presenta el Estado peruano de pesca artesanal es muy amplia y no coincide con la definición que los pescadores proponen.El Decreto Supremo 012-2001, Art. 28 sostiene que la pesca artesanal es la que está destinada para el CHD y define sus límites según el tamaño de la embarcación utilizada, que puede llegar hasta los 32.6 metros cúbicos de capacidad de bodega y hasta 15 metros de eslora. Al centrarse en la capacidad de carga de la embarcación no se especifican las técnicas que pueden ser utilizadas por la pesca artesanal. Así, la definición termina siendo muy ambigua y amplia. Dentro de la misma se puede incluir la pesca de orilla a cordel y atarraya, caracterizadas por su pequeña escala y por ser inofensivas al medio ambiente, hasta grandes lanchas anchoveteras que utilizan técnicas depredadoras, sin problematizar las diferencias y competencias entre ellas.

Por otro lado, pescadores de La Tortuga, La Islilla y Yacila –caletas artesanales ubicadas en la región de Piura-, que suelen practicar la pesca a cordel y a menor escala, han desarrollado sus propias categorías para definir la pesca artesanal. A diferencia de la definición oficial, para ellos el tamaño de la embarcación deja de ser lo más importante, pues lo que ellos llaman ‘la conciencia del trabajo’ es lo que determina el carácter artesanal de la pesca. Se basan principalmente en el modo y técnica de trabajo empleado para caracterizar la pesca artesanal, utilizando criterios como la selectividad, el rol de la máquina en el proceso de captura y la organización laboral. Así, evalúan la relación que establecen con el entorno natural y contraponen una práctica selectiva que escoge el tamaño del pescado respetando sus ciclos de reproducción frente a otra pesca que depende de una maquinaria mayor para la captura y depreda el recurso marino, destruyendo el ecosistema. Podemos entender estos criterios empleados por los pescadores a través de un continuum que va desde la pesca más selectiva -como la técnica del cordel- hasta la más depredadora -caracterizada por la pesca de arrastre.[2]  La línea que divide la pesca artesanal e industrial –que para los pescadores entrevistados es la más depredadora- está ubicada entre las lanchas y las bolicheras. De esta manera, cuestionan la definición oficial que incluye a embarcaciones tipo bolicheras dentro de la categoría de pesca artesanal.

Así, las diversas visiones sobre la pesca artesanal se confrontan en la costa peruana cuando cada grupo busca pescar en la misma zona. Estos desencuentros entre los balseros y las bolicheras y otras pescas industriales ha motivado a caletas como La Tortuga y La Islilla a formar nuevos mecanismos de defensa frente a pescadores foráneos e industriales, organizando su propio régimen de vigilancia territorial. En este contexto, los pescadores artesanales han solicitado en varias oportunidades que se modifique el reglamento de la pesca artesanal y se eliminen las embarcaciones mayores de ocho toneladas de la categoría, ya que éstas implican una mayor carga y el uso de herramientas más sofisticadas donde prima la máquina y no la acción humana. Los pescadores de La Islilla y La Tortuga -reconocidos como ‘verdaderos pescadores artesanales’ por sus caletas vecinas- argumentan que las bolicheras no deben ser consideradas artesanales porque utilizan una malla chica para capturar la anchoveta. Este tipo de malla arrasa con la pesca juvenil e impide que las diversas especies marinas se reproduzcan. Por lo tanto, deja de ser selectiva y contradice el ideal de la pesca artesanal planteada por estos pescadores. Un ideal que puede ser entendido como una pesca sostenible. Mientras tanto, los pescadores locales que salen al bolichese escudan bajo la definición ambigua de pesca artesanal que maneja el Estado para justificarsu acceso dentro de las 5 millas,señalando que su pesca está dirigida al CHD.

Por otro lado, es necesario comprender que la pesca artesanal no significa lo mismo que la pesca informal. Con frecuencia, vemos que en el discurso público suelen utilizar estos términos como si fuesen sinónimos, acusando de ‘artesanales’ a embarcaciones que actúan como informales. Si bien gran parte de la pesca artesanal escapa a la formalidad, estas dimensiones no deben confundirse, pues cada una responde a diferentes criterios. La pesca informal responde a términos legales que regulan el permiso de pesca por temporada y zona, es decir, la pesca informal es aquella que no acata la Ley General de Pesca y, además, evade impuestos. En cambio, como hemos visto, la pesca artesanal sirve para diferenciar ciertas prácticas según su tamaño, técnica y relación con el medio ambiente. Al tratarlas como si fuesen lo mismo, se está invisibilizando un grupo importante de pescadores artesanales que busca ser responsable en su trabajo, cuidando del recurso y acatando las leyes.

Este año PRODUCE ha priorizado la formalización de los pescadores artesanales con programas como SIFORPA (Sistema de Formalización Pesquera Artesanal) sin revisar previamente la definición de la actividad tal como solicitaron los pescadores el año pasado. De esta manera se siguen prolongandolas disputas por el acceso a las 5 millas. Por todo lo anterior, es urgente revisar y ajustar los criterios empleados por el Estado para definir la pesca artesanal. Esclarecer y trabajar en una definición que contemple la gran diversidad de prácticas pesqueras y distintas valoraciones de los pescadores facilitaría el control territorial de la costa peruana y ayudaría a disminuir la tensiones dentro de las 5 millas. Asimismo, si se defiende la pesca artesanal como una práctica sostenible se aseguraría una mayor protección del recurso marino que viene disminuyendo notoriamente en los últimos años.

 

Nícola Espinosa Anaya (Canadá, 1988) es Licenciada en Antropología por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con experiencia en investigaciones y trabajo de campo en sociedades pesqueras y comunidades campesinas. 




[1]
                     Estas reflexiones se basan en mi tesis de licenciatura “La configuración del espacio (social) de la pesca artesanal en balsilla en la caleta de La Tortuga, Piura. Usos y representaciones del espacio entre los pescadores de balsilla.”. El trabajo de campo fue realizado en distintos momentos entre el 2014 y 2015 en diversas caletas de Paita, Piura. 

[2]                     Este tipo de pesca utiliza una red que barre el fondo oceánico llegando a destruir hábitats indiscriminadamente.

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