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La polémica sobre el origen de los “indios” del Nuevo Mundo

Enviado el 28/11/2017

Aunque, aparentemente, la pregunta sobre el origen de los pobladores indígenas del continente americano debiera habérsele ocurrido al mismísimo almirante Cristóbal Colón, el clásico libro de Lee Huddleston (1967, reeditado en 2015) nos aclara que tal pregunta no parece haber sido formulada por el descubridor, simplemente porque él no pensaba haber "descubierto" territorios radicalmente nuevos para la experiencia europea.  Tan sólo se hallaba en camino a China, y los isleños de La Española debían ser simplemente habitantes del continente asiático, de allí el equívoco de llamarlos "indios", como si fuesen nativos de la India.  Sólo cuando, tras la circunnavegación del globo por la expedición de Fernando de Magallanes de 1519-1521, quedó claro que las "Indias" descubiertas eran diferentes de las "Islas de las Especias" ubicadas en el Lejano Oriente, los escritores españoles empezaron a discutir el probable origen de los mal llamados "indios" de América (continente que en los siglos XVI al XVIII fue llamado las "Indias Occidentales" para distinguirlas de las verdaderas "Indias Orientales" en Asia).

Esta aclaración, aunque pueda parecer erudita y sin importancia, es en realidad uno de los principales méritos del libro de Huddleston.  El tema había sido aparentemente cancelado, luego de que los estudios de geólogos, arqueólogos y antropólogos en la primera mitad del siglo XX dejasen en claro la inmigración pleistocénica de los que se convirtieron en los primeros "Amerindios" hace unos 30,000 años, y este nuevo conocimiento fuera tempranamente sintetizado por el antropólogo francés Paul Riveten «Los orígenes del hombre americano» (México, 1942).  Esta explicación se ha generalizado como 'moneda corriente' en los estudios americanistas desde entonces.  Sin embargo, hasta el libro de Huddleston, el problema no había sido estudiado en su desarrollo como polémica intelectual durante los siglos XVI y XVII.  Gracias al esfuerzo de este autor es posible seguir una polémica que empezó a fascinar a los españoles desde la década de 1530, y que sólo pasaría a ser tema de interés en Inglaterra, Francia y Holanda desde mediados del siglo XVII.

El libro de Huddleston se divide en cuatro capítulos.  El primero sigue a los escritores españoles que, entre las décadas de 1530 y 1590, iniciaron el debate, asignando un origen judío a los pobladores nativos americanos (basados en las referencias bíblicas a las "tribus perdidas de Israel", que hubieran podido migrar hasta América) o ubicando en América el reino de Ophir (también mencionado en la Biblia por su riqueza en oro, pero no poblado por judíos).  El segundo capítulo, cubriendo el período entre 1590 y 1607, se dedica a presentar en detalle las dos mayores contribuciones al debate: la impecable lógica del jesuita José de Acosta (expresada en su «Historia Natural y Moral de las Indias», Sevilla, 1590), y la acumulación erudita e indecisa de argumentos igualmente probables del dominico fray Gregorio García (en su «Orígen de los Indios del Nuevo Mundo», Valencia, 1607).

Acosta, partiendo del común supuesto de que los indígenas americanos eran tanto descendientes de Adán como de Noé, dividía su argumentación considerando, primero, las posibilidades geográficas de una ruta migratoria para los primeros pobladores, concluyendo que probablemente en el nor-oeste de Norteamérica habría alguna zona cercana al extremo oriental de Asia por donde tal migración habría podido ocurrir (como precisamente ocurrió, a través del Estrecho de Behring, pero que sólo expediciones rusas a inicios del XVIII descubrirían); su segundo argumento, sobre quiénes pudieron ser esos primeros pobladores, pese a considerar que los primeros pobladores hubieran podido llegar en un "primitivo" estado de desarrollo cultural, para luego desarrollar la agricultura y otras "artes civilizadas" en la propia América, concluía en que el problema era, en última instancia, insoluble por falta de registros escritos confiables entre los "indios" americanos.

García, por su parte, reunió todos los datos a su alcance para presentar los argumentos sobre los distintos orígenes propuestos para los "indios" americanos, considerando que todas las propuestas eran plausibles y compatibles entre sí, dado que ninguna era suficientemente contundente para invalidar a las demás.  Huddleston deja en claro una "mala lectura" de la obra de García por otros comentaristas desde finales del siglo XIX en adelante, que consideraron que el dominico intentó demostrar la primacía de una "teoría" del origen de los "indios" sobre otra.  Este error se debe a la acumulación de datos y a la complicada presentación de los mismos.  García recopiló minuciosamente la información disponible sobre las explicaciones que se habían dado al origen de los habitantes nativos de América.  Ordenó las distintas "teorías" propuestas y reunió todos los datos que pudo, tanto para apoyar como para refutar esas "teorías", ya que no las consideraba mutuamente excluyentes sino, por el contrario, igualmente probables y complementarias.  Lo que estaba haciendo fray Gregorio era probar la coherencia interna de los argumentos, de un modo proveniente de las demostraciones escolásticas medievales.

Ambos autores, pese a sus radicales diferencias de método, se veían igualmente limitados por el conocimiento bíblico del cual partían, en el sentido de no poder considerar un gran antigüedad para los habitantes indígenas de América: para Acosta eso limitaba su proposición de una "evolución cultural" autónoma; para García eso obligaba a considerar compatibles distintas migraciones de pueblos europeos, mediterráneos y asiáticos hacia América, dando al origen judío de los "indios" americanos un tratamiento extenso y central en su obra.  En términos de hoy, Acosta proponía un único origen 'monogenético' y García un variado origen 'poligenético' de los pobladores americanos precolombinos.

El tercer capítulo de la obra sigue las discusiones de escritores e intelectuales españoles entre 1607 y 1729 (fecha de la segunda edición del libro de García, hecha por Andrés González de Barcia), período que representa un estancamiento en la discusión, ya que la argumentación española del siglo XVII siguió anclada en lo que Huddleston denomina la "Garcían Tradition", es decir, la tendencia acumulativa de datos basados en similitudes culturales aisladas, fuera de contexto, y aparentemente comunes entre los "indios" americanos y los distintos pueblos del Viejo Mundo con los que se los comparaba.  El cuarto capítulo sigue los debates sobre el tema habidos en los países del norte europeo, principalmente Inglaterra y Holanda, que siguieron un derrotero más abierto que sus contemporáneos españoles no sólo por la fácil y prejuiciosa afirmación del "atraso ideológico hispano" (achacado a la tradición contrarreformista católica o a la Inquisición), sino porque los "librepensadores" de la Europa protestante bebieron en la que Huddleston llama "Acostan Tradition", gracias a las traducciones hechas al inglés, francés y holandés, aparte de la edición en latín, de la principal obra del jesuita Acosta.

La obra llega hasta 1729, año de la segunda edición del libro de García, dado que los debates posteriores sí resultan mejor conocidos, y su desarrollo varía debido al avance del racionalismo de la Ilustración durante el siglo XVIII.  Además, la edición de Barcia añade una sustancial cantidad de datos al original, y mantiene la idea de idéntica probabilidad de los diversos orígenes de los "indios" americanos.

Esta obra es importante por su seguimiento de un amplio debate (casi todos los autores europeos que escribieron sobre América en el período estudiado mencionan el problema de conocer los orígenes de los pobladores nativos del Nuevo Mundo), y por aclarar las líneas de pensamiento y de argumentación seguidas por estos distintos escritores.  El esfuerzo de Huddleston es de destacar, y su libro es, para entender los debates sobre cómo los europeos incorporaron a los "indios" americanos a su universo mental, fundamental.

 

Referencias:

Huddleston, Lee Eldridge [n.1935-m.2003]. Origins of the American Indians: European Concepts, 1492-1729. Austin and London: University of Texas Press, 1967.

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