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CID

Enviado el 29/05/2013

Rosa Vera

Hoy 29 de mayo se inaugura la Colección Carlos Iván Degregori (CID) que reúne gran parte del material que CID recogió a lo largo de su vida para su producción académica. ¿Cuál es la importancia de un archivo como este? La respuesta es simple. En primer lugar, nos permite ingresar en aquellos libros, revistas, efímeras, entre otros ítems que nos dan cuenta de la trayectoria académica de este importante intelectual. En segundo lugar, esta colección nos permite apreciar cuán interdisciplinario era CID, pues podemos ver no sólo al militante comprometido con su país, sino también al escritor y poeta, y del mismo modo, al profesor universitario de antropología que nunca dejo de aprender. Respecto a esto último punto debo decir que una de las frases que CID repetía en sus últimos años era: aprendiendo a vivir se nos va la vida, nunca debemos dejar de aprender. En tercer lugar, podemos apreciar a un ser humano detallista, que valoraba archivos que para otros podrían parecer poco importantes.

Conocí a CID en aquél año en que algunos cultores del esoterismo predecían catástrofes, pues estábamos a puertas del año 2000. La Universidad de San Marcos era algo nuevo para mí, así como su quehacer político y la antropología. Ese espacio era la ventana a través de la cual me tocaría mirar una realidad que me era ajena, pues había pasado toda mi infancia y gran parte de mi adolescencia en otro país. Por otro lado, San Marcos sufría sus propios cambios, pues fue por esos años que sacamos la comisión interventora de esa casa de estudios. En ese momento pude sentir el sabor de un pequeño triunfo político, no el mío, sino el de quienes rechazaban esta infausta medida del gobierno de Fujimori. Sin embargo, luego de ello llego la desazón, pues me vi confrontaba ante el futuro incierto de la facultad de Ciencias Sociales y de la universidad misma. Fue en ese contexto en que lo conocí: durante esa pequeña catástrofe de despertar político, aunque nunca tuve la oportunidad de tenerlo como profesor, pero sí llegué leer varios de sus textos de antropología.

La prosa de CID era sencilla y siempre te enganchaba, pues su derrotero por la literatura le había nutrido de herramientas que le permitían transmitir sus ideas. Sin embargo, yo no tenía ni idea de cuán bifurcado era su propio camino, pues por lo que he podido apreciar en su colección personal (1), su trayectoria se asemeja a un árbol con varias ramas, las cuales se hallaban conectadas a un mismo tronco. Aquellos que sólo conocieron al profesor de antropología, van  poder apreciar al militante político que escribió en el Diario Marka, el Caballo Rojo, El Zorro de Abajo, Amauta, entre otros, allí no sólo encontrarán a un hombre con una línea política, sino también descubrirán otros aspectos de él, como su fino humor, pues más allá de las risas que pueda provocar un artículo como “Apagón en microbús con gorda” (2), es posible observar que no dejaba de lado los problemas sociales, como en este caso donde vemos cómo algunos espacios (un bus), se erigen como lugares en donde hay un ejercicio brutal de una violencia (verbal y física) casi cotidianizada. Los textos que nutren esta mirada crítica a la sociedad son los de Lenin, Mao, Marx, Gramsci, Aricó, entre otros.  

De los artículos del militante, podemos pasar al antropólogo que se ha zambullido en los clásicos de la antropología y así encontrar textos de Malinowski, Radcliffe-Brown, Raymond Firth, entre otros. Entre estos textos de antropología podemos ver una marcada presencia de textos relacionados a temáticas que siempre fueron claves para CID, y que abordan el tema de la violencia, memoria, etnicidad, movimientos campesinos, etc. Muchos de estos textos pertenecen a académicos de otras regiones de América Latina, y con ellos podemos ver que CID nunca perdió de vista lo que sucedía más allá de sus fronteras, pues cuando el tema era violencia no sólo había que mirar a las dictaduras del Cono Sur, sino que era un imperativo no dejar de lado aquellos tristes sucesos de Guatemala, Nicaragua y El Salvador.

CID fue conocido como un intelectual que ha estudiado de marera muy lúcida al PCP-SL desde su nacimiento, y el haber vivido la violencia muy de cerca trazó su trayectoria. Sin embargo, no se quedó allí ni se aferró al título de “senderólogo” que la academia le atribuyó, y dio un giro a un tema tan importante como la memoria, que no se desvincula de aquél otro. Es de la mano con esta infausta señora, la memoria, que él ingresa a trabajar a la CVR. En ese momento, su única certeza era que transitaría por derroteros dolorosos, que conocería a otros infaustos personajes de aquella tragedia de los 80 y 90 como lo son el olvido y la indiferencia, de los que tendrían también lecciones a enseñar, pero que al mismo tiempo no lo desanimarían, pues una vez me dijo que a menudo pensaba que la gente de este país tenía un corazón de piedra, pero que a veces éste era también un corazón de paloma, pequeño y frágil, que él veía latir con fuerza en aquellos maravillosos huaynos ayacuchanos. Este transitar por la CVR fue de la mano con lecturas de novelas y biografías relacionadas con el tema, así Almudena Grandes, Antonio Muñoz-Molina entre otros autores se volvieron libros de cabecera. A través de ellos y otros autores CID podía acceder a aquellas otras formas de construir memorias.

Finalmente, no podemos dejar de lado al antropólogo “cachivachero”, pues CID parecía tener ese sexto sentido de recolectar objetos aparentemente inservibles o de muy poca importancia. Es así que su colección se nutre de efímeras (folletos, panfletos, etc.) que él juntaba de las marchas y mítines a los que asistía. Para CID estos documentos constituían espacios de enunciación de diversos actores políticos como la CCP, el SUTEP, el PCP-SL, el MRTA, etc., a través de los que uno podía acercarse a esos otros sectores y tener una idea de qué se piensa desde aquellas otras orillas y con ello acceder a aquellas otras formas de construir memorias. Creo que queda más que claro que se hace un imperativo no dejar de consultar esta colección, la cual estará en parte en la web y de manera completa en la biblioteca del IEP.

Notas:

1. Debo decir que he tenido el privilegio de participar en todo ese proceso de selección de la colección “Carlos Iván Degregori”.

2. Diario Marka, 27 de julio de 1983, pg. 15.

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Grupo Memoria
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