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Mudanza en Cantagallo

Enviado el 29/08/2017

Foto: Facebook de Olinda Silvano

Esta nota obedece, en primer lugar, al pedido de varios amigos shipibos de Cantagallo que me han llamado y que me han comentado detalles relevantes sobre su mudanza de Cantagallo, el hogar que construyeron con sus propias manos hace ya más de 16 años. Sus observaciones a partir de su reubicación temporal, responden a una voluntad por mostrar las condiciones de su traslado y las posibilidades de abandono a las que se exponen. Por supuesto, por lo mismo que señalo, esta nota no pretende hablar por la totalidad de quienes se están mudando, sino solo por un grupo, que son los que claramente manifiestan sus disconformidades, inseguridades, y –justificados– miedos. En segundo lugar, esta nota responde a un interés personal de dar a conocer  otra perspectiva de lo que significa, nuevamente, migrar y las consecuencias que conlleva desarmar la “común-unidad” o comunidad shipiba que se constituyó en Lima.

El espacio que –no– compartimos

Como es sabido han pasado más de 8 meses desde que ocurrió el incendio en la zona de Cantagallo, en el Rímac. Un incendio que dejó más de 2 mil personas damnificadas y 436 viviendas destruidas. Como reporta una parte de la prensa escrita: esta semana los shipibos de Cantagallo comenzarían a cumplir “su más anhelado sueño”[1]: tener una casa propia y segura, y para ello deberán trasladarse temporalmente mientras las construyen. Por lo que leímos en RPP: “son 238 familias empadronadas las que partirían hacia un terreno habilitado de más de 19 mil metros cuadrados, también en el Rímac, para luego regresar al Nuevo Cantagallo”[2]. No obstante, lo que nuestras fuentes nos comentan difiere de esta información. O difiere de lo que hemos entendido de ella: que existe un espacio reservado para los que están saliendo de Cantagallo. Lo que está sucediendo es que los shipibos de Cantagallo se están mudando hacia diversos puntos de la capital entre ayer, hoy y seguirán haciéndolo algunos mañana, apresuradamente, para no perder el bono que la Municipalidad de Lima les ha ofrecido: 500 soles a cada familia -para que puedan alquilar algo o puedan buscar algo “mientras tanto”-. De este modo, no es que se vayan a un terreno fijo, sino que lo que están haciendo es buscar, por separado, y con angustia, algo para alquilar.

El alquiler vs. La común-unidad.

El tema del alquiler es agudo, y es una de las razones por las que ahora mismo –algunos– en  Cantagallo están “en alerta”. Ya que con 500 soles es, sino imposible, muy difícil encontrar un espacio que acepte a familias con 5 o 6 hijos. De otro lado, el tema del alquiler visibiliza una problemática relevante para los shipibos: la destrucción de su “común-unidad”. ¿Qué implica cercenar este espacio común en el que todos ellos compartían sus tradiciones, rituales, idioma y su cotidianidad? Veamos más de cerca esto. De un lado, si bien no todas, al menos algunas de las madres artesanas, quieren estar juntas, sobre todo porque su trabajo artístico lo demanda y porque han conseguido dinámicas de trabajo colectivo que les permite mejorar su producción. Vivir a distancias considerables interrumpiría su trabajo ya que surcarlas implica mucho tiempo de viaje y dinero en los pasajes. Ahora, con “distancias” nos referimos a que por ejemplo, el colegio shipibo, que como sabemos se encuentra a unos pasos de la comunidad en Cantagallo, ahora va a estar en Virú (por el Puente Trujillo) y los lugares donde las madres encuentran posibilidades de alquileres, son, por ejemplo: Trapiche, Zapallal, Jicamarca, Los Olivos, Lurigancho.  Así las cosas, las condiciones materiales de una mudanza exitosa, que en teoría duraría un año, se ven, por decir lo menos: complicadas. De otro lado, en Cantagallo, en su “comunidad”, ellos tenían algo que separados, y viviendo en cuartos no podrán tener: por ejemplo, el acceso a sus alimentos principales, nos dicen: “-Acá llega pescado como si fuera del puerto de Pucallpa”, “también nos llega nuestro plátano, que lo comemos asado, y que lo cocinamos con nuestra leña, ¿cómo vamos a hacer eso en un cuarto?”. “-Acá preparamos nuestro masato, hacemos nuestras danzas típicas, nuestro canto típico, recibimos turistas, y los compradores llegan hasta nuestra comunidad ya que poco a poco se han hecho visible nuestro espacio, nuestra comunidad”; “¿Se acordarán de nosotros en un año? Así, lo que temen es que luego de estar separados un año –en el mejor de los casos– es que suceda un efecto doble a un posible acto violento del Estado que aparece disfrazado en la complaciente posibilidad de darles un mejor hogar. Este efecto doble sería que por un lado ellos mismos se vayan desconectando de sus saberes, de sus ritos, de lo que los hace ser shipibos, y más aún, shipibos migrantes y que por otro lado, la gente que los ha estado conociendo y que los ha ido apoyando, también los olviden. Esa sería la raíz de sus miedos, que se resumiría en esta frase: “Nos ha costado mucho que la gente nos conozca, ojalá que no sea por gusto y que no sea mentira y que no demore mucho. Algunos dicen que no va a durar 1 año, sino que puede demorar mucho, 2 años, 3 años”.  No ven pues, con ingenuidad y únicamente optimismo esta mudanza, sino que por el contrario, sienten que es un arma de doble filo el encaminarlos a lugares distintos, el separarlos, para que dentro de un año, cuando ya “nadie los recuerde”, quizás se les diga que su espacio ha sido vendido. De lo que hablamos entonces es de este tipo de violencia biopolítica, en la que, siguiendo a Foucault, estaríamos ante sujetos a los que no se les asesina, sino que se les deja morir. Desde los comentarios de los shipibos que me han llamado, este parecería su temor, el de ser separados para ser debilitados, el que la mudanza facilite o predisponga las condiciones de lo que parece que es un Estado biopolítico, y así sean  más fácilmente violentados o diríamos, más claramente, invisibilizados.

Así las cosas, comprendemos su agobio, ya que es difícil imaginar que un presidente que va en caída en la aprobación general, cumpla con su promesa de construir en un año, ojo, un año: “casas antisísmicas de material noble, servicios de luz, seguridad, agua, desagüe” y brinde además “títulos de propiedad”[3], a una parte de la sociedad peruana que ha sido claramente ninguneada y  discriminada desde el momento en el que llegó a Lima. Y de otro lado, entendemos que la preocupación de quienes nos han buscado radica en defender ese trozo de visibilidad que han conseguido a punta de sobrevivir, limpiamente, a diversos sucesos. Entre ellos, sobre todo, dos: el incendio que le costó la vida a un niño, y las constantes exposiciones en el día a día en las que muchas veces, muchas madres artesanas fueron asaltadas o simplemente no pudieron defenderse ante los policías que les decomisaron sus collares, pulseras y mantas. Esto último no podemos contabilizarlo, y tampoco podemos medir qué tan hondo a calado en ellos la experiencia de sentirse invisibles, o poco importantes. De otro lado, ellos mismos, con sus propias manos se han inscrito en lo que podría llamarse la “comunidad imaginada” limeña, siempre tan limitada y limitante, con su arte plástico, con sus tejidos, con sus bordados, con sus danzas, con su perseverancia ante este cielo gris que no tiene nada que ver con el cielo que conocen en Pucallpa.

Con todo esto, queremos que este breve texto sirva para dar a conocer la situación de quienes están pasando por este proceso doloroso de desprendimiento de su espacio y de la cultura que habían logrado construir y defender desde ahí, y al mismo tiempo, queremos dar cuenta de que la oportunidad de tener una casa en el “Nuevo Cantagallo” en diciembre del 2018 no es vista con ingenuidad por los todos los shipibos y menos aún, por los que los acompañamos en este proceso. Cruzamos los dedos, y esperamos que consigan, una vez más, triunfar sobre todos estos impedimentos, y que puedan regresar a su espacio, a manifestar, nuevamente, lo que ellos llaman, “su cultura viva”.




[1]
 No estamos de acuerdo con esta frase que encontramos en RPP, en este artículo: http://rpp.pe/lima/actualidad/los-shipibos-de-cantagallo-cada-vez-mas-ce.... Su “más anhelado sueño”, si es que acaso se pudiera nombrar alguno por ellos, o si es que acaso pudiéramos generalizar algún deseo, sería que se respeten sus derechos cabalmente y se les ofrezcan igualdad de oportunidades. Personalmente, no creo que su “sueño” –cayendo en el juego de la generalización y del hablar por el otro- se refiera a algo meramente material, sino más bien a lo que dicha materialidad traduce.

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E INDUDABLE QUE MENDOZA NUNCA HA APORTADO NADA AL SISTEMA DE ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA, NADIE ENTENDIO PORQUE EL CNM LO NOMBRO SI NO TENIA NI APTITUD ACADEMICA NI CAPACIDAD SOLVENTE PARA SER MAGISTRADO, SIN EMBARGO SE LE NOMBRÓ MAGISTRADO SUPREMO Y NUNCA A PODIDO REALIZAR UNA GESTION IMPERECEDERA, ES UN LASTRE QUE SE LE HAYA DESIGNADO MINISTRO DE JUSTICIA Leer más >>
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