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Defendiendo la Tierra

Enviado el 30/11/2016

“La tierra tiene fiebre, necesita medicina y un poquito de amor que le cure la penita que tiene”, dice el conocido ska de la cantante española Bebe, que intenta hacer conciencia del dolor que  tendría nuestro planeta por la falta de respeto a la tierra que pisamos, al lugar que habitamos. Es que cada vez con mayor frecuencia vamos  teniendo información de cómo los propios seres humanos, por la voracidad que tenemos de consumir, de a poco nos estamos consumiendo el planeta entero.

La industria extractivista y la agroindustria que se instalan en los territorios de los países del mal llamado tercer mundo están causando serios estragos y vulneración de derechos de poblaciones enteras, especialmente de los pueblos indígenas y campesinos que han habitado ancestralmente los territorios en los que se encuentran los minerales que quieren extraer o las mejores tierras para cultivar los productos que generalmente el Norte demanda.

Son las mujeres rurales las que están en todos nuestros países al frente de la defensa de la tierra, mujeres indígenas, afroperuanas, campesinas, que son las que han tenido menos oportunidades de acceso a la educación o a  la tenencia de la tierra, a derechos en general, que trabajan de sol a sol durante largas jornadas, las que  luchan, mujeres que se organizan  para preservar los bienes comunes de la humanidad ofrendando incluso sus propias vidas. Las mujeres rurales constituyen un gran sector de la población. Así, por ejemplo, en países como Bolivia, Ecuador, y Perú, representan del 13 al 16.8% de la población. Para ellas, la tierra, el agua, son fundamentales para su futuro, para el de sus hijos, hijas, para las nuevas generaciones.

 “¿Qué es la parte más fundamental? A la final, el agua, ¿no es cierto?, pero también la tierra, la tierra nuestra. (…) Nosotros también en nuestro territorio estamos también, si bien utilizando la madre tierra para abastecernos, para alimentarnos, no solamente a la población local, sino también a poblaciones como, por ejemplo, Quito, Otavalo, Ibarra. Intag les da de comer, pero si se diera la explotación minera, no podrían tener de donde van a comer. (…) Y a más de eso, nosotros, nuestra tierra, a más de usufructuarla, también tenemos esa corresponsabilidad de devolver a la tierra en algo de lo que nos está dando,” dice Silvia Quilumbango, de Ecuador.[1]

En las últimas décadas, la priorización de políticas de inversión enfocadas en las industrias extractivas o en la agroindustria ha significado el ingreso de las grandes inversiones, tanto mineras, hidrocarburíferas, madereras como en la producción de palma africana, soya, espárragos, etc. Está implicando que las mujeres rurales enfrenten situaciones que generan inseguridad e incertidumbre, pues las políticas se dan sin analizar ni tomar en cuenta las implicancias que tienen para la vida de las mujeres, sus comunidades y sus familias. Así lo vive Margarita Aquino, de la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (RENAMAT) de Bolivia, y en sus palabras nos narra las vivencias de miles de mujeres rurales de Latinoamérica que están ahora enfrentando el acaparamiento y los cambios de uso de la tierra en la mayoría de países.

 “La minería nos está violando todos nuestros derechos a las mujeres. ¿Por qué digo que nos está violando todos los derechos? Es por la primera razón que al contaminar el agua, la tierra, está violando el primer derecho en la Constitución política del Estado, ¿cuál es?, el derecho a la vida. Por ende, nos está violando todos nuestros derechos y así también los derechos de la Madre Tierra. En las comunidades afectadas, nosotros vivimos casi expulsados de nuestros territorios porque ya no tenemos vida en algunas comunidades, ya no tenemos agua (…). Al no existir agua en nuestras comunidades, vamos nosotras kilómetros a sacar el agua, para hacer el aseo, el alimento, y el trabajo se desdobla para nosotras” dice.[2]

Se ha configurado entonces en torno a la tierra, los territorios y los recursos naturales un campo de disputa que genera conflictos, vulneración de derechos, violencia contra hombres y mujeres, precisamente por la usurpación y el despojo que viven campesinos, campesinas e indígenas en todos nuestros países. El caso de Máxima Acuña,  en Cajamarca, enfrentada a la minera Yanacocha y que sigue siendo agredida pese a los fallos judiciales, es emblemático de lo que está pasando debido a la  presión ejercida por grandes corporaciones que quieren extraer los recursos en territorios de campesinos y de pueblos indígenas. Hace unos días,  Máxima, en una actividad que dio inicio a la campaña de Amnistía Internacional “Máxima no está sola”[3], que se dirige a evidenciar las presiones y los abusos que sigue viviendo casi impunemente  dijo sobre su caso:  

“Ellos empezaron con mucha fuerza, con todo el poder que tienen, a destruir todo lo que yo tenía que hacer para yo vivir, para mantenerme, empezaron destruyendo mi casa cuando yo la estaba construyendo por la parte del cerro, empezaron a llevar los animales pequeños, empezaron a golpearnos a maltratarnos, a hostigarnos ahí con su seguridad y  hasta hoy, la verdad, no ha paralizado los abusos… siguen continuamente. Entonces como mujer me siento indignada, preocupada, que realmente no hay justicia acá en el Perú, como dicen, no toman en cuenta las autoridades, de que defiendan como autoridades hacia el pueblo y hacia los campesinos y tengamos la paz, la tranquilidad de vivir en paz, tranquilos de tener nuestra libertad, nosotros como seres humanos y no vivir así y como dice para mí, es totalmente preocupante, como dicen, una cosa es contarles la otra es vivirlo, estar ahí internamente.” 

Por otro lado, encontramos también los impactos de una industria preocupada únicamente por las ganancias, sin tomar en cuenta los daños que han ocasionado en los territorios y en la vida de la gente, como se evidencia en el caso de los derrames de petróleo que ocasionaron días y días de protesta indígena en Loreto. El testimonio recogido por Barbara Fraser es elocuente:

“En diálogo en Saramurillo, Julia Chuje Ruíz y Lindaura Chuje Cariacano cuentan del dolor de perder a sus hijos pequeños en medio de la contaminación en el Río Tigre después del inicio de la extracción petrolera en los 70. Hablan en su propia lengua, pero se escuchan palabras en español para conceptos que antes no existían: ‘empresa’, ‘puro petróleo’, ‘mestizo abogado’."[4]

En este contexto, muchas mujeres están al frente de las luchas, denunciando lo que está pasando en sus pueblos, poniendo el cuerpo, exigiendo que se reconozca su derecho a la tierra, defendiendo los bienes comunes de la humanidad toda, porque, como lo señala Gladis Vila, lideresa de ONAMIAP: “Para las mujeres indígenas, el territorio tiene vida y lo tenemos que defender. La tierra y el agua son parte nuestra”[5]. Lamentablemente en toda nuestra América, muchas mujeres están perdiendo la vida defendiendo la tierra, como Berta Cáceres, en Honduras, cuyo asesinato todavía sigue impune, pero que nos deja en sus palabras el sueño y el desafío que tenemos por delante:

“Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y los espíritus. ¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad¡ Ya no hay tiempo.”[6]

Estas palabras seguirán resonando en todos los tiempos y son un llamado a tomar conciencia del compromiso que tenemos con el futuro, con la obligación de dejarle a las futuras generaciones un mejor mundo, más justo, equitativo, solidario, en el que nunca más mujeres tengan que morir por defender los bienes comunes y el derecho a su tierra y territorios.

Para visibilizar las luchas de las mujeres y cómo ellas están viviendo y enfrentando la violencia al  reclamar sus derechos y la violencia por ser mujeres, que suelen estar fuertemente entrelazadas, varias instituciones en el mundo[7], en el marco de la campaña de ONU Mujeres denominada “16 días de activismo contra la violencia de género”[8]  y del Llamado Mundial a la Acción sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y Comunitarios, se han unido a esta campaña contando las historias de mujeres que en el mundo defienden sus derechos sobre su tierra y territorios, exigiendo vivir en paz. 

 




[1]
Silvia Quilumbango, Defensa y Conservación Ecológica del Intag (DECOIN), Ecuador, en “Miradas sobre la minería y la madre tierra desde Colombia, Ecuador y Bolivia” , video publicado por  Colectivo Casa, 5 de junio del 2015, https://www.youtube.com/watch?v=pAJHt9owTHY

[2]Margarita Aquino, Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (RENAMAT), Bolivia, ídem.

[3]http://www.amnistia.org.pe/maxima-esta-sola/

[4]https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10209797286621910&set=a.1579383157532.83300.1024234745&type=3&theater

[5]“Las mujeres tenemos propuestas frente al cambio climático”, ONAMIAP, 15 de octubre del 2015. http://www.onamiap.org/2015/10/las-mujeres-tenemos-propuestas-frente.html

[6]Discurso de Berta Cáceres en el Opera House, San Francisco, California, al recibir el Premio Ambiental Goldman, el 20 de abril, 2015. https://copinh.org/article/discurso-de-berta-caceres-en-el-opera-house-s...

[7]ILC, RRI, FPP, Oxfam y Land is Life.

[8]http://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/take-action/16-days-of-activism

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