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¿Cuánta pobreza hay en el Perú?

Enviado el 31/05/2017

El 10 de mayo el INEI informó que el 20.7% de los peruanos se encuentra por debajo de la línea de pobreza (pobreza absoluta). Ello quiere decir que sus ingresos monetarios no son suficientes para acceder a la Canasta Básica Familiar (CBF), cuyo costo para el 2016 fue estimado en 328 soles por persona. La CBF intenta identificar el patrón de consumo “suficiente” para satisfacer requerimientos nutricionales y necesidades básicas no alimentarias de familias “representativas”, denominadas población de referencia. La medición de la pobreza monetaria no deja de estar exenta de críticas por la dificultad de establecer un patrón de consumo representativo, y por ser un método indirecto de medición, el cual se basa en la capacidad de una persona/familia para acceder a la CBF, pero no garantiza que los recursos económicos tengan ese destino.

Por otra parte, se critica seriamente que la medición de pobreza absoluta considere al individuo como un sujeto aislado y no como parte de grupo social. De hacerse esto último, la medición debería centrarse en los patrones de comportamiento del conjunto de la sociedad (sin considerar mínimos), puesto que la pobreza es un concepto indesligable del de desigualdad. De ese modo, una persona no se sentiría pobre ni podría ser considerada como tal mientras pueda acceder a los niveles de vida promedio de la población. Es bajo esta premisa que los países desarrollados miden su pobreza desde el criterio de pobreza relativa, que considera pobres a quienes tienen ingresos menores al 60% de la mediana.

La utilización de la mediana del ingreso, y no la del ingreso medio, responde a la necesidad de eliminar la distorsión de los valores extremos. Pablo Secada, economista jefe del Instituto Peruano de Economía (IPE) calculó, a petición mía, la mediana del ingreso en Perú para el 2015, basado en un análisis individual y no en conglomerados, por lo que podría considerarse referencial, y la fijó en cerca de 420 nuevos soles. Si con base en ese valor hiciéramos el ejercicio de medir la pobreza relativa según los parámetros europeos, se consideraría pobre a toda persona con ingresos inferiores a 252 nuevos soles, lo cual no llegaría a cubrir siquiera la CBF per cápita, calculada en 315 nuevos soles para el 2015. Bajo este criterio, la pobreza en el Perú sería inferior a la calculada con el método de pobreza absoluta. Aunque suscribo que el concepto de pobreza está ligado al entorno o grupo referencial, en países con bajos ingresos la utilización de este método podría implicar – como se ha visto – que se incluya como “no pobres” a personas que no tendrían la capacidad para cubrir un patrón mínimo de gasto, lo que no parecería muy pertinente. Sin embargo, la medición de la mediana sí resulta interesante si la cruzamos con otras variables, pues nos brinda una perspectiva más real sobre los ingresos de la población, que si utilizamos la media. Por ejemplo, en relación con la Remuneración Mínima Vital (RMV), calculada en 750 nuevos soles para el 2015, vemos que la mediana de los ingresos representa únicamente el 56% de la RMV. Asimismo, el grueso de los peruanos debe invertir el 75% de sus ingresos en cubrir la CBF, lo que significa que aunque el ingreso per cápita ha aumentado, los bajos ingresos siguen siendo muy relevantes en la distribución del ingreso nacional.

Pero la medición de la pobreza por ingresos económicos es solo uno de los métodos y cada vez tenderá a tener menor relevancia y a ser reemplazado por métodos directos en los que no se mide la capacidad para satisfacer las necesidades básicas sino el consumo efectivo. Metodológicamente estos serían más adecuados, aunque su construcción también esté condicionada por las variables incluidas, y también las excluidas.

En este sentido, nos referiremos a dos de los métodos más extendidos; por un lado, el de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), desarrollado por la CEPAL, mediante el cual se identifican como prioritarias las siguientes variables: i) Acceso a vivienda (a. Calidad de la Vivienda, b. Hacinamiento); ii) Acceso a servicios sanitarios (a. Disponibilidad de agua potable, b. Tipo de sistema de eliminación de excretas); iii) Acceso a educación (Asistencia de los niños en edad escolar a un centro educativo); iv) Capacidad económica (Probabilidad de insuficiencia de ingresos del hogar). Estos indicadores son considerados absolutos para nuestras sociedades, pero podrían variar de considerarse necesario. En el 2015 la pobreza por NBI estimada para Perú fue de 19.4%, dato consistente con el índice de pobreza monetaria para el mismo período, que ascendió a 21.77%.

Por otro lado, el PNUD y la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI, por sus siglas en inglés) desarrollaron – en 2010 – el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que se basa en los indicadores del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y, por tanto, proporciona una medida de pobreza que toma en cuenta otra composición de variables relevantes para garantizar un nivel de calidad de vida mínimo. Este indicador está tomando tanta relevancia que es el utilizado para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que plantea poner fin a la pobreza en todas sus formas y dimensiones. El IPM establece como variables absolutas: i) Educación (a. Años de escolaridad, b. Asistencia escolar); ii) Salud (a. Nutrición, b. Mortalidad infantil); iii) Nivel de Vida (a. Combustible para cocinar, b. Saneamiento mejorado, c. Agua segura para beber, d. Electricidad, e. Piso, f. Bienes durables). Una novedad respecto de los demás métodos es que no se incluye un indicador directo de ingresos económicos. El porcentaje de pobreza por el IPM para nuestro país ascendió a 37% (2012).

Debido a las variables incluidas en el método de medición, el IPM es aquel que reflejaría con mayor precisión los índices de pobreza. En este sentido, la pobreza en el Perú sería – aproximadamente – un 16,3% mayor que la pobreza monetaria anunciada por el INEI. Pero el escenario no es del todo negativo, puesto que la disminución de la incidencia de la pobreza multidimensional (25% entre el 2003 y el 2012) ha sido equivalente al 26.5% de disminución de la pobreza monetaria para el mismo período.

En este sentido, resultaría apropiado que el INEI pueda incorporar el IPM dentro de la información a proporcionar anualmente.

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