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El descubrimiento de la mujer

Enviado el 31/07/2013

Juan Gutiérrez

Los intelectuales y su discurso sobre la mujer huamanguina: 1920 - 1935

Entre 1928 y 1930 se publicaron en Ayacucho alrededor de 12 periódicos por año, lo que refleja un contexto de interés por el trabajo intelectual y académico. Así, la producción de los intelectuales huamanguinos tuvo básicamente un carácter informativo, literario, artístico y científico. El incremento de la producción, el notable aumento del tráfico comercial, hicieron pensar que la región ya era una sociedad “moderna”. A la ciudad llegaron los automóviles y se construyeron carreteras como formas de integración nacional.

Estos cambios favorecieron a los nuevos sectores sociales emergentes como los pequeños comerciantes intermediarios y las vivanderas. Al mismo tiempo, las mujeres de los diferentes estratos sociales comenzaron a tener una mayor presencia en el mercado laboral y en el desarrollo de la actividad intelectual. En efecto, éstas son las mujeres que empezaron a visibilizarse plenamente en el ámbito público, espacio privilegiado del varón; y permitió a los intelectuales construir discursos tomando en cuenta la reformulación conceptual de la función que debía cumplir la mujer dentro de la nueva sociedad moderna (1).

Discurso sobre la mujer huamanguina

Las representaciones sobre las mujeres huamanguinas en las obras de muchos intelectuales de Huamanga reflejaba una actitud inclinada a censurar el desarrollo de las ideas y concepciones de influencias coloniales que venían perpetuándose en la región y que relegaban a las mujeres a sectores inferiores al del varón, como en el discurso pronunciado por Sergio Quijada: “…la mujer en todos los tiempos ha sido objeto de censura por aquellos que la han mirado con el mayor desprecio y olvidado su importancia…”(2).

Con los cambios económicos y sociales al interior de la región, la situación de la mujer urbana de clase media cambió significativamente. Factores como la entrada masiva en el mercado de trabajo, la educación y la mayor participación política fueron los principales agentes de estos cambios. Hasta antes de las tres primeras décadas del siglo XX, la mujer estaba limitada a la esfera doméstica, siendo sus roles definidos para la capacidad reproductiva. El modelo ideal de mujer sería el de esposa (ama de casa) y madre.

Norma Fuller (3) señala que, como producto de estos cambios, el modelo de esposa/madre ya no era capaz de sostenerse en la nueva variedad de situaciones y roles que la mujer empezaba a cumplir. Como consecuencia, la elite intelectual empezó a reformular sus ideas y concepciones y se establecieron nuevas imágenes de mujeres ideales, capaces de representar la nueva realidad femenina, acorde a las exigencias de la vida en sociedad que permitía la plena introducción en la vida pública y su definitiva reafirmación ciudadana; condiciones que pudieron ser alcanzadas mediante el logro del conocimiento a través del proceso educativo, materializándose de esta manera la importancia de la mujer dentro del desarrollo  social.

Este proceso de modernización que venía vislumbrándose a partir de los años 20, trastocó definitivamente la tradicional estructura social de la ciudad de Huamanga. Frente a ello, surgió una necesidad profunda de involucrar a la mujer en la educación para lo cual fue necesario dotarle de instrucción que le sirviera para emprender “honrada y ventajosamente” la lucha por la existencia y las exigencias de la sociedad moderna, haciendo accesible muchas profesiones que estaban vedadas, además de hacer posible su participación en asuntos políticos, económicos y sociales.“[…] Es halagador para el patriotismo el constatar que la mujer ayacuchana se encuentra ya perfectamente capacitada para ejercer no solamente funciones meramente administrativas, públicas y del hogar, sino también para las elevadas disquisiciones de las motivaciones e ideas que la convivencia social pone a diario en juego y es altamente satisfactorio para el centro cultural de Ayacucho, el contar con distinguidas intelectuales ayacuchanas, número que no cabe duda irá aumentando…”, refirió Manuel E. Bustamante (4).

Dentro de este contexto, el Centro Cultural de Ayacucho no solamente estaba constituido por intelectuales varones sino también se dio acceso a la participación de la mujer en los eventos culturales, quienes eran reconocidas como las trabajadoras más dinámicas y más activas para el desarrollo de la institución y a la vez para la región:“…realza la presencia de las activas profesionales el bello sexo, entre los caballeros más destacados de nuestra sociedad, quienes han tenido la oportunidad de poner en relieve cuanto les interesa nuestra sociedad….” (5).

Para muchos esta época fue motivo de algarabía. La mujer ganaba el derecho a integrase a la sociedad ya no como el complemento del varón, sino como un sujeto social capaz de expresión y de sentar las bases económicas e ideológicas para la construcción de la nueva sociedad.

En consecuencia, la imagen de la mujer urbana huamanguina, representada inicialmente como relegada y con espacio limitado para la interacción social y sin mayores posibilidades de emergencia en el ámbito público, terminó siendo representada como un elemento más, capaz de impulsar el desarrollo social mediante el logro del conocimiento, tal y como se puede evidenciar en la siguiente cita: “La mujer considerada como un ser débil física y moralmente para la lucha por la conservación de la especie humana, por su constitución anatómica, se halla en vías de elevar sus aptitudes al estado de poder (…) considerarse más capaz y libre para sí misma y las que dependen  de ellas” (6).

Estos cambios relacionados con el trabajo femenino como señala María Mannarelli (7), obligaron a las mujeres de los grupos dominantes y urbanos a asumir actividades laborales que rebasan los protegidos ámbitos privados, provocando de esta manera un cambio sustantivo en los oficios ligados a la educación.

NOTAS:

1. Véase,  Juan Gutiérrez (2007)
2. Discurso de Sergio Quijada en el aniversario del “Centro Cultural de Ayacucho”.
3. Fuller, Norma: “La disputa de la femineidad en el psicoanálisis  y las ciencias sociales”.En: Debates en sociología, Nª.18, PUCP, 1993.
4. Manuel E. Bustamante. Discurso pronunciado en conmemoración  al aniversario del Centro Cultural de Ayacucho. En Revista Huamanga, Nª 49 y 50. Ayacucho, 1947.
5. Editorialista de la revista El Granito, Nª 12, Ayacucho, 1924.
6. Ibid: 28
7. Mannarelli, Emma. “Masculinidad y femineidad”, en revista Ideele, Nª 100, Lima. 1986.

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