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Francisco en el Perú

Enviado el 31/10/2017

Imagen: Perú Católico

No cabe duda que la visita del Papa Francisco, el verano próximo, trasciende los asuntos meramente pastorales. Diversos analistas ya están señalando que su presencia, además de los mensajes específicos que dirija a la feligresía católica (en la cual me incluyo), tendrá un impacto sobre la vida social y política del país. Por ejemplo, se menciona el efecto que tendrá en atemperar las constantes crispaciones entre gobierno y oposición, e incluso que el ambiente que se respire esos días influirá en el ánimo ciudadano, con el consecuente incremento de la aprobación del Presidente o del gobierno.

Debo confesar que era muy escéptico respecto a este evento. En general, me dicen poco las celebraciones masivas que constituyen una escenificación de la jerarquía eclesial interna, es decir del profundo clericalismo que reina en la Iglesia Católica (reconozcan aquí mi mirada antropológica). Me genera más desconfianza cuando vienen precedidas por discursos cliché que me resultan absolutamente superficiales, tales como “el Papa viene a transmitir un mensaje de esperanza”, o frases similares que son tan usuales en obispos y curas, periodistas y políticos.

Pero la reciente visita de Francisco a Colombia me hace revisar mi desconfianza inicial. Los mensajes papales fueron tremendamente movilizadores en torno a principios y valores evangélicos muy profundos, todos ellos ordenados en relación al ideal de paz que buena parte de la sociedad colombiana está buscando, y que en este tiempo se materializa a través del imperfecto acuerdo entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, y en el diálogo con el ELN que avanza a trompicones. Fustigó duramente a quienes se oponen a este proyecto (“No pierdan la paz por la cizaña”), escuchó e invitó a abrazar a las víctimas del conflicto, y su reflexión elevó, al menos temporalmente, el nivel del debate público en el vecino país, colocando en el centro de la discusión consideraciones éticas sobre la vida y la paz.

¿Será posible que su visita al Perú genere impacto en la sociedad y la política a partir de mensajes que inviten a la aplicación de los valores evangélicos sobre la realidad concreta de nuestro país? Podría esperarse algo así teniendo en cuenta que los viajes del Papa son preparados con mucha anticipación. Pero prefiero no cantar victoria antes de tiempo.

La agenda posible de temas a tratar es bastante larga y no quiero entrar aquí en especulaciones, pero sí considero que hay un asunto que es insoslayable: las víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes o líderes espirituales, en particular los cometidos por Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio, y encubierto por la dirigencia de dicha organización. En este tema la jerarquía eclesiástica, tanto en Lima como en el Vaticano, ha actuado en forma claramente anticristiana, protegiendo a los culpables y revictimizando a quienes sufrieron vejaciones. En mi opinión, una visita sin alusión directa y concreta a este asunto, con una voz para las víctimas, los victimarios y los encubridores, dejará coja la visita, y no solo en términos eclesiales, sino también minará la veracidad del mensaje que se viene a compartir con una sociedad entera.

Twitter: @RivasJairo

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