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El “Plan Verde” de 1989-1990. [V Parte]

Enviado el 31/10/2017

El llamado “Plan Verde”, elaborado por militares y civiles derechistas que preparaban un golpe de Estado al final del primer gobierno aprista de Alan García Pérez (1985-1990), fue dado a conocer por el sociólogo Fernando Rospigliosi en: ‘Las Fuerzas Armadas y el 5 de abril: La percepción de la amenaza subversiva como una motivación golpista’ (IEP, Documento de Trabajo No. 73, 1996).  Disponible en el repositorio digital del Instituto de Estudios Peruanos: <http://repositorio.iep.org.pe/handle/IEP/321>.

El análisis de Rospigliosi contrasta el comportamiento de las Fuerzas Armadas peruanas en la década autoritaria fuji-montesinista, con la actuación de las instituciones castrenses a lo largo del siglo XX, pero especialmente durante el Gobierno Militar de las Fuerzas Armadas (1968-1980), iniciado por el Gral. Juan Velasco Alvarado.

Rospigliosi concluye: “Como queda claro después de leer el Plan del Golpe, se había producido un cambio radical en los militares respecto a algunos temas predominantes en las cúpulas castrenses en la década de 1970.  A diferencia de las propuestas estatizantes, antiimperialistas y socializantes de aquella época, ahora sostienen con entusiasmo las doctrinas de la economía liberal, de las privatizaciones y el predominio del mercado.  Ese cambio ha llevado a algunos a sostener que estamos viviendo en el Perú [de la década de 1990] una ruptura completa con la etapa velasquista.  En realidad, el sustrato autoritario y corporativista de ciertos militares y su convicción que son ellos los únicos que pueden ordenar y conducir el país, es la misma.  Han cambiado las modas estatizantes predominantes en el Perú y América Latina en los años setenta, por la moda del libre mercado, dominante en los noventa.  Pero en esencia, el modelo autoritario y corporativista es el mismo, adaptado ciertamente a las condiciones internacionales de fines del siglo XX, que hacen muy difícil la instauración de un gobierno institucional de las FFAA” (Rospigliosi 1996, p. 39).

¿Cómo se llegó a este vuelco derechista y neoliberal, especialmente del Ejército?  El sociólogo Alberto Adrianzén, en un artículo publicado en la revista ‘Quehacer’ de Desco (“El Plan Verde”, no. 107, mayo-junio, 1997), lo plantea y explica así:

“…por qué se llega a esta situación.  Qué factores intervienen en las FF.AA. para que una cúpula civil­militar o militar­civil sea capaz de gobernar los destinos de las instituciones militares y del país.  Y, finalmente, qué explica que unas Fuerzas Armadas que en la década del setenta dieron muestras de abierto nacionalismo y de vocación reformista sean hoy [en la década de 1990] sustento de un gobierno autoritario y (neo)liberal.

“Es la suma de varios factores lo que puede explicar este tránsito.  El primero, es el agotamiento de la generación velasquista en la década de los ochenta, lo que conduce no sólo a la desaparición del clima nacionalista y reformista de los setenta sino también a un vacío de liderazgo institucional.

“El segundo, es la propia guerra antisubersiva contra Sendero Luminoso.  Hasta el momento [en 1997] no se han medido en toda su dimensión los efectos negativos de la guerra interna en las FF.AA., en un contexto democrático.  Sin embargo, podemos anotar algunos: de un lado, un conflicto abierto entre militares y civiles debido a las escasas prerrogativas políticas de los primeros, a pesar de sus altas responsabilidades en la conducción de la guerra interna; y, de otro lado, el rechazo a las ideas izquierdistas que fueron parte sustancial de la ideología militar velasquista en los setenta.

“El tercero, es el impacto al interior no sólo de las FF.AA. sino de los grupos empresariales de la ideología neoliberal, como consecuencia del «exitoso» modelo económico pinochetista [en Chile].

“El cuarto, es el vacío de poder en el país como consecuencia de la crisis política y económica de esos años, que se agudizó durante el gobierno aprista a extremos que ponían en riesgo la viabilidad del país.

“El quinto, son los cambios radicales ocurridos en el escenario internacional, como son el final del conflicto Este­Oeste [la “Guerra Fría”, con la caída del Muro de Berlín y colapso de la Unión Soviética en 1989-1991] y la instauración del diálogo Norte­Sur.

“A lo que habría que sumar, por si fuera poco, y tensando aún más los estados de ánimo, los rumores sobre una no descartada intervención armada en el Perú por una fuerza multinacional integrada por los EE.UU. y algunos países vecinos para ayudar a contener el crecimiento explosivo de Sendero Luminoso, que era considerado ya como una amenaza continental.  No hay que olvidar que el gral. Pinochet, por esos años [de la década de 1980], afirmó que estaba dispuesto a combatir al comunismo más allá de sus fronteras nacionales.

“No sorprende, pues, que en este contexto los autores del plan de fines de los ochenta hayan sacado la conclusión de que la vigencia del régimen democrático entraba en colisión con las posibilidades de gobernabilidad del país y con la propia seguridad nacional.

“La opción, en semejante contexto, fue priorizar la gobernabilidad, la seguridad y la reforma liberal de la economía, suprimiendo el régimen democrático e instalando un gobierno civil­militar cuya ideología autoritaria se cimentaba en una mezcla de la política antisubversiva con el neoliberalismo económico.  En última instancia, una suerte de «liberalismo antisubversivo».

“El gobierno [fujimorista] encontró la ocasión de hacer valer esta opción con el autogolpe del cinco de abril [de 1992], cuando el Parlamento modificó y suprimió un conjunto de Decretos Legislativos -­promulgados ya por el gobierno-­ vinculados a la pacificación, al poder del SIN y al rol de las FF.AA. en la guerra interna; y cuando el Tribunal Constitucional de entonces, coincidentemente, frenaba la reforma económica liberal al declarar inconstitucionales varios Decretos Legislativos.

“Pero ese nuevo poder militar no se expresó en un mayor poder institucional de las FF.AA, sino más bien en el fortalecimiento político de los altos mandos militares y de los sectores ligados a los servicios de inteligencia, como se demuestra en los Decretos Legislativos emitidos luego del autogolpe y en posteriores normas, una de las cuales, por ejemplo, le permite al gral. Nicolás Hermoza decidir, en la práctica, los ascensos militares, al no pasar éstos, como era la norma, por el Congreso”.

*          *          *

¿Quiénes fueron los militares que, en 1989-1990, planearon derrocar a Alan García y tomar el poder para implementar el “Plan Verde”?  Adrianzén afirma sobre: “los autores del Plan de fines de los ochenta: todos o casi todos terminaron en la oposición al régimen fujimorista.  Y ello se explica porque las tesis de este grupo sobre la instalación de un gobierno cívico­militar presuponían la presencia institucional de las Fuerzas Armadas en ese gobierno y no de un grupo cerrado de civiles y militares, como hoy día [en 1997] sucede, conformado por los aparatos de inteligencia, una cúpula militar y un sector civil que encabeza el presidente Fujimori, que se ha hecho cargo del poder desde el autogolpe del cinco de abril de 1992”.

¿Quiénes eran esos militares “institucionalistas”, autores del “Plan Verde”, desplazados entre 1990 y 1992 por el triunvirato cívico-militar encabezado por Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y el presidente del Comando Conjunto de las FF.AA., el Gral. Hermoza Ríos (entre 1992-1998)?  Según Adrianzén: “Todo indica que sus principales autores, simpatizantes del FREDEMO todos ellos, fueron paulatinamente separados de sus cargos o, simplemente, perdieron influencia.  Si bien sus autores, algunos de los cuales se encontrarían hoy [en 1997] en oposición frontal al gobierno de Fujimori, guardan silencio, lo cierto es que intentaron en reiteradas oportunidades tomar el poder”.

Adrianzén sugería que los golpistas de 1989-1990 habrían sido los mismos “militares institucionalistas” que rechazaron el “Fuji-golpe” de 1992: “El pase al retiro del general Valdivia en 1992, el intento de golpe del general Jaime Salinas Sedó, en noviembre de ese mismo año, y las denuncias del general Rodolfo Robles sobre el caso La Cantuta y el grupo Colina, deben ubicarse en el contexto del triunfo de los autores del autogolpe del 5 de abril”.  Queda abierta una última pregunta: ¿quiénes fueron los civiles --neoliberales vinculados al empresariado-- que colaboraron en la redacción del “Plan Verde”?

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