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Una publicación de la asociación SER

Eduardo Ballón: Keiko Fujimori sólo sabe negociar a patadas

Foto: IDL-Reporteros

Noticias SER entrevistó al antropólogo e investigador de DESCO, Eduardo Ballón, quien analiza el último enfrentamiento entre el presidente Martín Vizcarra y la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, además de brindar una lectura a la campaña para las elecciones regionales y municipales. 

¿Cómo entender este cambio - casi brusco - en la relación entre el fujimorismo y Ejecutivo? ¿Qué busca Fuerza Popular?

Fuerza Popular y más concretamente Keiko Fujimori sólo sabe negociar a patadas. Tienen dos objetivos, el primero que es a la vez el más importante y urgente para ellos es mantener al fiscal Chávarry como parte de su estrategia de control de daños. El segundo es ganar tiempo porque están en el sótano de la opinión pública y eso está directamente ligado al referéndum y a las cuatro propuestas del Ejecutivo. Como es evidente, la lógica de Keiko Fujimori ha ido en escalada, con un primer vídeo sibilino y edulcorado pero insinuando hacia donde apuntaba y luego con declaraciones que buscan cubrir con un manto de sospecha al Ejecutivo y en particular al presidente, para en estos términos, buscar entrar a una negociación.

Ni Martín Vizcarra ni Keiko Fujimori salen bien parados ¿pero a quién afectan más estas revelaciones?

Independientemente del nivel de aprobación del presidente, es claro que desde un primer momento, el Ejecutivo no ha gozado de la confianza de importantes sectores de la opinión pública que permanentemente sospecharon o entendieron que había algún tipo de arreglo con el fujimorismo. En ese sentido, el que el presidente aparezca mintiendo sí lo afecta. Ciertamente, el presidente queda golpeado pero Fujimori termina bastante más afectada. Refuerza esta imagen del matón del barrio que primero pega y después pregunta.

¿Qué viene ahora que se ha reactivado este distanciamiento?

Por las declaraciones del presidente puede ser el inicio de una confrontación mayor. Sin embargo, la posibilidad de una negociación -que tendría las características de un gatopardismo: cambiar todo para que nada cambie- tiene todavía un espacio en la medida en que se haga el referéndum. De pronto este no se realiza en diciembre que es lo que puede pretender el fujimorismo y termina siendo un “gana-gana” porque Fuerza Popular gana tiempo para recomponerse y el presidente saca adelante sus propuestas. El tema de fondo va más allá y lo nuevo en el escenario es que un gobierno débil y frágil cuyo interés mayor desde el inicio es llegar al 2021, termina creando una figura que convoca al pueblo para resolver una crisis política que el sistema no puede enfrentar. Ese es el elemento nuevo que podría hacer que la calle y otros sectores políticos terminen apropiándose del referéndum como un hito parteaguas, que en el mediano plazo sirva para abrir un proceso con un carácter más constituyente porque los temas en consulta son elementos de los que pueden valerse precisamente para abrir un proceso más amplio, que sí atienda temas de fondo que no se resuelven con las cuatro medidas propuestas por el gobierno.

Justamente, las reformas van encontrando trabas, ¿qué debería hacer Martín Vizcarra?

Al presentar la figura del referéndum, con conciencia o sin ella, el presidente optó por la calle y ahora se encuentra cruzando un rubicón en el que si da la espalda, además de dejarlo solo, provocaría que más temprano que tarde la calle se ponga en su contra. La gracia que Martín Vizcarra ha tenido estas semanas con la mayoría de medios de comunicación la empezó a perder el último domingo en la noche.

A diferencia de la gran mayoría de la población, Keiko Fujimori quiere que el fiscal Chávarry continúe, ¿cuál es su opinión al respecto?

Es evidente que el fiscal Chávarry necesita a Keiko Fujimori porque Alan García no tiene ninguna fuerza en este momento para ayudarlo, así como es evidente que Fujimori y García necesitan del fiscal Chávarry. A todos ellos les urge materializar ese camino en el que se está tratando de anular los audios o la posibilidad de sancionar al fiscal Pérez.

Cambiando de tema, estamos a menos de 40 días de las elecciones regionales y municipales ¿cómo ve la presencia de los partidos nacionales?

El asunto tiene dos caras. En sentido estricto, de las 327 listas regionales que se han inscrito, la mayoría de ellas son de partidos nacionales. 73% de las listas regionales, 65.9% de las provinciales y 61.4% de las distritales son de alguno de los 22 partidos. Sin embargo, hay dos que tienen una presencia muy significativa: Alianza Para el Progreso compite en el 100% de las regiones, en el 93% de las provincias y prácticamente en el 70% de los distritos, mientras que Acción Popular, -que intenta aletear- compite en 92% de las regiones, en casi 80% de las provincias y en más del 51% de los distritos. Al otro extremo, Solidaridad Nacional, Peruanos Por el Kambio y el APRA tienen una participación bien poco significativa. En otro sentido menos formal, a diferencia de procesos anteriores, los partidos nacionales están operando definitivamente como franquicia de una cantidad de pequeños caudillos y líderes regionales que optan por una denominación u otra para su pretensión en los distintos espacios.  

¿Y en relación al fujimorismo?

Fuerza Popular está presentándose en el 68% de las regiones, en casi 42% de las provincias y poco más de 27% de distritos. Con otras denominaciones, por ejemplo en Piura, donde el ex congresista Juan Díaz Dios postula con el movimiento de los hermanos Paz. En otros sitios también se están presentando en 2 y 3 listas en acuerdo, alianza o presencia en distintas denominaciones. En general, diría que dadas las nuevas normas, prácticamente en todas las regiones tendremos segunda vuelta y más allá de la ausencia en términos de acción de los partidos nacionales, la gente demuestra un desinterés muy grande en las elecciones.

¿Qué ocurre con la izquierda?

Cabría preguntarse exactamente qué entendemos por izquierda. Si uno piensa en izquierda institucional, el Frente Amplio presenta candidaturas en 16 regiones y Juntos Por el Perú en 11, aunque en un número limitado de provincias y en un número más limitado en distritos. Por otro lado, hay una cantidad importante de gente que podemos definir de izquierda que está participando desde movimientos y de agrupaciones regionales, lo que evidencia una gran dispersión por lo que no hay que tener mayores expectativas de resultados favorables. Lo cierto es que en este momento las izquierdas están muy lejos de recuperar su vinculación con la gente, con los territorios y la cotidianidad. Están atrapadas en un juego de ilusiones. Primero fue la polarización Kuczynski – Fujimori y ahora Ejecutivo - Fujimori y no terminan de construir una identidad propia y clara que empate con las miradas de la gente y sus problemas.