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Una publicación de la asociación SER

Jefrey Gamarra "El gobierno no conocía la realidad y no hubo confianza en los actores locales y regionales"

Omar Rosel

El descenso de la curva de contagios por Covid-19 aun parece estar lejana, lo que muestra que las políticas aplicadas el gobierno nacional y las acciones realizadas por los gobiernos subnacionales no han dado los resultados esperados. El temor es que las cifras continúen en aumento porque en buena parte del país se levantó la cuarentena, la gente ha salido a las calles y la supuesta “nueva normalidad” es sólo un discurso. Para conversar sobre este complejo contexto desde una visión regional, Noticias SER entrevistó a Jefrey Gamarra Carrillo, historiador, docente de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga y analista político.

 

¿Cuál es su evaluación sobre la forma como el gobierno nacional ha gestionado la cuarentena y el combate contra el covid-19?

En el nivel nacional ha respondido con las políticas que ya conocemos pero estas presentan problemas a nivel subnacional, porque las políticas diseñadas desde el Estado central no toman en cuenta las diferencias regionales e incluso locales. Esta situación ha traído como consecuencia que la curva de contagios no declina. No ver las particularidades es una de las principales debilidades en las decisiones que tomó el gobierno.

¿Se podría decir que además de no considerar las particularidades regionales, también fallaron los mecanismos de articulación intergubernamental?

Ahí creo que ha jugado mucho la receptividad de cada gobernador regional y la pandemia ha mostrado las debilidades de la descentralización. Finalmente, los gobernadores regionales lo que hicieron es acatar decisiones nacionales del gobierno central y han tenido poca capacidad y autonomía para decidir y tener una lectura más regional y local de las cosas. Sin duda, las debilidades de los gobiernos regionales también han permitido la propagación del coronavirus.

¿Cuál sería el factor central que impidió que las medidas gubernamentales no hayan tenido resultados adecuados?

Es difícil enumerar de errores y creo que son bastantes. Uno de los errores más notorios ha sido la improvisación en casi todo y esto se vio en el cambio de Ministro de Salud en plena pandemia, lo que muestra las debilidades del aparato central. Segundo, hubo medidas que exigían respuestas más drásticas, por ejemplo para evitar la corrupción. Y lo tercero, es la firmeza que debió tener el gobierno con los sectores involucrados y al mismo tiempo la capacidad para dialogar e incorporar al sector privado y a las organizaciones sociales que debieron estar trabajando de la mano con el gobierno y participar en la toma de decisiones en base a consensos y acuerdos.

¿Qué opina de este discurso que exigía a la población quedarse en casa, pero no tomaba en cuenta las dificultades de vivir sin contar con recursos económicos suficientes?

La intención era buena. Pero el sostenimiento del plan de apoyo a los hogares de bajos recursos no estuvo bien implementado y este fue un problema central. Ello revela que el gobierno no conocía la realidad y no hubo confianza en los actores locales y regionales para que la ayuda no solamente se canalizara a través del sistema bancario, sino involucrando a organizaciones de base, iglesia, gremios locales, asociaciones de productores. El gobierno no fue capaz de generar una articulación de arriba hacia abajo y al mismo tiempo de esperar respuesta de abajo hacia arriba. Si vemos lo que ocurrió, la gente empieza a salir después de un mes a las calles porque es el momento en que empiezan a faltar alimentos y recursos económicos.

¿Cree que hay posibilidades de generar procesos políticos que permitan superar las brechas sociales que han quedado más expuestas que antes con la pandemia?

Es bien difícil esperar un giro en las actuales circunstancias porque la crisis aún no ha concluido y en este momento no hay soluciones a largo plazo. Estamos en una dinámica de la política que es sumamente confrontacional y es muy difícil lograr consenso. Pensando más allá del Bicentenario, debemos ver cómo llamar a un diálogo nacional que sea realmente inclusivo e integre a gobiernos regionales y locales, así como organizaciones de base. El gobierno tiene que dar una respuesta para generar un gran encuentro nacional para construir la salida a la actual situación.

¿Se puede lograr una “nueva normalidad” o sólo es un discurso?

Cuando uno revisa las estadísticas quisiera que la curva de contagios decline, pero ahora eso no es más que un deseo. La normalidad va a tardar en llegar así es que tenemos que ir adaptándonos a vivir en una situación de crisis. El gran problema es que la normalidad no la conocemos todavía bien, no sabemos las características de esa nueva normalidad.

¿Cómo califica el trabajo del Congreso en este contexto?

Finalmente la política dejó de ser política. Antes había un intento de formar una clase política, pero ahora ya no vemos nada de clase ni de política. Creo que el parlamento es un agregado de individualidades y se ha perdido la noción de lo que es bien común. Lo único que se ve son grupos, segmentos y pequeñas logias que imponen sus propios intereses. A mí me da mucha pena ver cómo hemos llegado a este tipo de Congreso y creo que esta crisis de las clases políticas también ocurre a nivel mundial, si vemos lo que viene ocurriendo en los Estados Unidos. El descrédito de la política nunca ha sido tan fuerte como en estos dos primeras décadas del siglo XXI.

¿Cómo evalúa la gestión del Gobierno Regional de Ayacucho?

En Ayacucho se necesitaba un gobernador regional mucho más firme y capaz de poder hablar de frente con el gobierno central y explicar la problemática de nuestro departamento. Otro tema es que en el caso del plan de reactivación, que está hasta ahora en elaboración, la región no ha presentado una propuesta no ha negociado una implementación acorde con nuestra realidad. Varias regiones han accedido a los fondos de la reactivación, pero Ayacucho ha sido incorporado sólo con el 1% del total de los recursos. Ahí faltó más protagonismo del gobernador y de sus funcionarios y creo que también faltó más protagonismo de la mancomunidad regional Los Andes.

Sobre la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, ¿considera que está en la capacidad de llevar procesos virtuales de formación universitaria?

Yo he señalado a otros colegas que tenemos que ser creativos porque nadie podrá decirnos con certeza qué modelo de educación virtual no presencial debemos implementar en la Universidad de Huamanga. Esta tiene la obligación de encontrar un modelo local y regional de universidad acorde con nuestra realidad. Tengo la impresión que se ha perdido mucho tiempo en discutir en el acceso a recursos y tomar decisiones. Pero, además, hasta donde conozco, hubiera sido más sencillo que el Ministerio de Educación y el Ministerio de Economía y Finanzas, dispongan que los recursos que tienen las universidades se destinen a asistir a los estudiantes en esta crisis. Es increíble como el Ministerio de Economía dispone de apoyos económicos para los empresarios, pero no para la educación pública superior.