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Una publicación de la asociación SER

Mario Ríos: “la pandemia se afronta integralmente, y es lo que le falta hacer al gobierno”

Raquel Palomino Q.

Entrevistar al Dr. Mario Ríos Barrientos, especialista en salud pública, en medio de esta epidemia, permite indagar en un sistema de salud que no culpa a la gente por enfermarse ni le dice que su salud es un asunto individual; sino que es preventivo, integral, entiende la salud como un derecho y no como una enfermedad a negociar.

El Coronavirus plantea la necesidad de contar con un sistema de salud público ¿A qué nos referimos?

Un sistema de salud público es la capacidad que tiene una sociedad para atender la necesidad de salud, donde el Estado regula lo público y lo privado para garantizar el acceso a una salud de calidad, bajo el principio de la salud como derecho. En nuestro caso, el sistema de salud es público, pero está orientado a una visión mercantilista con reglas pro mercado y no a favor del derecho a la salud.

¿Cómo entender la salud pública con enfoque de derechos?

Este enfoque entiende a la salud más allá de la enfermedad, garantiza el acceso a los servicios de salud y es preventiva. Por eso, garantiza que la persona tenga acceso a una alimentación saludable, acceda a agua potable, tenga actividad física y a una serie de condiciones que permitan calidad de vida.

¿Y cómo es un sistema de salud con enfoque de mercado?

Un sistema de salud con enfoque de mercado se desarrolla a partir de la enfermedad porque de esa manera tendrá demanda. Es decir, ganancias. Si una persona se enferma le dirán: “para curarte puedes comprar esto o pagar este servicio”. Por lo tanto, entiende la enfermedad como un problema personal, no de interés público.

¿El Estado regula el servicio de salud en nuestro país?

El Estado cumple un rol regulador, lo que no tiene es capacidad de supervisar el cumplimiento de lo reglamentado. En ese sentido, es un Estado débil. Además, muchas reglas son injustas. Por ejemplo, las reglas sobre medicamentos. Por estas normas, el Estado debe comprar medicamentos a empresas que tienen patentes registradas en el país, por eso pagó 29 soles por cada tableta de Atazanavir, medicamento para el tratamiento del VIH, cuando pudo pagar 1.40 soles en Bolivia.  Otro ejemplo es el medicamento Trastuzumab para el tratamiento del cáncer de mama. Por cada dosis, el Estado abonó cerca de 5,000 soles cuando pudo adquirirlo a 98 soles. Esto impidió que el Seguro Integral de Salud (SIS) pueda atender a las 5,000 mujeres que sufren de cáncer de mama al año y solo pueda atender a 600.

¿Cuál es el rol del ciudadano?

En un modelo mercantil, es un cliente que si tiene dinero accede a los servicios de salud. Esto se condice con el Banco Mundial que, en el informe “Invertir en Salud”, señala que las enfermedades no transmitibles son problemas individuales que deben ser resueltos por las personas. En cambio, en un sistema de salud con enfoque de derechos, las enfermedades son un problema social, el ciudadano es sujeto de derechos a quien el Estado le garantiza calidad de vida.

 ¿Qué pasa con los seguros de salud?

En el caso del SIS, este solo cubre las dos terceras partes de las enfermedades, atiende entre 14 y 15 millones de personas, pero tiene un presupuesto aproximado de 2,000 millones de soles. Por este motivo, por ejemplo, el Plan Esperanza no cubre todos los tipos de cáncer; o la epilepsia refractaria, cuyo tratamiento es muy caro, tampoco es cubierto.  

¿Qué pasa con ESSALUD?

Sus aportes han disminuido dramáticamente. Hasta el año 1997, los trabajadores y empleadores aportaban el 12% de su salario, pero Fujimori lo redujo a 9%. Además, autorizó el uso del 25% de ese aporte en Empresas Privadas de Salud (EPS) para la atención de enfermedades simples (gripe, etc.), lo que redujo a 6.75% el aporte a Essalud. Pero ahí no quedó. Luego, se aprobó que los trabajadores del sector agrario solo aporten el 4% de su salario; y en el segundo gobierno de Alan García, que los CAS solo aporten el 9% de 01 UIT sin importar el monto de los salarios. Esto contribuyó a deteriorar el servicio. Entonces, profecía autocumplida: el seguro social no funciona, promovamos las clínicas privadas.

¿Y el rol de la empresa en nuestro modelo de salud?

La Constitución señala que el Estado actúa subsidiariamente no como actor principal; promueve la participación de empresas que además solo intervienen en enfermedades con las que pueden hacer negocios. Por ejemplo, está permitido que las clínicas vendan medicamentos a precios muy inflados y la integración vertical. Es decir, que un seguro privado, por ejemplo, contra el cáncer, te pueda enviar a una clínica “x” que cobra por sus procedimientos precios tan altos que agotan tu seguro. Antes, se auditaban los procedimientos para verificar si eran necesarios o no. Ahora, ya no se fiscaliza.

¿Qué otra característica tiene nuestro actual sistema de salud?

La fragmentación del sistema en varios subsistemas: Essalud, SIS, sector privado, FFAA. Situación que debilita la capacidad de respuesta del Estado e impide un sistema universal que logre complementariedad en la administración de sus recursos. Un sistema desintegrado genera carencias en el servicio. Así nos encontró la epidemia.

¿El Coronavirus nos encontró con un sistema de salud desintegrado y débil?

Observamos que cada sector compra por su cuenta pruebas, insumos y trata de responder según su capacidad; que no contamos con la cantidad de pruebas moleculares necesarias ni a tiempo, lo que revela que no estamos preparados para una casuística más alta de la epidemia. Esperemos superar esto, pero ahora no sabemos dónde está el virus porque no lo estamos testeando. El 12 de marzo, recién se emitió el DS N° 008-2020 SA solicitando el plan de acción y la relación de bienes y servicios a comprar cuando el 31 de enero, la OMS ya recomendaba tomar acciones. La fragmentación se debe superar, pues la pandemia se afronta integralmente, y es lo que le falta hacer al gobierno.

¿Cuáles son los cambios de fondo para estar mejor preparados?

Primero, entender la salud no como enfermedad ni sectorialmente sino de manera preventiva, intersectorial e integralmente. Se debe fortalecer la capacidad de respuesta del sector y mejorar las condiciones sociales de existencia de la gente, su educación sanitaria, ciudadana, sus ingresos económicos para que un nuevo aislamiento social, se pueda cumplir a cabalidad.   

¿Dar un bono económico es parte de entender al sistema de salud de manera integral? Más vale tarde que nunca.  

Claro, pero las medidas económicas que está dando el gobierno no son suficientes. Tomando en cuenta que no hay sistema de salud que soporte la dimensión de la epidemia, el aislamiento social es clave para que la mortalidad no sea alta. Por eso, urge disponer de un bono compensatorio universal para todas las familias que lo necesiten y así evitar que salgan a las calles a trabajar, pues no se puede lograr el aislamiento social echando la culpa a la gente o reforzando solo la seguridad.