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Una publicación de la asociación SER
Comunicadora y feminista. Responsable de comunicaciones de la Asociación Servicios Educativos Rurales - SER

Isabel Cortéz: "Ser mujer sindicalista, dirigente y mamá, es bien difícil"

En el 2014, los y las trabajadoras del Sindicato de Trabajadoras Obreras y Obreros de Limpieza Pública de Lima SITOBUR, demandan a la Municipalidad de Lima, exigiendo la continuidad de su trabajo y el mejoramiento de sus condiciones laborales. En el 2017, luego de más de tres años, la corte suprema ratifica la sentencia de la sala superior que había declarado en favor de las trabajadoras del SITOBUR. Pero lo que pocos sabemos es que esos tres largos años, han significado muchas humillaciones, agresiones, marchas, plantones, arrestos, despidos, incluso poner en riesgo sus vidas. Isabel Cortéz, es una de las mujeres líderes del SITOBUR que impulsó la gesta, es uno de los personajes emblemáticos de la campaña #MeLaJuegoPor impulsada por la CNDDHH,  y esta es su historia.  

 

Son las ocho de la mañana e Isabel acaba de llegar de hacer su turno del día, su energía es tal que una no puede imaginar que estuvo desde la diez de la noche del día anterior barriendo la mugre de la ciudad y aunque ella quisiera limpiarla de tanta injusticia y corrupción, por ahora la labor de hacerla ver “mejor” para quienes la ocupamos, la hace sentirse orgullosa.

Isabel nos cuenta que sentir y ver los abusos de la empresa hacia los trabajadores, la llevó a pensar en cómo hacer para que eso termine, en cómo lograr que se respeten a las trabajadoras. “Un día me encontré con tres compañeras llorando ¿qué les ha pasado?, les pregunté. Nos han despedido me dicen. Era un despido injusto señorita, y a partir de ahí, tomé la decisión. Otros más se armaron de valor y decidieron formar un sindicato. Primero a escondidas, éramos poquitos, había que tener cuidado”

La reacción de Isabel no es de extrañar, ella es la mayor de cinco hermanos y creció con la responsabilidad de velar por ellos, y años después por sacar adelante a sus tres hijos.

A los 11 años ingresó al orfanato que era administrado por colonos hacendados en Oxapampa, pero al cumplir los 15, empujada por ese espíritu valiente, viajó a Lima con el sueño de convertirse en una aeromoza, de viajar por el mundo.

“Cuando vivía en Oxapampa, yo me quedaba al cuidado de mis hermanitos, porque la hija mujer era la que cuidaba a los hermanos, la que los atendía. Yo voy a cortar la cadena decía, voy a hacer que mis hijos no sean como yo, que solo tengo primaria. Ellos tienen que ser algo en la vida.”

Eran mediados de los ochenta, y la “gran ciudad” no la recibió como ella esperaba. Tuvo que hacer frente a la falta de oportunidades, al racismo, la marginación.

“Cuando mi último hijo cumplió cinco años, otra vez volví a buscar trabajo, y me pregunté y ¿ahora en qué trabajo?, veía a las señoras barriendo, y me dije, si ellas pueden porqué yo no, y me presenté a la empresa, era el año 2004 y tenía 34 años”

“Ser mujer sindicalista, dirigente y mamá, es bien difícil. Nosotras las mujeres del SITOBUR llevamos tres cargas, tres responsabilidades: Una, la responsabilidad de nuestro trabajo; Dos, la responsabilidad de nuestros hijos, en nuestro hogar y; Tres, la responsabilidad del sindicato. Es bien difícil porque las horas no alcanzan, y además la empresa te hostiga, como sabe que a ti no te puede convencer con ningún regalo, con ningún favor, entonces te marca, te tiene a raya, eso es lo que pasó conmigo. En el 2016, hicimos huelga, logramos cerrar el pliego y a la semana siguiente, la empresa voló cabezas, 15 compañeras fuimos echadas a la calle”

La lucha contra la Municipalidad de Lima

Nos enteramos que la Municipalidad de Lima, lanzaría una nueva convocaría para el servicio de limpieza pública y nuestro objetivo era que en el nuevo concurso, el alcalde pusiera una cláusula que garantice la continuidad de las y los trabajadores, con sus beneficios laborales. Le enviamos varias cartas solicitando eso, pero Castañeda nunca nos recibió, por lo que le pusimos la demanda. Primero la sala laboral le dio la razón a la Municipalidad; apelamos y el 31 de marzo de 2017, la sala superior nos da la razón y sentencia que los trabajadores pasen directamente a la Municipalidad. A pesar que la sala superior había sentenciado, el alcalde Castañeda estaba mudo, entonces le denunciamos ante la fiscalía para que investigue y vea por qué no quería acatar la orden de la sala superior. Al poco tiempo, la Municipalidad apela y nos lleva a la corte suprema.

Cuando hemos estado en los días de lucha nos tirábamos al suelo, y ellos (policías) sacaban el rochabus, nos tiraban agua, era agua sucia, contaminada, olía horrible. Ellos no creían en nada, no les importaba que fuéramos mujeres. ¡El agua no mata!, les decía a mis compañeras, ¡El agua no mata carajo!, y resistíamos hasta que los policías comenzaban a lanzar gases lacrimógenos. Un día cogí uno de los gases que nos echaron y lo lancé en dirección a Palacio de Gobierno y es ahí cuando me detienen. Estuve cuatro horas detenida. En otro momento nos hemos tenido que encadenar frente al Ministerio de la Mujer, para que nos atiendan, porque éramos ignoradas. Estábamos luchando por nuestros derechos laborales, pero ni el Ministerio de la Mujer ni el Ministerio del Trabajo se pronunciaban. Ustedes están en el poder judicial, no se puede hacer nada nos decían. También hemos hecho plantones en la Defensoría del Pueblo y otro frente al Congreso.

Cuando me detuvieron, me echaron a la camioneta, como si fuera un costal de papa y hasta ahora me duelen las costillas, nos les importaba que fuéramos mujeres, que fuéramos mamás. Los policías no son capaces de razonar, salen como zombies, te atacan, te echan los gases en la cara, pareciera que no tuvieran sentimientos. Nosotras, solo llevábamos un megáfono, y la mayoría somos mujeres mayores, y ni siquiera por eso tienen cuidado. A mí me cogieron entre cuatro y me aventaron a la camioneta.

Cuando estábamos en la corte suprema, salió la noticia de “los hermanitos” y nos sentíamos preocupados, al ver tanta corrupción. El 19 de setiembre, tomamos Palacio de Justicia e hicimos un plantón con nuestras escobas, ¡A barrer la corrupción! Eso se hizo viral, no pensábamos que iba a pegar tanto, pero fue un éxito y creo que eso evitó que los jueces fueran manipulados.

La sentencia estaba programada para el 17 de octubre, así que el 16, todas estábamos con los nervios de punta e hicimos una vigilia, nos quedamos toda la noche, cantando, gritando, acompañada por los colectivos que se habían solidarizado con nuestra lucha, ellos nos trajeron aguadito, fruta. Fue bonito.

Eran las 10 de la mañana, cuando nos avisan que la Corte había ratificado a nuestro favor. Yo y un grupo de compañeras que estábamos en el frontis de Palacio de Justicia nos pusimos a llorar. Gracias a Dios que la corte ratificó, fue una alegría muy grande.

Para mí, el año 2017, ha sido el año más difícil, he tenido que luchar en dos escenarios. Uno, era lograr mi reposición en el trabajo y el otro era lograr el pase a las planillas de la Municipalidad. Para conseguir mi reposición tenía que estar muy pendiente, porque si lo dejas, demora más y por otro lado debía estar en los plantones, en las marchas, en el poder judicial. Tenía que luchar en dos escenarios, por mí, por mis compañeras y lo logré.”

SITOBUR

 

Hay otros frentes

Hace diez años, a las trabajadoras de limpieza pública nos ignoraban y nos marginaban, incluso ni nos contestaban el saludo. Hoy sentimos que, gracias a la lucha sindical, ha cambiado un poco,  nos respetan y los medios ya difunden nuestra lucha.

Ha sido reconfortante recibir el Premio Anual 2018 "Ángel Escobar Jurado" otorgado por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. El día de la ceremonia me quedé muda de la emoción, estar parada ahí acompañada por todas mis compañeras, fue una emoción muy grande, porque es un reconocimiento a nuestra lucha, porque hemos sufrido bastante, pasado por bastante, porque hemos sido golpeadas, marginadas, incluso hasta hoy soy marginada, porque si un día voy a la plaza y me siento y un  policía me reconoce, me bota.   

Yo no puedo ir libremente a sentarme en la plaza mayor, en las bancas, si hay un policía que me reconoce de los plantones de las marchas, me saca. Ya me han sacado, hace un par de meses, me fui con mi hija a la plaza mayor, estábamos comiendo helados y el policía me reconoció, me dijo: “señora usted tiene que avanzar”, yo le dije por qué, si yo estoy de civil, usted ya sabe por qué, me dice. Eso me hizo sentir mal, porque no es justo, yo no he hecho nada malo, simplemente defendí mi trabajo, defendí mis derechos. Cuando se acercó el policía en ese momento sentí vergüenza, estaba con mi hija, de repente con el tiempo ya no se van a acordar de mí, ya no voy a ser tratada así.

 

Hoy, Isabel lleva más de diez años trabajando en la limpieza pública, ha sido dirigente durante 4 años (2012-2016). Actualmente es presidenta del Comité de lucha, y aunque no es aeromoza, sus ideales y su lucha sindical la han llevado a conocer Brasil, Chile y seguramente le esperan muchos viajes más por el mundo, como ella un día soñó.

Es la madre de Marilyn (26), Frans (24) y Luis (20). La mayor ya es profesional y los otros están camino a serlo. Los tres están muy orgullosos de la mujer sindicalista que ella es. Isabel sueña con que pronto el sindicato logre tener una clínica para la atención de mujeres y una guardería para los hijos pequeños de las trabajadoras. Si estás un día por la noche, en Santa Beatriz, transitando por la Avenida Arequipa o Petit Thouars, seguro que la vas a ver. Ahora la reconocen “me dicen señora SITOBUR, nos hemos hecho conocidas”, dice orgullosa.

SITOBUR

Fotos:  ©Luisenrrique Becerra / Asociación SER