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Una publicación de la asociación SER

Víctor Caballero: Los campesinos y la tierra

Víctor Caballero. Foto Agencia Andina - Juan Carlos Guzmán

Con motivo de la reciente proyección del documental La Revolución y la Tierra dirigido por Gonzalo Benavente, ha vuelto a escena el debate sobre el impacto y los efectos que tuvo la Reforma Agraria hecha por el gobierno liderado por el general Velasco hace 50 años. Con tal razón en Noticias SER les ofrecemos esta extensa entrevista realizada por Teresa Cabrera, miembro de nuestro comité editorial, al sociólogo Víctor Caballero, profundo conocedor del movimiento campesino y de la sociedad rural, quien por años fue asesor de la CCP"

¿Cuáles son los antecedentes de organización campesina que inspiraron la fundación de la CCP?

La creación de una organización campesina es un viejo anhelo. Entre los primeros antecedentes está la organización de los sindicatos agrarios, de los trabajadores de las haciendas azucareras en La Libertad, en la que confluyen tendencias anarquistas y que luego son liderados por el partido aprista; otra corriente son los sindicatos de yanaconas en la costa central, particularmente en Lima-Ica. A ello se suma la irrupción de las movilizaciones indígenas de las comunidades en la sierra central y sur, y las protestas y luchas de las comunidades amazónicas. Pero el primer intento de centralización de la protesta indígena recién se produce en 1919 con el Comité Central Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo.

Este proceso de sindicalización y de creación de una central indígena fue producto también de la acción de intelectuales indigenistas, líderes políticos socialistas y apristas. Su mayor influencia fue en la década del 20 del siglo pasado, aunque luego se debilitó por la acción de represión contra los sindicatos y los partidos aprista y comunista, todos ellos declarados ilegales y perseguidos. Luego, en la década del 40 hay una reactivación de los movimientos de comunidades indígenas y de sindicalización agraria. Producto de ello se convoca al congreso de fundación de la Confederación Campesina del Perú, que se constituye en abril de 1947, producto del trabajo que venían haciendo en el campo el partido aprista, el partido socialista y grupos vinculados con los movimientos indígenas y de los yanaconas. Quien lideraba la convocatoria era el partido aprista, al punto que quien inaugura el evento es Fernando León de Vivero, en ese entonces Presidente de la Cámara de Diputados y congresista aprista por Ica. 

Lideraba la convocatoria, pero no logró la hegemonía una vez producido el Congreso

En el curso de los debates del Congreso de la CCP se fueron configurando alianzas de diversas tendencias: socialistas, indigenistas, líderes de sindicatos de yanaconas quienes, finalmente logran ganar la elección de la directiva, presidida por don Juan Hipólito Pévez, dirigente de Ica que había sido secretario del Comité Central Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo, que presidía el puneño Ezequiel Urviola, el indio revolucionario y socialista, como lo calificó José Carlos Mariátegui. 

Por supuesto que el APRA sintió la derrota y pasó a cuestionar la formación de esta nueva central campesina. Unos años antes, el APRA había constituido la Central de Trabajadores del Perú CTP con la hegemonía absoluta de este partido. A la base de la disputa entre los apristas, los socialistas e indigenistas estaba la demanda de lucha por la tierra y la reforma agraria que había sido una bandera de lucha agitada desde los inicios de la organización sindical. La reforma agraria era un tema pendiente, sobre el cual había consenso, pero también discrepancias. Por supuesto que ese proceso acabó cuando se impuso la dictadura militar de Odría que pasó a ilegalizar a los partidos y sindicatos, entre ellos a la CCP. La búsqueda de que la reforma agraria se concrete fue una acción de gobierno que se frustró. 

¿Cuáles son los matices entre lo que imaginaba el APRA y las demandas que llevó esta alianza entre indigenistas y socialistas?

Primero, el matiz del control político orgánico. El APRA tenía un importante trabajo sindical con los azucareros en la costa norte, y con sindicatos de yanaconas en la costa central; tenía también como bandera la reforma agraria, pero en los virajes sucesivos las ideas de cómo aplicarla se fueron desvirtuando de la idea de ligar la lucha por la tierra con la lucha contra el latifundismo y el gamonalismo. El APRA, en su estrategia de gobierno, fue reduciendo sus banderas con el propósito de ganar como aliados a los hacendados y terratenientes. Cuando el APRA fue derrotada en su intento de capturar el control de la CCP por la oposición indigenista socialista, optó por crear su propia central campesina, la  FENCAP bajo control total del partido aprista. Este vacío que dejaba el APRA fue copado por los diferentes sindicatos de orientación socialista y democrática. Si bien los partidos de izquierda de entonces, que eran ilegales todos, no tenían una estrategia de gobierno, si tenían la fuerte convicción de impulsar la acción directa de la lucha sindical y las movilizaciones de las comunidades indígenas por la tierra para acabar con el gamonalismo y el yanaconaje.

¿Qué sectores políticos y sociales se mostraban receptivos frente a las reivindicaciones campesinas? 

En los inicios de la lucha sindical, los principales aliados de los sindicatos de trabajadores y de las comunidades indígenas eran intelectuales indigenistas, anarco sindicalistas, y los incipientes militantes socialistas y apristas cuya vinculación con los trabajadores formaba parte de su prédica y de su programa de acción; su trabajo de apoyar las luchas de los trabajadores estaba también relacionado a la captación de militantes políticos en los trabajadores y comunidades. La Iglesia Católica también promovió la constitución de sindicatos pero bajo la conducción de militantes católicos. 

Ahora bien, los aliados van variando en el tiempo. Hubo entonces intelectuales, periodistas, sectores de la iglesia e incluso militares que fueron aceptando y apoyando las demandas de los campesinos y de los sindicatos de trabajadores agrarios. Con el tiempo, y las luchas, también se fueron decantando posiciones: antiguos aliados ya no lo eran en momentos concretos, caso por ejemplo del APRA que abandonó la lucha por la Reforma Agraria, o de otros partidos como Acción Popular que fueron supeditándola a la negociación de su estabilidad en el gobierno.

¿Y quiénes se mostraban en contra de la sindicalización o de la organización campesina?

Los terratenientes, el gamonalismo y la oligarquía azucarera, que controlaban el Estado y los gobiernos de entonces; opuestos no solo a las demandas de los trabajadores sino a la introducción de reformas sociales incluida la Reforma Agraria.

Las grandes migraciones del campo a la ciudad y la intensificación de las comunicaciones internas en el país son dos de los grandes procesos que toman fuerza alrededor de la mitad del siglo pasado.  La lucha por la tierra, en el caso de las comunidades, y la búsqueda de reconocimiento del trabajo obrero-agrícola son demandas campesinas que deben irse adaptando a esta escena. 

La lucha por la tierra, por la reforma agraria, coincide con dos momentos importantes, el primero es el fin de la dictadura de Odría, ahí se reinicia la reactivación del sindicalismo y la movilización de las comunidades indígenas, que alcanza su mayor intensidad a inicios de la década del 60 durante el segundo gobierno de Manuel Prado. Las luchas comuneras de entonces no solo incluía la lucha por la tierra sino por la educación, la construcción de escuelas en las comunidades. La educación se convirtió en una bandera muy importante. En ese proceso se fueron formando nuevos líderes tanto sindicales como comunales, también vinculados a su militancia política aprista o socialista. Uno de ellos, que lideró las tomas de tierras y la creación de escuelas en las comunidades en la sierra central fue Elías Tacunan, dirigente comunero aprista de larga tradición sindical que rompe con el APRA ante la evidencia de que este partido ya no apoyaba las luchas de las comunidades contra los terratenientes de la sierra central. 

Recordemos que en esos años las tomas de tierras estremecieron todo el país; siendo la más impactante la lucha de los arrendires de La Convención y Lares liderados por Hugo Blanco. La sierra central y la sierra sur fueron los focos más intensos de movilización campesina, y en ella se fueron forjando nuevos sindicatos y nuevos líderes, a varios de ellos los encontré en la reconstrucción de la Confederación Campesina del Perú. Cuando en 1978 fui destacado a trabajar para la formación de la federación campesina en Puno, conocí a don Rufino León Quispe, un formidable dirigente de larga trayectoria en el movimiento sindical campesino en el sur andino. Era indio de las comunidades de Ayaviri, me contó que fue alfabetizado en el ejército, y luego se dedicó a trabajar con los trabajadores de las haciendas ganaderas para formar sindicatos, con el apoyo de la iglesia católica que, por esos años, promovía la Democracia Cristiana, a través del MOSIC (Movimiento Sindical Católico). Era uno de aquellos dirigentes de esa promoción de los años 50 y 60 

¿Qué rol le asignaban al campesinado los diferentes partidos políticos en la disputa por su organización?

Había diferentes concepciones en la valoración del campesinado y su rol en el movimiento sindical y en los procesos revolucionarios. En la tradición socialista, lo que predominaba era la tesis política de que la que la comunidad indígena era considerada como la célula del socialismo en la sociedad rural. Esa tesis se encuentra no solo en los escritos de Mariátegui sino de los intelectuales indigenistas que se sumaron a las luchas indígenas que por las décadas del 20 al 30 remecieron al país; y, posteriormente, las décadas del 50 y 60, volvieron a poner en el tapete la importancia de la lucha de las comunidades para derrotar al gamonalismo y latifundismo que eran la base del Estado Oligárquico. 

Por eso el lema de la lucha por la tierra y el poder relacionaba no solo la conquista de la tierra sino también la construcción de poder en el campo. El fundamento de por qué la lucha por la tierra está siempre ligada a la lucha por el poder, proviene de una lectura que se hace de Mariátegui, quien manifiesta en una frase… no recuerdo bien en qué libro (no en Los Siete Ensayos) que el gamonalismo era, sobre todo, una forma de dominación política. Esa tesis permitió pensar que la lucha por derrotar el gamonalismo y a los grandes terratenientes era parte de la lucha por el poder; no bastaba tomar las tierras de las haciendas, había que derrotar políticamente al sistema gamonalista y del poder gamonal en las regiones.

En el caso del APRA la sindicalización campesina formaba parte de su estructura de construcción partidaria y de hegemonía social del movimiento laboral, obviamente la bandera de la reforma agraria era un elemento importante, la formación de sindicatos también. Posteriormente, el viraje del APRA hacia una alianza con la oligarquía, los llevó a abandonar la bandera de la Reforma Agraria, para aprobar una ley que dictamine la redistribución de la tierra, de aquellas las tierras eriazas de propiedad de la Nación, manteniendo intacto el sistema de haciendas y el gamonalismo.

¿Cuál era la situación del trabajo en las haciendas?

El crecimiento económico de los 50- 60 tiene entre sus manifestaciones la modernización de las haciendas, sobre todo, en los valles de la costa. En estas haciendas se requería de más trabajadores y, lógicamente, de más eventuales, puesto que las campañas son temporales. Por eso que en esos años se produce también un auge de la sindicalización de trabajadores, no solo de los estables sino de sindicatos de eventuales, que reclamaban mejores salarios y mejores términos de contratación. La lucha por la reforma agraria en los valles giraba mucho en torno a la mejora de las condiciones laborales y salarios; y cuando se produce la reforma agraria de Velasco, los sindicatos se volcaron a defender la integridad de la hacienda, que luego se transformó en cooperativa agraria de producción.

En el caso de la sierra central se produjo una reacción muy fuerte cuando la Cerro de Pasco Corporation inició un intenso proceso de modernización de esas haciendas, lo que implicó el desalojo de esas tierras de los trabajadores y comuneros que se encontraban en posesión. La Cerro era dueña de enormes latifundios que eran trabajados bajo un sistema de “al partir” o “arrendadas a comunidades cercanas”. En la Gran Depresión del 30, la Cerro entregó esas tierras a los comuneros para trabajarlas bajo un régimen de arrendamiento semifeudal. Cuando la empresa se recupera de esa crisis inicia un proceso de modernización, desaloja a los campesinos y se propone constituir la gran empresa ganadera. Cuando eso ocurre, la reacción de las comunidades fue tomar las tierras y expulsar a la empresa. El discurso era perfecto: “fuera el imperialismo de las tierras comunales”, “tierra para las comunidades”, y empezó una formidable gesta de lucha por la tierra que quedó registrada en “Redoble por Rancas” de Manuel Scorza. 

Para ese momento la demanda de reforma agraria ya era apoyada por los organismos multilaterales como la FAO. Era la gran reforma que resolvía la injusticia en las sociedades rurales ya no era solamente el pedido de un sindicato, de un gremio, de un partido o de un país; era también la exigencia que organismos internacionales consideraban necesaria para resolver las graves desigualdades en sociedades latinoamericanas. Se convierte en un tema de la agenda política nacional. Eso explica por qué en las primeras acciones que da la Junta Militar en 1962 luego del golpe de Estado contra Manuel Prado y contra el APRA fue la aprobación de una Ley de Reforma Agraria, pero focalizada en la provincia de la Convención y Lares en donde Hugo Blanco y los sindicatos campesinos habían iniciado su rebelión armada.

La reforma de inicios del 60 se ve como un intento tímido ¿por qué fracasa?

Fracasa porque la Junta Militar solo duró un año y meses, y porque su objetivo político central era convocar a nuevas elecciones en 1963; obviamente la Reforma en La Convención tenía como objetivo contener la rebelión campesina de los sindicatos liderados por Hugo Blanco que amenazaba extenderse a otras regiones. Pero es justo reconocer que el golpe militar fue para contener el intento de la oligarquía y los latifundistas que en alianza con APRA y de la Unión Nacional Odriísta querían imponer un gobierno conservador y oligárquico. En las elecciones de 1963 que ganó Acción Popular con Fernando Belaúnde, una de las banderas que levanta fue la aprobación de una Ley de Reforma Agraria; se puso como plazo de 100 días, prometió resolver la demanda de tierras y acabar con el gamonalismo, pero, como sabemos, el Congreso controlado por la alianza APRA – UNO aprobó otro proyecto de Ley de Reforma Agraria que mantenía intacta las haciendas y los grandes latifundios. 

¿Cuál era la composición de ese congreso?

La hegemonía en ese momento era APRA-UNO. La Ley de Reforma Agraria que aprueban establecía que la distribución de las tierras para los campesinos estaba limitada para las tierras eriazas del Estado, de tal manera que no se tocase la gran hacienda de los valles de la costa, ni las haciendas andinas. La alianza APRA-UNO cierra todas las posibilidades de realizar reformas sociales y atender la creciente demanda de las comunidades ya en plena lucha y con invasiones de tierras en todo el país.

Hay varios contenidos en la demanda de reforma agraria. Unos aluden a las reivindicaciones de tierra, condiciones de trabajo y también de educación. Otros tienen que ver con la identidad del campesinado como sujeto de cambio. 

Lo que yo puedo decirte es que, en los valles de la costa, principalmente de la costa norte, el desarrollo de las haciendas agro requería de más trabajadores asalariados cuyas demandas eran mejores salarios y leyes sociales. La idea de la Reforma Agraria en este sector en tal sentido estaba más vinculada al tema laboral. Es por eso que, cuando el gobierno de Velasco decreta la Ley de Reforma Agraria, el modelo que aplica no es la distribución de la tierra sino la creación de Cooperativas Agrarias bajo administración de funcionarios del Gobierno Militar. Es por eso que, aún bajo la modalidad de la cooperativa agraria, siguieron existiendo y funcionando los sindicatos de trabajadores agrarios; muchos de ellos afiliados a la CCP.

Eso explica por qué luego de que Velasco aplica la Reforma Agraria, las luchas sindicales continuaron, y los sindicatos siguieron exigiendo mejores condiciones de trabajo y salarios justos a los administradores de las cooperativas. En esas ex haciendas agroindustriales, lo que se había formado era un gran proletariado agroindustrial, con mentalidad y práctica de obrero asalariado, no de propietario, tampoco de socio cooperativista porque no formaba parte de su tradición sindical. En cambio, en las haciendas medianas del agro que usaba abundante mano de obra eventual por periodos de la campaña agrícola, la cooperativa solo beneficiaba a los trabajadores estables, no incluía a la masa de eventuales. La debilidad estructural de estas cooperativas agrarias era su precariedad económica que las hacía vulnerables a la crisis económica; asimismo, los socios cooperativistas se consideraban trabajadores asalariados de una cooperativa que estaba bajo administración de funcionarios del gobierno. 

La experiencia que tuvimos en la CCP fue ilustrativa en este punto. Recuerdo que a finales del gobierno militar de Morales Bermúdez, veníamos trabajando con las bases sindicales en las CAP de los valles del Santa, Huaura, Huaral y Cañete. Cuando estas cooperativas entraron en una profunda crisis económica y ésta era insostenible, se presentaba como salida a la crisis la parcelación de estas cooperativas. Nosotros teníamos como orientación defender las cooperativas de esas zonas. Personalmente estuve en varias asambleas donde pude observar un proceso interesante: los trabajadores no se consideraban obreros agrícolas, sino campesinos, y como tal reclamaban su parcela, ser dueños de sus productos, vender al mercado por su cuenta. Me percaté que no se había producido el tránsito de una mentalidad de obrero agrícola a campesino dueño de una parcela; era la mejor forma de defenderse frente a la crisis.

¿Cómo evaluó estas transformaciones de la identidad desde la CCP?

Lo que vivimos a lo largo de este proceso es la desaparición de la oligarquía y hacendados por la reforma agraria, pero a continuación, las cooperativas agrarias y los sindicatos también desaparecen, a excepción de los azucareros, para dar paso a un nuevo tipo de campesino. Quizá no hay que llamar a este proceso una involución; de pronto debemos reconocer que las condiciones materiales no daban otra posibilidad a los cooperativistas que ser campesinos, dueños de sus parcelas, de sus herramientas de trabajo, de su producto y con libertad para acceder al mercado. A fin de cuentas, lo que define al obrero es su trabajo, su relación laboral; lo que define al campesino es la venta de su producto y ser dueño de sus medios de producción. Eso es lo que pasó. Como cambio de mentalidad en el agro peruano de los valles de costa fue espectacular. Nosotros, en la CCP y en la izquierda, no teníamos ni idea frente a qué proceso nos encontrábamos. 

En esa línea, ¿cuál es el derrotero de las formas asociativas en el marco de la reforma?

Otra experiencia en la que participé en tanto asesor de la CCP fue la reestructuración de las SAIS – CAP y ERPS (Empresas Rurales de Propiedad Social) en las ex haciendas de la sierra peruana. Estos modelos asociativos de empresa fueron impuestos por la Reforma Agraria de Velasco. Si bien este modelo permitió barrer del mapa de la sierra al gamonalismo y a los terratenientes, no obstante, dejó vigente la demanda de tierra para las comunidades campesinas. Nuestra consigna central en esa época era ¡Tierra para las comunidades y no para las SAIS! ¡Reestructuración democrática de las SAIS! Fue una consigna justa que ganó la conciencia e impulsó la movilización de las comunidades. Es por eso que, a mediados de la década del 70 hasta finales de la década del 80, las tomas de tierras que impulsó la CCP fueron precisamente la recuperación de las tierras de estas empresas para beneficio de las comunidades campesinas.

Ciertamente el modelo asociativo no prosperó en la sierra por una razón: las comunidades no recibieron las tierras de los hacendados, sino que fueron consideradas como socios de una empresa administrada por los ex trabajadores de las haciendas; la comunidad solo recibiría una renta de las ganancias. Como era obvio, no hubo distribución de utilidades porque eran empresas con poca solvencia económica, y porque el antecedente inmediato era la demanda precisamente de los fundos o haciendas que fueron entregadas a estas empresas. Las comunidades no transigieron y demandaron la entrega de esas tierras, algunas por la fuerza, otras por un proceso interno de reestructuración que los llevó a la disolución.

En tanto comunidad…

Sí, en tanto comunidad. Yo creo que ahí hubo una revalorización del rol comunitario en la defensa de sus intereses. En la experiencia de la sierra central hubo dos grandes SAIS: Tupac Amaru y Cahuide. En el caso de las SAIS Túpac Amaru, nosotros apoyamos a la comunidad de Ondores - hasta se promovió una toma del fundo Atocsaico que la comunidad reclamaba como suya, y lo demostraba con títulos registrados desde la Colonia, ellos no se sintieron nunca integrantes de esa empresa y pelearon hasta el final para que se reestructure. En el caso de la SAIS Cahuide, la táctica fue otra: con las comunidades de Chongos Altos (que eran bases de la CCP) trabajamos una estrategia para lograr un acuerdo entre las comunidades socias para la disolución de la SAIS; así se hizo, y por un acuerdo de asamblea de socios las comunidades pasaron a tomar posesión de los diferentes fundos de esta empresa, reclamando ser propietarios de antiguo.

La izquierda tiene una prédica y una práctica dentro del movimiento campesino. ¿Cuáles fueron las motivaciones y las lecturas de los partidos de izquierda? ¿Cómo impacta en el movimiento campesino esta labor de la izquierda?

Yo pienso que la década del 50 y 60 sirvieron para afirmar al campesino como un actor de la revolución. No se podía pensar la revolución socialista o la revolución proletaria sin el campesinado; más aún cuando en el país se habían producido largos procesos de luchas campesinas en el siglo XX. El despliegue de esta lucha en todo el país, el carácter insurreccional que alcanzó en determinadas zonas, fue razón más que suficiente para que la izquierda viera en esa movilización el camino de la revolución.

La intelectualidad también veía en el movimiento campesino una gran fuerza promotora del cambio social, y reconocía a la Reforma Agraria como la expresión de ese cambio; además que había un amplio consenso de todos los partidos y de los organismos multilaterales en la aplicación de la Reforma Agraria para superar las desigualdades y construir una sociedad más democrática.

El campesinado se había convertido en el actor principal, el sujeto revolucionario con el cual teníamos que trabajar. Todos los partidos tenían que desarrollar una estrategia de acercarse al campesino, trabajar con ellos. Eso por el lado de la izquierda, por otro lado, el APRA, la DC y AP. Era obvio que el campesinado era una población electoral a la que había que conquistar con promesas de reformas y de políticas agrarias.

La izquierda asigna al campesinado un rol en esta transformación social, una transformación revolucionaria, discutir la estructura de poder. Y los otros partidos, desde una posición liberal, ven un electorado atractivo que tiene una demanda a representar en el programa político. La reforma agraria aparece como materialización de algunas de esas demandas. ¿Cómo se transforma el movimiento campesino una vez que se empieza a implementar la reforma agraria? 

Indudablemente la reforma agraria de Velasco y la toma de tierras promovidas por los campesinos de las comunidades transformaron profundamente la sociedad rural peruana. Pero el cambio que esperaba tanto el gobierno militar de Velasco como la izquierda no se concretó. Del modelo asociativo creado por Reforma Agraria no quedó nada; y la propuesta campesina comunera de la izquierda tampoco fue exitosa porque al interior de la izquierda se produjo una profunda división en torno al futuro de la lucha campesina y la salida revolucionaria a la crisis económica que destruyó las economías campesinas.

Hablamos antes de este tránsito de identidades entre proletario, comunero, campesino, productor. Ahora mismo, más que de campesinos se habla de agricultores o de productores, para referirse al sujeto de la actividad económica agraria o agropecuaria, que además se ha transformado y diversificado. También aparecen la minería o el transporte como fuente de ingreso importante en el mundo rural. En esta complejidad, ¿Qué se pierde y qué se gana con la noción de “campesino”?

Se pierde identidad, la idea de campesino está muy ligada a la identidad cultural, al territorio, el campesino productor alpaquero no es lo mismo que un productor de espárrago, las relaciones estructurales son muy diferenciadas. Yo creo que la experiencia que nos da la Reforma Agraria de ese tránsito de proletario a campesino es que yo creo que la gente se considera más campesino que productor. Yo creo que el término productor agrario es impuesto. 

La política pública hoy habla básicamente de productor agrario, no habla de campesino.

Decir “productor” te esquematiza en una línea de producción, si eres esparraguero, esparraguero, si eres productor de paltas, paltero. Pero no es campesino. Es como ahora que ya no hablan de trabajadores, sino de colaboradores. Es como pensar en una “Central de Colaboradores del Perú”. Eso no existe.

Foto: 
Agencia Andina- Juan Carlos Guzmán