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Una publicación de la asociación SER

Cambiar la economía para acabar con las desigualdades de género

Foto: Luisenrrique Becerra

Catherine Eyzaguirre Morales. Economista de la PUCP. Estudiante de la maestría de Desarrollo Humano. Becaria del programa de desarrollo sostenible y desigualdades en la región andina Trandes.

De cara al 8 de marzo, no podemos perder de vista las condiciones estructurales detrás de las desigualdades de género que asignan a las mujeres formas de trabajo no reconocidas y no remuneradas. El trabajo doméstico y los trabajos de cuidados son fundamentales para sostener una economía de mercado y, sin embargo son formas de trabajo invisibilizadas y precarizadas. 

La desigualdad de género no puede ser interpretada sin tomar en cuenta la creciente desigualdad global producto del modelo económico como nos recuerda Nancy Fraser en su “Manifiesto para un feminismo del 99%”. En las últimas décadas hemos sido testigos de la ampliación de brechas de desigualdad y la precarización de empleos a nivel global. La economía de mercado pone en el centro de sus prioridades la acumulación de riquezas y la producción de ganancias. A contracorriente, las economistas feministas proponen un replanteo de los fines que buscamos alcanzar como sociedad y los medios para conseguirlos. Ellas argumentan que es fundamental poner en el centro de nuestras prioridades la sostenibilidad de la vida.

A nivel global, el éxito de las sociedades es medido en función del crecimiento de sus economías. El indicador del crecimiento de las tasas de producto bruto interno, a pesar de las sólidas críticas que ha recibido, sigue siendo la principal preocupación de los gobiernos y de los tomadores de decisiones. Nuestros Estados centran sus esfuerzos en lograr mejoras en la productividad de los mercados, el comercio y el sistema financiero. Sin embargo, estos sectores no podrían funcionar sin la subvención que reciben por parte del trabajo doméstico gratuito que realizan millones de mujeres en todo el mundo. El trabajo doméstico no remunerado asegura la provisión de cuidados materiales y afectivos que los trabajadores requieren para poder prestar su mano de obra en sectores productivos remunerados. Asimismo, el trabajo doméstico reproductivo asegura la crianza y cuidados de la siguiente generación de trabajadores y trabajadoras.

El trabajo doméstico, como afirma Carrasco (2005), no puede ser visto como una mera cuestión biológica. Todo lo contrario, es la condición necesaria para la reproducción de la fuerza de trabajo y por ello no puede seguir siendo asumida sólo por mujeres, sino debe ser una responsabilidad colectiva que asumamos como sociedad.

Lo que no se mide no existe para las políticas públicas

En las últimas décadas las mujeres han ingresado masivamente al mercado laboral remunerado. Sin embargo, esto no ha significado una redistribución del trabajo doméstico. Al analizar la Encuesta de Uso del Tiempo que se realizó el INEI para Perú en 2010, observamos que las mujeres le asignan 39 horas semanales al trabajo doméstico no remunerado y 36 horas al trabajo en el mercado. Mientras sus pares varones solo le dedican 15 horas al trabajo doméstico no remunerado y 50 horas semanales al trabajo de mercado remunerado. Del total de horas de trabajo, las mujeres exceden a los hombres en 9 horas con 22 minutos semanalmente. La cantidad dedicada al trabajo de cuidados se eleva en el caso de mujeres casadas o convivientes quienes realizan jornadas de trabajo doméstico de 48 y 52 horas respectivamente. Estos datos confirmarían que las mujeres al vivir en pareja subvencionan las necesidades de cuidado de sus compañeros.

Dado que los hombres asumen una mayor cantidad de horas en promedio al trabajo de mercado reciben mayores asignaciones salariales. La cantidad de horas que las mujeres dedican al trabajo de cuidados les genera limitaciones para acceder al empleo formal y a tiempo completo, forzándolas a asumir trabajos estacionales y/o a medio tiempo. Adicionalmente, en algunos casos las mujeres realizan trabajo no remunerado desde la niñez, limitando la cantidad de tiempo que pueden asignar a recibir educación que les permita estar capacitadas para asumir mejores puestos laborales. Con menos posibilidad de recibir educación y dificultades para tener empleos dignos, las mujeres se ven más expuestas a situaciones de dependencia económica que las subordinan a sus pares masculinos.

Hacia un sistema nacional de cuidados

El trabajo de cuidados es el sostén del funcionamiento de la sociedad y la economía. Por ello, requiere ser reconocido y asumido como una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres. En ese sentido, es necesario que el Estado asuma responsabilidad para lograr redistribuir, reformular y revalorizar el trabajo de cuidados (Perez, 2019)

En América Latina se han presentado varios avances. Se han aplicado políticas secuenciales que protegen la seguridad de ingresos durante el tiempo de cuidado (Blofield y Martinez,2019). Uruguay logró consolidar un Sistema Nacional de Cuidados que va de la mano con la construcción de fuentes de información como Encuestas de Uso del Tiempo y Trabajo No Remunerado. En el Perú, solo contamos con información de la Encuesta de Uso de Tiempo realizada en 2010 y a pesar de la promesa de realizar una encuesta periódica, esto aún no se ha concretado. Sin información será imposible diseñar e implementar políticas públicas que permitan enfrentar esta problemática. La tarea pendiente para quienes apostamos por visibilizar el trabajo de cuidados es extensa y apremiante. No será posible romper con las bases de las desigualdades de género mientras que el trabajo de cuidados siga siendo responsabilidad solo nuestra, de las mujeres.

 

Bibliografía

Arruzza, Cinzia, Bhattacharya, Ttithi y Fraser, Nancy (2019) - Manifiesto de un feminismo para el 99%- Herder.

Blofield, M y Martinez, J (2019) Trabajo, familia y cambios en la política pública de América Latina: equidad, maternalismo y corresponsabilidad en La economía del cuidado, mujeres y desarrollo: perspectivas desde el mundo y América Latina. Fondo Editorial de la Universidad del Pacifico. Lima

Carrasco, Cristina (2005), ―La economía feminista: una apuesta por otra economía‖, en Vara, Ma Jesús (coord.) (2005), Estudios sobre género y economía, Madrid: Akal, págs. 43- 62, http://egeneros.org.mx/admin/archivos/economia_feminista.pdf

Pérez, Leda (2019)—La economía del cuidado, mujeres y desarrollo: perspectivas desde el mundo y América Latina. Fondo Editorial de la Universidad del Pacifico. Lima.