Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

La frontera entre la cooperación internacional y la acción del Estado en el Perú

Imagen: laborum.pe

Qali Warma no es solo un ejemplo de programa social conocido por su cobertura nacional y por la intoxicación de un grupo grande de escolares en doce colegios de Cañete. Es, asimismo, un ejemplo de cómo la cooperación internacional trabaja con el Estado para disminuir las brechas sociales.  Este programa social fue creado por el Estado peruano con la participación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual brindó la asistencia técnica para movilizar las cocinas a las zonas con mayor dificultad de acceso. Así como este programa, actualmente en el país hay otros 42 proyectos de desarrollo en implementación debido al apoyo del PNUD.

El PNUD es una agencia del Sistema de Naciones Unidas. De acuerdo a los académicos, la cooperación internacional para el desarrollo es una propuesta que surge para enfrentar desafíos comunes en diferentes países. Esta acción puede ser utilitaria y/o tener fines altruistas. Hay académicos que consideran que la existencia de la cooperación para el desarrollo satisface los intereses del donante, más que del beneficiario, ya que se genera una dependencia norte-sur. Por otro lado, consideran que la cooperación es producto del interés humanitario de los Estados, para desarrollar espacios de integración y paz.

La cooperación internacional para el desarrollo plantea el apoyo y asistencia por parte de donantes hacia Estados que carecen de condiciones para atender las necesidades básicas de sus ciudadanos y ciudadanas. El Banco Mundial ha sido la principal herramienta para evaluar el desarrollo de los países basándose en el Producto Bruto Interno (PBI). La necesidad de apoyar a los gobiernos y generar políticas, hizo que el desarrollo esté enfocado en la recuperación de la economía. Sin embargo, de acuerdo a las evaluaciones periódicas del impacto de la cooperación internacional, el traslado de flujos monetarios no cambiaba la situación de los países y sociedades beneficiarias. Por lo que se introdujo un nuevo enfoque que tuvo como principal actor al ser humano y su desarrollo en la sociedad.

En los años 90, tras la persistencia de conflictos y altos niveles de desigualdad en el mundo, se introdujeron nuevos indicadores para medir el desarrollo de una sociedad. Para ello se creó el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que cuenta con tres indicadores que miden tres áreas de desarrollo del ser humano: salud, educación e ingresos. En esta etapa, el desarrollo es percibido como la capacidad de las libertades con las que gozan los ciudadanos y ciudadanas de un país. Es decir, elegir qué hacer o no hacer con su vida, teniendo las oportunidades de educarse, atender la salud, acceder a un trabajo digno, etcétera; sin motivo de exclusión por carecer de recursos monetarios o padecer de prejuicios sociales. Una mujer profesional que no puede ejercer su carrera debido a una condición de discapacidad física, se encuentra restringida a desarrollarse en el campo laboral.

En la medida en que los países avanzan en su nivel de ingreso per cápita, disponen de más recursos propios y herramientas para combatir los problemas nacionales y financiar su desarrollo; por lo que la transferencia de recursos de la cooperación internacional se reduce. Asimismo, el Perú es clasificado como país de renta media alta de acuerdo al IDH (0,7) del 2015, razón por la cual la cooperación internacional para el desarrollo disminuyó. Sin embargo, cuando se desagrega la información de los indicadores del IDH, se evidencian los problemas sin atender. El indicador de salud se mide de acuerdo a la esperanza de vida y ello se logra con una vida saludable y acceso a un seguro de salud. El indicador de educación se evalúa por la capacidad de adquirir conocimientos, medida por los años promedio de escolaridad y los años esperados de escolaridad; y la capacidad de lograr un nivel de vida digno, medida por el ingreso nacional bruto per cápita. Estos indicadores se encuentran afectados por condicionantes que impiden alcanzar un mayor desarrollo, como la zona geográfica, acceso a agua y desagüe, pertenencia a grupo étnico, lo cual convierte a la población en marginada de acuerdo a diversos enfoques. Es por ello que actualmente se evalúa a la población de acuerdo a la pobreza multidimensional, y las políticas y programas sociales se enfrentan a obstáculos de índole económica, geográfica y cultural.

Por otro lado, el Documento Programa País con el que trabaja el PNUD con el Perú señala que aún hay brechas en las estructuras sociales, económicas, productivas, tecnológicas y políticas que generan grandes niveles de desigualdad. Ello es determinado de acuerdo al lugar de procedencia, origen étnico y otras cuestiones que restringen el acceso a los servicios básicos y las oportunidades de desarrollo. Frente a ello, la cooperación internacional, siendo el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo la agencia que lidera las actividades para el desarrollo, viene trabajando junto con el Estado para implementar políticas y programas que permitan reducir estas brechas.

A pesar de la evolución del concepto de desarrollo económico a un enfoque humano desde la cooperación internacional, la clasificación de Perú como país de renta media alta y las grandes brechas sociales en materia de acceso a servicios básicos de calidad, nos permiten evidenciar que la cooperación internacional es limitada y su contribución para mejorar la calidad de vida de las personas llega a su frontera de acción cuando se alcanza un nivel de renta. Sin embargo, dicha renta no determina la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas del país.

La intervención de la cooperación internacional se encuentra en el país para brindar soporte, pero es el Estado el que debe velar por encontrarse en todo el territorio nacional, tener cobertura y calidad de los servicios básicos, incluyendo el respeto de los derechos humanos e implementando políticas y programas basados en el ciudadano y ciudadana. El Perú es considerado como país de renta media alta, los problemas estructurales aún persisten y cabe preguntarse si el Estado peruano reconoce la capacidad de un actor internacional como la cooperación internacional o se trata de la transferencia de responsabilidad del Estado hacia un actor internacional para cerrar brechas y asegurar el acceso a los servicios sociales universales.    

 

Antonella Tucto forma parte del programa Comadre Jr. de la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.