Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

1795: Los primeros pasquines en la Independencia

La ciudad de Huamanga no sólo se distingue por sus casonas virreinales, templos de cal y canto,  por disponer una de las universidades más antiguas del país, por su artesanía, sino también por poseer los mejores archivos del país, que a pesar de su descuido y abandono conservan una significativa documentación que nos permite repensar y reescribir las páginas de nuestra  historia nacional.

El principal repositorio documental para la investigación del proceso independentista, es el  Archivo Arzobispal de Ayacucho, en la cual se halla una vasta y variada documentación que abarcan desde la participación y aporte de los indígenas, mestizos, criollos, españoles y las autoridades eclesiásticas enroladas en la lucha independentista. Asimismo, se encuentran informes de las autoridades provinciales a la administración capitalina y los efectos económicos provocados por la larga lucha de la Independencia.

Uno de los documentos más sobresalientes es el pedido del Intendente José Menéndez Escalada al vicario de la diócesis de Huamanga para contrarrestar la difusión y capturar a los responsables de los pasquines que venían abarrotando a la ciudad de Huamanga.

Hasta el momento, las diversas investigaciones, consideran que los primeros pasquines anónimos en rechazo a la administración virreinal y en favor de la lucha independentista se difundieron desde 1811 y que los primeros motines se produjeron en el pueblo de Tiquihua en 1805.  Sin embargo, la documentación que logramos revisar nos indican que los primeros pasquines fueron difundidos en 1795 y 1796, años en los cuales un sector de la población huamanguina había emprendido el rechazo a la administración virreinal.

El 25 de marzo de 1795 en la puerta de la Iglesia Catedral y al año siguiente, los días 30 de julio, 15, 20, 24 y 29 de agosto, en la pila mayor de la ciudad, en las casas capitulares de las cárceles y en la curia eclesiástica se hallaron pasquines anónimos. El intendente informa al provisor y vicario de la diócesis de Huamanga, don Andrés de Alarcón, con estas palabras:

“pues se han visto repetidos los pasquines  que se reservan  en los mismos lugares a la vista casi de los ministros encargados de mi orden para aprehender los delincuentes, produciéndose en ellos con mayor descaro, hasta el de amenazar con muerte  acuosa a personas señaladas e introducir con el mismo detestable objeto varias cartas anónimas en la oscuridad de la noche…”.[1]

En la ciudad de Huamanga, capital de la Intendencia, el rechazo a la administración virreinal tuvo su germen a fines del siglo XVIII puesto que la élite huamanguina, una sociedad  acostumbrada a vivir bajo las alianzas, negociaciones, exenciones tributarias, privilegios y prácticas de corrupción había sido drásticamente trastocada por las Reformas Borbónicas. Las autoridades borbónicas, al pretender reajustar las tributaciones fueron poniendo fin a las prerrogativas y los privilegios, y asimismo, la mayoría de las instituciones políticas y administrativas ocupadas por los hijos humanguinos habían sido destituidas de sus cargos.

El hallazgo de estas nuevas fuentes documentales nos llevan a repensar las raíces de la insurgencia independentista desde la región, y que mejor desde Huamanga, la Intendencia donde se produjo la primera jura de Independencia (Cangallo, 1814) y Cuna de la Libertad Americana. 

 

 

 

 


[1]                     Archivo Arzobispal de Ayacucho. Sobre los pasquines, 1796, s/f.