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Una publicación de la asociación SER
Miembro del Colectivo Cusco contra la corrupción y de Jóvenes Iberoamericanos Cusco

Acoso callejero, un tipo de violencia sexual

En nuestra sociedad el acoso callejero está tan normalizado, que muchos justifican dichas faltas como piropos o gileos, sin embargo es preciso reconocer al acoso callejero como un tipo de violencia sexual que se da en espacios públicos afectando la dignidad y la libertad de las personas.

Durante el 2016, según un estudio de opinión pública de la PUCP, a nivel nacional el 50.8% de mujeres habían sufrido alguna modalidad de acoso sexual callejero: silbidos 38.3%, ruidos de besos 29.9%, gestos vulgares 23.4%, siendo las más acosadas las mujeres entre 18 y 29 años.

Por otro lado hay hombres que dicen que el problema lo causamos las mismas mujeres, porque nos vestimos “provocativamente”, y así nos exponemos a que nos falten el respeto, y de otro lado dicen que deberíamos agradecer y sentirnos halagadas ante un “piropo” en la calle. En ambos casos estamos hablando de estereotipos que deberían ser erradicados.

Pues evidentemente, estamos ante una sociedad que no conoce el respeto y que cree que la mujer vive pensando en complacer al varón –otro estereotipo- y que entonces cuando este se satisface pues no importa si nos sentimos incomodas o agredidas. Lamentablemente, a pesar que existe la ley 30314, a la fecha esta norma solo es pantalla en muchas de las entidades públicas, no existe seguimiento, menos la implementación adecuada de las oficinas en las que debieran recibirse las denuncias, por otro lado el personal se encuentra  poco o nada capacitado para atender estas denuncias, y es preciso aclarar que los fondos destinados son ínfimos. Por otro lado el personal que recibe las denuncias muchas veces cuestiona la veracidad y las pruebas que exigen al momento de realizar la denuncia, haciendo que la victima desista.

Sin lugar a duda, estamos ante una ola de violencia, a falta de una educación sexual integral, que debe tener enfoque de género, y por ello es que muchos sectores conservadores se oponen al mismo, porque no quieren una sociedad en la que las mujeres ni siquiera puedan caminar tranquilas por la calle, y que lo único que nos quede es portar audífonos y música a volumen alto para no oír tantas atrocidades que nos dicen en las calles.

Hace falta mirar con empatía y sensibilidad a todos los sectores en su conjunto, lo que implica fortalecer y asegurar la convivencia saludable de la actual y futuras generaciones para una cultura de paz y convivencia como ciudadanos, en la que aprendamos a respetar y respetemos el espacio de la otra persona.