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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

Acoso de exportación: #AsíNoJuegaPerú

Aunque el acoso hacia las mujeres es un asunto bastante extendido, hay países como el Perú donde ello no es sólo un asunto de calles oscuras, donde un hombre agazapado o escondido, se aprovecha para hacer lo que él y el resto de la sociedad sabe que está mal. No, en Perú y en varios países, sobre todo en América Latina, acosar públicamente a las mujeres, provocar ansiedad en ellas al caminar en su propio barrio, en pleno día, es posible, pues es considerado una potestad “normal” de los hombres. Una gracia celebrada por sus manadas, llámese, amigos de la cuadra, u obreros de construcción civil o cualquier otro grupo, quienes aplaudirán si logran descontrolarla e intimidarla.

A pocas horas de comenzar el Mundial, un hincha peruano celebró en sus redes sociales el haber burlado la confianza de una rusa, quien amablemente le correspondía con la cortesía a un turista en su país. Ella, asumiendo que la euforia de ese hincha, como el de todos los demás, era futbolera -dentro de ciertos límites- le sigue el juego. Ese peruano aprovecha para burlarse de ella, sabiendo que no entiende español, para hacerle “aceptar”, en los términos más groseros (“cachar”), que quería tener sexo. El engaño a una joven bonita es celebrada como un triunfo y, una vez publicado en sus redes sociales, es celebrado por sus seguidores. Además, la joven era una rubia, con lo cual los complejos peruanos se activaron: mayor “victoria”. El “pata bacán” de la manada. Donde sólo hay cobardía, fraude, ellos ven un acto digno de celebración. De hombres que, con ello, expresan una profunda inseguridad e impotencia por no tenerla y se complacen con violentarla de eso modo, como patética revancha o premio consuelo.

Los mundiales de fútbol siempre son momentos de desenfreno. La prostitución y la violencia sexual aumentan. Por momentos, se convierten en una suerte de fiesta desenfrenada, marcadamente masculina. Incluso hombres que en sus países no se atreverían a comportarse de determinada manera, siguen a la manada y los tragos.

Pero, incluso en ese contexto, no deja de llamar la atención ese burdo intento de robar una expresión sexual a una mujer por la calle. Un juego de “ingenuidad machista”, en plena vía, sin mediar tragos ni clandestinidad. Una expresión grosera, pero que en la “estética” de acosadores, suena normal y merece ser publicitada. Ello está en congruencia con otros  mensajes en redes sociales, donde entre peruanos se dan consejos de cómo drogar a las chicas. No para ligar con chicas, sino para dormirlas y violarlas contra su voluntad.

En suma, en esa multitud de hinchas peruanos, hay quienes viven otro mundial. Quienes llevan la bandera mostrando esa mentalidad que avergüenza. Pues vergüenza es lo que expresaron cientos de personas a una profesional rusa radicada en el Perú, quien expresó su indignación por facebook (“…no te hace más "vivo", "macho", "rudo" sino más ridículo mostrando la idiosincrasia de tu pobre mentalidad y falta de no solo educación, sino el más mínimo respeto al país donde te encuentras…”, del muro de Natalia Koudina).

No es un juego casual, como tampoco los mensajes con “consejos” sobre cómo drogar y violar a una chica. No es casual que provengan de la región con mayores niveles de feminicidio en el mundo. En el Perú, los casos de violencia sexual, incluso feminicidios, parten de esa actitud de normalidad. La maté porque “se creía”. Había que darle una lección, declaró el asesino de Eyvi Ágreda. La mujer, ese objeto que hombres acomplejados creen que deben someter, para aplacar sus inseguridades sobre su propia masculinidad.

Esa barra no me representa. En cambio, sí los cientos de chicos que han reaccionado, de lado de las mujeres, para expresar tajantemente que eso “no es normal”, no es “viveza”. Se llama cobardía. #AsíNoJuegaPerú.