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Una publicación de la asociación SER

Afanes recentralistas

A contracorriente de aquellas opiniones difundidas en medios de comunicación por quienes cuestionan el proceso de descentralización –tachándo lo de reforma fallida, por una supuesta gestión inadecuada de los recursos públicos y por su desarticulación con las políticas nacionales, especialmente las vinculadas a la promoción de la inversión privada–, el economista Richard Webb declaró hace algunos días que la descentralización es “un suceso extraordinario” y que de ninguna manera constituye un fracaso, ya que gracias a ese proceso, los gobiernos locales han puesto fin ala ausencia estatal en muchas zonas rurales del país, mediante la ejecución de obras de infraestructura y la provisión de servicios públicos.

Las declaraciones de Webb se producen en un momento en que el Congreso de la República debate el proyecto de presupuesto público 2016, elaborado por el Ministerio de Economía y Finanzas, que disminuye la participación de los gobiernos regionales y locales en el presupuesto nacional, dejando en manos del gobierno central el 75% de todos los recursos, tal como ha denunciado recientemente la REMURPE

Este intento recentralista de la tecnocracia económica del gobierno es una expresión más de la poca relevancia que tiene (y ha tenido) para las elites dirigentes del país el fortalecimiento de las regiones como actores políticos y económicos. Es más, durante los últimos años,se ha profundizado el desinterés por avanzar en la única reforma que todavía queda en pie tras la caída del fujimorismo.

Un ejemplo de esta recentralización es lo que viene ocurriendo con la distribución presupuestaria en Puno, donde, de acuerdo a un reporte elaborado por Armando Guevara, el gobierno central ha venido acaparando cada vez más los recursos públicos, ya que “si en el 2010 el Presupuesto del Gobierno Central para Puno era ligeramente mayor que el del Gobierno Regional de Puno, para el 2015, esta diferencia se había ensanchando al punto que era más del doble”[1]. Así, el 58.6% del Presupuesto Institucional de Apertura de este año para la región está a cargo del nivel nacional –es decir, depende de la burocracia de los ministerios y otros organismos ubicados en Lima–, mientras que el del gobierno regional llega al 26.5%. Al final de la cola quedan los gobiernos locales,que disponen del 14.9% restante.

Por otro lado, la disparidad de recursos con que cuenta cada nivel de gobierno también se expresa en los niveles remunerativos de los funcionarios públicos. Una comparación entre lo que perciben los funcionarios del gobierno nacional y lo que obtienen quienes laboran en los gobiernos regionales y municipales no sólo evidencia una diferencia significativa, sino que también pone en el tapete la escasa valoración que existe de los profesionales del sector público que se encuentran fuera de la capital.

Mientras un trabajador de la Oficina de Planeamiento del ministerio del Ambiente,dedicado a realizar el seguimiento presupuestal, tiene una remuneración mensual de ocho mil Soles, el gerente de Desarrollo Social de un gobierno regional percibe S/.5,200[2], en tanto que un trabajador administrativo que cumple funciones similares a las de su colega del ministerio en Lima está en un rango que va de dos mil a tres mil Soles. La situación es aún más dramática en el caso de los gobiernos municipales distritales, donde, debido a los topes impuestos por el gobierno aprista[3], ningún trabajador puede superar el sueldo del alcalde, por lo que la remuneración de un gerente se encuentra alrededor de los S/. 2,500, mientras un trabajador administrativo alcanza, como mucho, los mil 500 Soles[4].

A pesar de la injusticia que representa para la burocracia provinciana esta diferencia remunerativa -a la que debe sumarse la precariedad de los bienes y recursos de que dispone para cumplir sus tareas-, ella no ha impedido que su desempeño haya ido mejorando, hasta llegar a superar al gobierno nacional en la ejecución del presupuesto. Volviendo al caso de Puno, en un artículo publicado por Eduardo Zegarra sobre la disminución del presupuesto dedicado a la función agraria en esta región, se muestra que el nivel de ejecución presupuestaria del gobierno regional y de los gobiernos municipales supera holgadamente al del gobierno central. En efecto, para el año 2014, “el gobierno nacional sólo pudo ejecutar el 62% del PIM asignado, mientras los gobiernos locales ejecutaron el 95% y los regionales el 85%”[5].

La descentralización surgió, entre otros motivos, como una respuesta a la ausencia estatal y, como puntualiza bien Richard Webb, sí se halogrado avanzar en ese camino. Pero la descentralización también buscaba atenuar la desigualdad existente entre Lima y el resto del país. Desafortunadamente, este último objetivo no ha pasado de ser un anhelo. Y lo seguirá siendo si es que se continúan adoptando medidas como las que propone el MEF recentralista, desde sus cómodas oficinas ubicadas en el centro de la capital.

 

[1] Puno y el Presupuesto Regional 2010 – 2015. El documento me fue proporcionado por Juan Mendoza.

[2] De acuerdo a una conversación sostenida con el ex gerente de Desarrollo Social del Gobierno Regional de Puno, la remuneración es de mil 200 Soles. Los cuatro mil restantes provienen de fondos del CAFAE.

[3]Decreto Supremo N° 025-2007-PCM

[4]Información obtenida enconversaciones con funcionarios municipales.

[5] En abandono de Puno en la asignación del presupuesto agrario.