Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Antropóloga. Doctora en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo.

¡Aguanta tu choza!

Esta columna está hecha de remiendos, de apuntes guardados durante meses, sobre sucesos distintos conectados por hilos comunes. Un nuevo ciclo de tensión, conflictividad social y violencia alrededor de los proyectos mineros Las Bambas y Tía María llamó mi atención, más que por su devenir (estaba cantado), por cómo es abordado en los medios radiales y virtuales de comunicación.

Sé que es el reflejo de lo que tenemos en la sociedad, pero me indigna el tufo condescendiente y clasista con micrófono y cámara a disposición, comunicando y analizando la realidad nacional. Y si se trata de conflictos sociales vinculados a inversiones económicas, la visibilidad mediática puede favorecer de gran manera los discursos e intereses de sectores acomodados, y mellar los costosos procesos de diálogo y reconocimiento entre quienes confrontan desde la desigualdad como terreno común.

Titulares, debates, análisis, interpretaciones y entrevistas salpicadas de expresiones reduccionistas y peyorativas de la representación, las demandas y decisiones, la historia y el presente de pueblos y comunidades que defienden sus territorios de proyectos que los quieren transformar, generalmente sin su permiso, preguntándoles ¿cuánto quieren? con una mano y señalándolos de ambiciosos, con la otra.

“¿Cuánto dinero recibió?”, preguntaban insistentes en Radio Programas del Perú (RPP) al representante indígena quechua, a quien también cuestionaban por las protestas contra la empresa Minerals and Metals Group (MMG), actual responsable del proyecto minero “Las Bambas” (Apurímac). Poco faltó para que calculen y juzguen lo que, según ellos, las comunidades campesinas debieran gastar y resolver con los “beneficios” que obtienen.

Sobre el mismo caso, una periodista de Radio Santa Rosa escribió el tweet: “Colegio, mercado, centro de salud y millones de efectivo a cada uno a cambio de desocupar una choza”, y luego otro: “Gracias por la foto. Así es el nuevo pueblo. Las antiguas chozas eran de pirca y techo de paja” (1). Al parecer, para esta periodista, estos comuneros y comuneras quechuas no sabían lo que era una vivienda antes de las dichosas casas “tipo Suiza” construidas en Nueva Fuerabamba, el reasentamiento comunal que no deja nada bien a quienes defienden una minería “moderna” y “responsable” en las múltiples dimensiones que impacta.

     ●¡Aguanta tu choza!… Si ya te dieron plata y casa ¿qué reclamas? ¿Acaso mereces más?

Y los cuestionamientos continúan: “oiga, bloquear carreteras es ilegal”, “oiga, usted no tiene derecho a perturbar a los demás”. Ese ímpetu periodístico incisivo con quienes protestan, obvia las tremendas ilegalidades que por omisión, imposición y hasta dolo, se cometen en contra de los derechos e intereses colectivos de las comunidades nativas y campesinas; y abona más bien a la confrontación, tensión y violencia en los contextos de conflicto social.

     ● ¡Aguanta tu choza!... El Estado debe defender los intereses económicos de los peruanos ¿Acaso tú / ustedes nos representan? ¡Como Marca Perú puede ser, pero nada nomás!

Por otro lado, el Ministro de Energía y Minas señaló en una entrevista que el proyecto Tía María (Arequipa): “no se iba a imponer, que los proyectos en general, mineros o de cualquier tipo, no se imponen, se hace un diálogo y en ese diálogo es donde se tienen que aclarar las preocupaciones técnicas” (2). Me pregunto, entonces, si esas imágenes en donde vemos a la Policía Nacional usar la fuerza y la represión violenta contra hombres y mujeres del Valle de Tambo, en defensa de un orden cuyo objetivo es arremeter contra la ciudadanía ¿forman parte de una ficción? ¿Son esas intervenciones, formas de dialogar y aclarar preocupaciones? Por supuesto, poco o nulo cuestionamiento se hace de tales contradicciones.

Otro apunte, es la entrevista (3) al ex presidente de la CONFIEP en que señala que “El Estado tiene que ser promotor de las inversiones en general, y de las mineras en particular”. ¡De razón el tono mandón y el afán de enmendar la plana al gobierno de turno!

      ● ¡Aguanta tu choza!... ¡Ni se te ocurra promover otras actividades económicas más que la mía, eh! ¡Que serás Estado pero, ante todo, eres mi promotor! ¡Qué cosa!

Continúa: “pero también tiene que ser un Estado fiscalizador, regulador, la presencia del Estado es fundamental”. ¡Ajá! Pero ¿cómo hacemos para que esa regulación y fiscalización sea imparcial con la evasión de obligaciones por parte de las inversiones que usted defiende? Ok no. El Estado es su promotor. Pasividad, ante todo.

Además, señala que: “la minería contribuye a descentralizar, pero muchas veces los que trabajamos en minería, nos frustramos de estar tan solitarios, frente a las comunidades que a veces no nos tienen confianza”. ¡Qué injusta es la vida para este hombre! Que poca capacidad de autocrítica y cuánta condescendencia. ¿Solitarios frente a la desconfianza de las comunidades? ¿Es que acaso no hay motivos suficientes?

Escaso favor hace a la promoción de cualquier inversión de “interés nacional”, el incumplimiento de acuerdos y sanciones; la tardía o nula remediación de pasivos ambientales, específicamente 8,448 en minería (4) y 3,457 en hidrocarburos (5); la desatención y minimización de afectaciones a la salud y a cualquier aspecto de la vida en dichos contextos; y la criminalización de quienes se oponen y protestan.

Y se viene la “34 Convención Minera PERUMIN” ¿adivinen dónde? Ahí donde ciudadanos y ciudadanas llevan 2 meses de protesta frente a los vaivenes del proyecto minero Tía María, en Arequipa. Si ante el rechazo firme y de larga data de la población del Valle del Tambo y otras regiones en conflictos sociales similares, no hemos sido capaces de replantear nuestros horizontes y visiones de desarrollo, dudo que este tipo de eventos lo haga.

Las formas comunicativas y los juicios cerrados de fondo, limitan las posibilidades de discusión entre las visiones antagónicas que existen sobre el territorio y que subyacen a la mayoría de conflictos socioambientales en Perú y Latinoamérica. Por el contrario, refuerzan una peligrosa premisa: las garantías son para los inversionistas y sus inversiones, no para los pueblos ni comunidades a las que afectan. Cuando se trata de la gran alianza entre el Estado y las empresas, el discurso oficial de los derechos humanos se vuelve frágil (Segato, 2018) (6).

Perversa forma de relacionarnos con los pueblos indígenas y comunidades originarias. Se les reconoce su lengua, su historia y se celebra por todo lo alto la diversidad cultural; pero se menoscaban sus derechos humanos individuales y colectivos. Dicho rápidamente. Se les empodera en espacios de exhibición y se les reduce en espacios de decisión. Como sigamos así, dudo que los procesos de diálogo y comunicación en torno a conflictos socioambientales, den el giro de justicia y autenticidad que tanto requieren.

 

_ _ _ _ _ _

(1) https://twitter.com/rmapalacios/status/1109872200352448513

(2) https://web.facebook.com/329421574579357/videos/2415368082123318/

(3) https://www.youtube.com/watch?v=s4XM4B9swpE

(4) http://www.minem.gob.pe/_detalle.php?idSector=1&idTitular=5769&idMenu=sub5768&idCateg=961

(5) http://www.minem.gob.pe/_detalle.php?idSector=22&idTitular=8884&idMenu=sub8883&idCateg=1635

(6) Segato, Rita (2018): Contra-pedagogías de la crueldad. Buenos Aires, Prometeo Libros.