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Una publicación de la asociación SER

Amazonía política e indígena

El Seminario Internacional “Estado y pueblos indígenas en la Amazonía”, realizado entre el 29 de noviembre y 4 de diciembre, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Mayor de San Marcos, tuvo como principales objetivos impulsar desde este centro de estudios nuevas investigaciones sobre las sociedades indígenas amazónicas, y asimismo repensar la antropología en el país. Organizado por el Instituto Seminario de Historia Rural Andina, hoy a cargo de Danny Pinedo, y por la Escuela de Antropología de San Marcos, el evento analizó las relaciones políticas de los pueblos indígenas con el Estado, tanto desde la etnicidad y la territorialidad.

Dialogando con Pablo Sandoval, actual director de la Escuela de Antropología en San Marcos, él destacó la importancia de retomar una tradición sanmarquina sobre estudios amazónicos. En efecto, la carrera de antropología de San Marcos fue una de las primeras en desarrollar importantes investigaciones en años anteriores. La disminución de este interés, a nivel académico, puede haberse debido a la atención puesta en los mundos andinos, considerando además que la disciplina misma –con Valcárcel a la cabeza en 1946– surgió en nuestro país para privilegiar los modos de vida en los Andes. Hasta ahora seguimos, entonces, dentro de una tradición que considera que los pueblos amazónicos son una otredad lejana, y que la Amazonia es ante todo un espacio cosmológico y no uno donde se construyen otras relaciones de poder. A decir de Sandoval, se trata de un “distanciamiento etnográfico y emocional” ante las sociedades amazónicas. Por esto mismo, el seminario surge para producir nuevas lecturas respecto de las complejidades étnicas, sociales y territoriales en la Amazonia peruana. Sandoval también indicó que el seminario se alinea dentro de los intereses de una antropología que comprende y cuestiona al Estado, enfocada en relaciones interétnicas y que además problematiza el legado colonial de la disciplina. Reconociendo la tendencia por estudiar mitos y cosmogonías –hoy por hoy en boga por el perspectivismo –, Sandoval resaltó que los estudios presentados buscan reformular el rol del Estado dentro de las comunidades indígenas, especialmente en lo que se refiere al reconocimiento de derechos interculturales y territoriales.  

Este interés se mostró claramente en la primera mesa del congreso. Beatriz Huertas habló sobre cómo el Estado peruano se apropia de los territorios de indígenas no contactados de acuerdo a su conveniencia económica. Las leyes que se dan para proteger aquellas áreas son modificadas de acuerdo a cuan productivas pueden ser para la explotación de recursos naturales. En este punto, el Estado no estaría protegiendo sino más bien promoviendo invasiones. Por su parte, Oscar Espinosa, en diálogo con Huertas, volvió a incidir en las trabas que el Estado presenta para delimitar territorios. Las leyes nacionales estarían segmentando una tierra que, desde la perspectiva indígena, es entendida como un corpus amplio e integrador. Asimismo, este autor se refirió a cómo el territorio indígena es entendido como una mera estadística. Al respecto, se refirió a los conflictos que en su momento tuvo que afrontar Stefano Varese con diversos técnicos del gobierno de Velasco, los cuales reducían todas las complejidades territoriales a una fórmula matemática. Finalmente, Danny Pinedo, estudiando los conflictos entre La Reserva Comunal Amarakaeri y la empresa petrolera Hunt Oil, reiteró el ambiguo rol del Estado, el cual divide las relaciones de los sujetos indígenas con su territorio y pueblos vecinos.

Otro aspecto que debemos destacar del evento es la participación de voces indígenas. Sandoval, nos advertía sobre la necesidad de no limitar el seminario a lecturas académicas sino construir una colaboración entre sujetos indígenas e investigadores. Se advierte así la importancia de que los antropólogos –y otros intelectuales –establezcan relaciones horizontales con los pueblos indígenas, tanto a nivel político y epistemológico. En este sentido, hay que resaltar la intervención de Ruth Buendía. Las palabras de Buendía, dentro de este contexto académico, demuestran que los sujetos indígenas ya no son más informantes sino actores claves de diálogo.

Como invitado especial se contó con la presencia de João Pacheco de Oliveira Filho. Esta invitación permitió no solo conocer las continuidades de representaciones coloniales de los pueblos indígenas en Brasil, sino además ofreció la posibilidad de trazar semejanzas con el caso peruano. Pacheco de Oliveira, profesor del Posgrado en Antropología Social del Museo Nacional de la Universidad Federal do Rio de Janeiro/UFRJ, estudió las imágenes fundacionales del Brasil moderno. Su intervención fue parte de un capítulo de su más reciente libro, O Nascimento do Brasil e Outros Ensaios (2016). Considerando una serie de pinturas sobre la conquista y la colonización de la Amazonia, su conferencia buscó entender las representaciones nacionales de los indígenas dentro del marco de una antropología del colonialismo. En un primer momento, precisó el antropólogo brasilero, estamos ante la visión de los sacerdotes que protegen a los indígenas de acuerdo a doctrinas de salvación. Ellos son, además, representados como habitantes de un paraíso terrenal, nobles y bellos, tal como se aprecia en “Primeira Missa do Brasil” (Victor Meirelles 1861). Posteriormente, sin embargo, el objetivo es una colonización de la Amazonia basada en el progreso económico y de impulsos egoístas. Esto ocurrió principalmente a lo largo del siglo XIX, periodo en que comienza a legitimarse la superioridad colonial. Las contradicciones de la formación colonial brasilera se observan nítidamente en este siglo. Al mismo tiempo que se colonizan territorios indígenas, los intelectuales del romanticismo brasilero idealizaban una representación de los indígenas del pasado.

Otros puntos claves que se desprenden de las palabras de Pacheco de Oliveira fueron las categorías de frontera y demarcación. Por un lado, a través del uso del término frontera, él critica la noción del territorio como un espacio geográfico. La frontera ha significado un elemento fundamental para la creación del “otro”, pero no solo de un “otro” indígena, sino también del “otro” colonizador. La frontera, entonces, permite repensar cómo los propios sujetos indígenas delimitan y entienden su espacio en relación con la soberanía del Estado.  Por otro lado, al hablar sobre las actuales luchas indígenas por la demarcación, Pacheco de Oliveira resaltó que no se busca demarcar tierras ancestrales o primigenias. Los sujetos indígenas delinean su propia historia territorial en conexión con su memoria, sus nociones de familia y comunidad. Así, por ejemplo, ellos buscan ahora retomar aquellos territorios que pertenecieron a sus abuelos y que fueran robados por los caucheros. 

Luego de su conferencia tuvimos la oportunidad de entrevistar a Pacheco de Oliveira. Él ahondó en la importancia del siglo XIX para entender el destino de los pueblos indígenas en Brasil, ya que en esta época se incide en que el indígena debe ser incorporado pacíficamente y tratado de manera cordial. Es aquí donde comienza esa imagen de un Estado benefactor que pacifica antes que reprime. No obstante, estas leyes no significan que no hayan existido prácticas de exterminio. Desde el siglo XIX entonces se van configurando hasta ahora las paradójicas relaciones de fraternidad y violencia entre la nación y los pueblos indígenas en Brasil. En conexión con este punto, Pacheco de Oliveira también subrayó cómo los movimientos indígenas se forjaron en paralelo con el retorno a la democracia en Brasil. Si bien la esperanza democrática fue breve, ciertamente este periodo posibilitó la aparición de movimientos sociales, como el indígena, que logró obtener beneficios concretos, con énfasis en la demarcación de tierras. Esto demostraría, según el antropólogo, que los pueblos indígenas no rechazan relaciones políticas con el Estado, sino que buscan su reconocimiento con la finalidad de obtener protección y ser respetados por las leyes. Por supuesto, dicho proceso no está exento de tensiones, especialmente cuando el Estado, en complicidad con el agro-negocio y otras prácticas extractivistas, interfiere y amenaza la vida en las comunidades.

Durante todas sus sesiones, el Seminario buscó contradecir aquella idea de que las sociedades amazónicas son sociedades sin Estado, que permanecieron al margen de preocupaciones nacionales. Al respecto, la discusión sobre territorialidades indígena fue capital. Si bien el Estado titula comunidades y mueve fronteras según sus intereses económicos, lo cierto es que los sujetos indígenas no se han mantenido en la pasividad. A partir del uso de las leyes, de producciones simbólicas, alianzas con organismos internacionales, ellos han comenzado a exigir el respeto de sus derechos territoriales y son capaces de negociar con autoridades nacionales. En este sentido, defender el territorio es también una manera de reformular las bases de un Estado colonial.

Si bien la noción de territorio tiene una lógica diferenciada en cada nación indígena en Latinoamérica, correspondiendo a sus propios paradigmas históricos, también puede convertirse en un punto de encuentro. Como nos señaló Sandoval, el territorio es un concepto que va de la mano con el auto reconocimiento étnico de los pueblos indígenas, de tal manera que hablar de territorio es para ellos una estrategia política que les permite reconocerse como individuos con agenda y derechos propios. La defensa de la territorialidad refuerza la identidad étnica. Este fenómeno que se vive actualmente en Perú, dentro de un periodo de transición en el que los pueblos indígenas pueden renegociar derechos con el Estado, tiene amplia resonancia con la lucha de los movimientos indígenas en Brasil. En este sentido, lo dicho por Pacheco de Oliveira respecto del caso brasilero, ciertamente, responde a contextos específicos, pero al mismo tiempo tiene nos interpela. El mutuo aprendizaje entre movimientos indígenas en uno y otro país es posible y reforzaría una lucha transnacional de anticolonización.  Habría, pues, que comenzar a producir líneas de encuentros, afinidades de afectos y luchas territoriales, entre los pueblos indígenas que defienden sus territorios.

Foto: CIDH (Flickr)