Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Consultor en Cooperación al Desarrollo

Argentina y Uruguay: dos victorias con distinto resultado

El domingo 27 de octubre se realizaron elecciones generales en las dos orillas del Río de la Plata; y, aunque en ambos casos el voto favoreció a los partidos progresistas, las sensaciones son totalmente distintas.

Argentina

Con el 97% escrutado, el Frente de Todos (TODOS), liderado por el binomio Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirchner, logró hacerse con la victoria al alcanzar el 48,1% de los votos, frente al 40,4% de Juntos por el Cambio (JxC), liderado por el aún presidente Mauricio Macri. El sistema electoral argentino contempla que – en primera vuelta – el candidato que obtenga el 45% + 1, o el 40% de los votos con una diferencia de 10 p.p. respecto al segundo más votado, se proclama ganador de la contienda electoral.

Lo más interesante del proceso fue la construcción de la próxima coalición gobernante. Antes de la presentación de las candidaturas, el debate giraba en torno a la posibilidad de construir una alianza de fuerzas peronistas que excluyera a la ex presidenta. La relación entre Cristina Fernández y los gobernadores de un peronismo más tradicional y conservador, no ha sido nada sencilla, con acusaciones de todo calibre, donde – por un lado – se percibía un apoyo por parte de los gobernadores del justicialismo a las propuestas del oficialismo y que iban contra la clase trabajadora, como la reforma previsional; y, por el otro lado, las acusaciones a la actual senadora se centraban en considerarla la causante de la “grieta” entre los ciudadanos y de estar inserta (o por lo menos acusada) en actos de corrupción durante su mandato. El ambiente era tenso. Algunos analistas se preguntaban si ello podría significar el fin del peronismo como fuerza gravitante.

Esta era la situación. Parte del peronismo bregaba por dejar fuera a Cristina, pero era claro que sin el voto duro de la ex presidenta (alrededor del 30%), no había forma de ganarle al macrismo. Sobre todo, tomando en cuenta que nunca un presidente había perdido una re-elección. Con ese escenario, Cristina entendió que el país necesitaba un gesto, y - en mayo – anunció que se presentaría como vicepresidenta en una plancha liderada por Alberto Fernández. Ese gesto, fundamental para la victoria que hoy se celebra, no sólo pasaba por renunciar a la posibilidad de ser presidenta sino – y, sobre todo – convocar a quien había sido Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, pero que se había distanciado del kirchnerismo, lanzando durísimas críticas a la gestión de Cristina y del gobernador electo (ex ministro de economía) Axel Kicillof. El gobierno tenía que ser de Todos.

Alberto Fernández, que había dejado la política para seguir con su carrera de catedrático de derecho penal en la Universidad de Buenos Aires, era el llamado a conseguir la unidad del peronismo. Ello, como se reflejó en la elección de ayer, dio sus frutos. Alberto tendrá la difícil misión de gobernar un país con una grave crisis social y económica. Pero también tendrá que lidiar con un bloque heterogéneo, que – seguramente – no irá unido en algunas propuestas de ley, menos conservadoras, como la legalización del aborto, lo que podría suponer algunos resquebrajamientos en el bloque. Todos los actores son conscientes de ello; sin embargo, asumieron el objetivo de terminar con el modelo de ajuste económico que significaba mayor pobreza e indigencia.

La elección del binomio Fernández-Fernández modificará el panorama regional, alineándose con México, como contrapeso a los gobiernos de derecha. Un claro ejemplo de ello es el reconocimiento, ayer mismo, de la victoria electoral por parte de Evo Morales en Bolivia. También ha pedido la liberación del ex presidente brasilero, Lula da Silva, y de la prefecta de Pichincha, Ecuador, Paola Pabón. Respecto a la crisis venezolana, se ha manifestado a favor de una salida dialogada, en línea con lo propuesto por México y Uruguay.

Uruguay

Con el 99,96% escrutado, el Frente Amplio (coalición gobernante) alcanzó el 40,66% de los votos, frente al 29,68% del Partido Nacional. La legislación uruguaya sólo contempla una victoria si se llega el 50% + 1 de los votos. Al no haber sido alcanzado este porcentaje por ninguno de los partidos, el 24 de noviembre se desarrollará el balotaje. Pese a ser, por quinta vez consecutiva, el partido con mayor votación en primera vuelta, la sensación – en el votante frenteamplista – es de incertidumbre, pues la posibilidad de perder es altamente probable. Luego de los resultados preliminares, varios de los candidatos opositores (Ernesto Talvi del Partido Colorado, Pablo Mieres del Partido Independiente, Edgardo Novick del Partido de la Gente y Guido Manini de Cabildo Abierto) anunciaron su apoyo a la candidatura de Luis Lacalle del Partido Nacional. Aunque ningún candidatos tiene la capacidad de endosar la totalidad de sus votos, el que la suma de todos ellos represente el 56% del electorado, nos dice que el partido de gobierno deberá redoblar esfuerzos para atraer a esos votantes que – aunque opositores – no están convencidos que un gobierno “blanco” sea mejor opción.

Lo primero que deberíamos analizar es cuáles fueron las probables causas para que – entre el 2014 y el 2019 – el Frente Amplio perdiera más de 165 mil votos (descontando, proporcionalmente, el aumento del total de electores habilitados). Un punto a tener en cuenta es la sensación de una buena parte del votante uruguayo que la estabilidad económica no se verá afectada por un eventual cambio de gobierno. Aun cuando los candidatos opositores se mostraron – en campaña – muy próximos a los modelos económicos de Argentina y Chile, supieron desmarcarse de los mismos después de la derrota de las PASO y las protestas sociales. Aunque Uruguay es – hoy por hoy – un oasis de estabilidad, la situación regional (sobre todo en sus vecinos Argentina y Brasil) hizo que el crecimiento se ralentizara lo que ha sido aprovechado por los opositores para cuestionar el modelo. En septiembre de 2019, el 28% de los uruguayos consideraba que los problemas económicos eran su principal preocupación, frente a un 16% del año anterior[1].

Otro factor relevante es el tema de la inseguridad. Según datos del Ministerio del Interior, las rapiñas y los homicidios aumentaron, en 2018, un 53,8% y un 45,8%, respecto al 2017[2]. Con estos datos, varios de los partidos políticos intentaron capitalizar el descontento, siendo Edgardo Novick quien primero levantó el tema viendo aumentado su caudal de votos, según las encuestas del momento. Sin embargo, luego que el general retirado, Manini Ríos, tras ser relevado de su cargo de Comandante en Jefe del Ejército (03/2019), se convirtió en una opción válida para quienes buscan “la mano dura”. En este sentido, Manini se ha mostrado próximo al “bolsonarismo”: conservador, represor y liberal en lo económico. Por parte de los “blancos” (Partido Nacional), en febrero pasado, Jorge Larrañaga presentó más de 400 mil firmas para plebiscitar una reforma constitucional, en materia de seguridad, denominada “vivir sin miedo”, que consistía – principalmente – en el endurecimiento de las penas y en la presencia de militares en las calles. Es importante resaltar también el papel de los medios de comunicación, principalmente del diario El País, desde donde acusaba al Frente Amplio de no responder a las demandas de la ciudadanía[3]. Afortunadamente, la reforma no alcanzó los votos suficientes, pero quedó muy cerca de su objetivo con un 46,09%.

Haciendo un análisis territorial, respecto a las elecciones de 2014, el Frente Amplio bajó en los 19 departamentos del país, por – más o menos – 10 puntos porcentuales. Entre los que menos cayó se encuentran Montevideo (-4,73 p.p.), Colonia (-6,59 p.p.) y Canelones (-7,53 p.p.), departamentos ligados al sector turismo y servicios. En el interior norte, Rivera (15,16 p.p.), Artigas (11,02 p.p.) o Salto (11,56 p.p.), departamentos que se sostienen de las actividades agropecuarias, es donde la caída fue mayor. 

De mantenerse la tendencia, será Cabildo Abierto (CA), que obtuvo casi 261 mil votos (11,29%), quien tenga las llaves de la gobernabilidad. La pregunta es ¿qué estaría dispuesto a negociar el Partido Nacional a cambio de su apoyo, toda vez que la agenda de CA se ha,  basado, exclusivamente, en la seguridad y el recorte de derechos? Por considerarlo interesante, vemos cómo correlaciona con los resultados del FA, es justamente en Montevideo y Colonia donde CA obtuvo los peores resultados (7,11% y 6,45%, respectivamente). Por su parte, Rivera es donde obtuvo mayor apoyo, con el 20,69%, seguido de Treinta y Tres con un 17,7% y Rocha con un 16,41%. Más interesante es cruzar estos datos con los resultados del SI en el  plebiscito de 1980 que pretendía modificar la Constitución y – en cierta forma – legitimar la dictadura[4]: Treinta y Tres (68%), Rivera (64,2%), Artigas (62,2%) y Rocha (57,6%). Con los datos presentados podríamos inferir que existe un sector de la población que valora la figura de un caudillo que sea capaz de defender los valores ligados, principalmente, a la familia tradicional; y, asimismo, hacer frente a los desafíos de la inseguridad, prestando menos importancia a los métodos propuestos como la flexibilización de la tenencia de armas

El panorama se torna difícil, son muchos puntos a remontar. Sin embargo, si tomamos en cuenta la última encuesta de CIFRA, a mediados del presente mes, respecto a los “votos que podrían cambiar”[5], son justamente los votantes del Partido Colorado y Cabildo Abierto, en un 35% y 41%, respectivamente, quienes presentan la mayor cantidad de votantes indecisos (voto blando).

A redoblar.

[1]https://www.republica.com.uy/cifra-para-los-uruguayos-la-inseguridad-es-el-principal-problema-del-pais-id730738/

[2]https://www.elobservador.com.uy/nota/las-rapinas-crecieron-53-8-y-los-homicidios-45-8-en-2018-con-respecto-al-ano-2017-201932519340

[3]https://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/vivir-miedo-2.html

[4]https://uruguayeduca.anep.edu.uy/efemerides/1327

[5]https://www.cifra.com.uy/index.php/2019/10/24/los-votos-que-podrian-cambiar-y-los-indecisos/