Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Ay, mamita, ¡¡las elecciones!!

Foto: La República

Después de 19 años volvemos a una etapa de transición. Para remate esta vez las elecciones serán diferentes, no tendremos una batalla por la presidencia de la República que genere algún arrastre para el Congreso. La última vez que vivimos este tipo de elección las reglas fueron muy distintas, era 1993 y estábamos en dictadura, con un fujimorismo copando de manera descarada las instituciones. Hoy el gobierno de Vizcarra ni ha tomado las instituciones ni presentará candidatos o candidatas. Pero el escenario está aún muy disperso. Y por lo que se avecina puede ser una guerra de todxs contra todxs. Y en estas guerras, muchas cosas y chicharrones pueden pasar desapercibidos.

El fujimorismo está en modo pollo sin cabeza. El mejor ejemplo: la exasperación de Rosa Bartra y su intento desfachatado de engañarnos con relación a Alan García frente a las preguntas de Patricia del Rio. El paroxismo de la mentira. Pero ese pollo sin cabeza no está aún derrotado del todo. Con las viejas reglas de juego, el fujimorismo tiene la mesa servida para volver a tener mayoría.

Porque si bien el financiamiento privado está prohibido, siempre ha habido y habrá modos de evadir la ley. Y en esa evasión el fujimorismo (y sus aliados apristas) y las economías ilegales -la trata de personas, el narcotráfico, la minería ilegal y demás- saben jugar muy bien en pared. El dinero sucio y la desesperación por alcanzar la inmunidad e impunidad serán un cóctel demasiado potente. Y de cocteles sabe bastante el fujimorismo.

El APRA la va a pasar muy mal en las próximas elecciones. Lo de Luciana León y las declaraciones de Nava han sido golpes demoledores. Pero igual, así lleguen 3, ya han demostrado cuánto daño pueden hacer a nuestra democracia con pocos congresistas.

A esto hay que sumar propuestas electorales que parecían interesantes en materia de lucha contra la corrupción, como las del Nuevo Perú (y aunque en materia económica y de defensa de libertades tengo serias diferencias con este grupo), que se han aliado con un personaje tan impresentable como Vladimir Cerrón cuyo CV incluye una condena por corrupción, ser homolesbofóbico, xenofóbico y varias condecoraciones más de ese estilo. Las opciones se van cerrando y nos vamos damos cuenta de que no tendremos mucho de dónde escoger.

Acción Popular aún genera reparos por un lado por las vinculaciones de Víctor Andrés García Belaúnde con los codinomes y del otro lado debido a la cercanía de algunos de sus militantes con sectores conservadores religiosos antiderechos. El Partido Morado aún no muestra sus fichas.

La cereza del pastel: los que ponen las reglas son casi los mismos que las pusieron en las elecciones pasadas (solo uno ha cambiado). Sí, el Jurado Nacional de Elecciones sigue casi igual que en el año 2016, cuando sacaron a Julio Guzmán de la carrera y permitieron al APRA poner congresistas pese a que habían sacado menos de lo requerido para tener representación parlamentaria.

Así que no nos sorprendamos si cosas extrañas empiezan a pasar y luego no se espanten si el congreso de 2020 es casi una copia del que acaban de cerrar o incluso es aún peor. No olvidemos que en nuestro país las cosas siempre pueden ser peores.