Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Cajamarca y el “Frente único”

Los meses de septiembre y octubre del 2011, fueron un tiempo de disputa permanente entre el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca (FDAC) y el Gobierno Regional presidido por Gregorio Santos. Así, Reinhard Seifert, uno de los principales asesores del FDAC, denunciaba una supuesta “traición” de Santos y Patria Roja a los intereses cajamarquinos, acusando a la gestión de haber generado nexos con las empresas mineras que operan en el departamento; por su parte Santos y su brazo político, Patria Roja, formaban un Frente de Defensa Regional, presidido por Idelso Hernández, un viejo dirigente rondero aliado de Santos.

La estrategia de Patria Roja, que cuestionaba la representatividad del FDAC y su posición contraria a la gestión de Santos, parecía apuntar a generar un ente paralelo que “ahogara” al FDAC y así hegemonizar la representación cajamarquina. En medio de esa disputa el FDAC participó de dos congresos en las provincias de San Marcos y Bambamarca, los cuales fueron centrales para la articulación de los frentes provinciales y el FDAC (cuya legitimidad sólo es reconocida en el ámbito urbano de Cajamarca). Allí surgió un actor clave, Milton Sánchez, dirigente de la Plataforma Interinstitucional de Celendín (PIC), quien venía denunciando con poca suerte y eco, la inviabilidad del proyecto Conga desde hace años atrás.

Las denuncias de Sánchez, un joven dirigente conocido hasta entonces como secretario del Consejo Regional de Juventudes (COREJU), sólo habían sido recogidas por Wilfredo Saavedra en pocas ocasiones, pero estas no eran suficientes para articular un movimiento regional contrario al proyecto Conga. Del mismo modo, en distritos como Hualgayoc – Bambamarca, uno de los núcleos del conflicto en contra de Conga, el proyecto no era percibido como un problema ni amenaza y no formaba parte de la agenda local hasta principios de octubre.

Más aún, si el margen de acción de la PIC que dirigía Sánchez se circunscribía sólo a la provincia de Celendín, el FDAC se hallaba bastante debilitado, al extremo que en la ratificación de Wilfredo Saavedra como presidente, sólo participaron alrededor de 60 personas.

No obstante, desde los actos conmemorativos por la defensa del cerro Quilish, foco de los conflictos antimineros entre 1998 y el 2000, donde el FDAC tuvo un rol bastante activo (1), se comenzó a gestar una suerte de descontento en contra de Minera Yanacocha y su presencia en Cajamarca.

El descontento era motivado por hechos concretos como las restricciones del suministro de agua potable en la ciudad de Cajamarca y la denuncia de Marco Arana sobre contratos secretos entre la prestadora del servicio SEDACAJ y Yanacocha; la visita de supervisión a la cuenca del río Grande, donde se hallaba instalada la tubería de la empresa para descargar o devolver el agua que utiliza en sus operaciones y la sequía casi total de su cauce, entre otras que fueron alimentando un sentimiento de rechazo a la actividad minera, en particular a Yanacocha.

En ese contexto se produce también un primer conflicto entre la empresa y el distrito de La Encañada, el mismo que llegó a extremos violentos como, la quema de camionetas y el bloqueo de vías por parte de los manifestantes. La empresa respondió con una movilización de cerca de ocho mil trabajadores y contratistas, como intentando “medir fuerzas” con los manifestantes de La Encañada que dicho sea de paso, no se oponían a la actividad minera, sino buscaban incrementar el aporte económico de la empresa para su distrito.

Ello generó un escenario propicio para gestar una suerte de reedición de la lucha por el Quillish, revivida en parte por el propio Carlos Santa Cruz, Vicepresidente Senior de Newmont, cuyas declaraciones en Nueva York, señalando que planeaban reiniciar operaciones en el Quillish el 2016, alertaron y enervaron los ánimos de la dirigencia cajamarquina que, como vimos, se encontraba bastante fraccionada, pero inconforme con el actuar de Minera Yanacocha.

Un paro parecía ser cuestión de tiempo, ya el SUTEP había realizado una primera movilización en contra del proyecto Conga días atrás y en un intento hábil de revertir las críticas a su posición sobre la minería y evitar quedar descolocado frente al descontento en contra de Conga, Gregorio Santos convocó a una primera movilización el 9 de noviembre, la misma que recibió la adhesión de diferentes organizaciones. Santos había ganado la iniciativa y se convertía en uno de los líderes de las protestas en contra de Conga. El contexto movilizado y los errores políticos del Gobierno Nacional hicieron el resto del trabajo, legitimando la convocatoria de Wilfredo Saavedra a un paro indefinido.

Las dirigencias comenzaron a reubicarse, el Gobierno Regional, vale decir Patria Roja, el FDAC, la Plataforma Interinstitucional de Celendín y otros frentes como el Frente de Defensa Ambiental de Bambamarca, dirigido por José Milchan, se adhirieron al paro, lo mismo Tierra y Libertad con Marco Arana desde Lima y posteriormente desde Cajamarca, comenzaron a buscar el espacio que les permitiría no quedar descolocados durante el conflicto.

Allí la figura de Saavedra, una figura menor –hasta ese entonces- dentro de la dirigencia cajamarquina y cuya representatividad se reduce a un núcleo urbano reducido, empezó a cobrar notoriedad, en gran parte alimentada por la prensa que encontró en él, ex preso y ex militante del MRTA, al arquetipo ideal del radical instigador de las protestas, evitando así ver la complejidad del conflicto e invisibilizando a otros actores cuya legitimidad es aún mayor.

En ese sentido, hay que ver a Cajamarca también como un espacio de disputa política permanente, donde los diferentes líderes buscan un lugar en el espectro político. Así, pensar que el que moviliza las protestas es un “frente único” o que estas responden a la voluntad individual de un caudillo es un contrasentido que no ayuda a comprender la verdadera dimensión de las mismas, ni los intereses y realidades detrás de éstas. Demás está señalar los constantes errores de Yanacocha, sólo eso explica los extremos vistos las últimas semanas.

La última paralización convocada por el Gobierno Regional -los primeros días de enero-, es un síntoma del declive temporal de las protestas, pero no significa el fin de las mismas. Las fiestas de carnaval, la dedicación de los campesinos a las faenas agrícolas, el desgaste de algunos líderes, le están dando una tregua momentánea al gobierno. Transcurrido febrero sabremos la dimensión de la misma. Por el momento la dirigencia cajamarquina no parece salir de su posición de declarar la inviabilidad del proyecto Conga, con el mismo ímpetu con que el gobierno promueve la marcha del mismo.

Datos:

1) Y que logró catapultar a Marco Arana como una de las figuras emblemáticas de la lucha en contra de la minería en el Perú.


*El autor agradece los comentarios de Ronald Ordoñez y Juan Arribasplata