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Una publicación de la asociación SER

Carnaval de Manchiri

En un viaje de Huamanga a Huancasancos antes de llegar a la imponente catarata de Atuqpa Pawanan, el ayudante a viva voz nos anuncia “¡los que van a Manchiri!” Al bajar del carro atravesamos el río Qaracha por un puente colgante, y pasando el anexo de Aqosa nos dirigimos al pueblo de Manchiri.

El vallecito comienza con maizales cercados por árboles de molle, huerta de tunas y duraznos que crecen en los rincones de las cortas andenerías y al seguir cuesta arriba por un camino estrecho y zigzagueante llegamos al pueblo.

El pueblo está ubicado en una pendiente intermedia entre la puna y los valles de la región quechua a una altitud que oscila entre 2,800 a 3,800 msnm. Es llamativo por su templo colonial y su iglesia, por sus callecitas cortas, casitas de abobe y piedra, unas techados con teja, ichu y otros con calamina. Es único, puesto que la estructura de sus calles cortas no tienen el mismo patrón cuadricular de los pueblos del ande.

Manchiri es un pueblo de origen mitmaq llevado por los Incas, y ubicado en una zona de geografía accidentada, de peñas vivas y enclavada en la profundidad de los cerro,s con la finalidad de mejorar la actividad económica debido que eran maestros en el cultivo del maíz con la chakitaklla, en la elaboración de canastas para almacenar maíz y los mejores textileros de la zona. 

En el proceso de las reducciones del virrey Francisco de Toledo, por pedido de sus curacas se mantuvo en su poblado prehispánico a cambio del cumplimiento de la mita minera, la entrega de tributos, la evangelización, su fidelidad y lealtad a su majestad. Las autoridades virreinales aunque priorizaron adaptar la estructura del poblado a las ordenanzas españolas no lograron establecer las calles cuadras y rectas. La estructura prehispánica se mantuvo y sólo adecuaron una pequeña plaza y el templo. Los manchirinos al desafiar las reducciones continuaron viviendo en su poblado divididos en dos ayllus: Hurin Sayaq y Ayllu Tawyu.

Bajo el sol poco intenso entramos a la plaza y de pronto oímos la voz de las arpas, los violines y el canto en quechua y castellano de los acompañantes que dominaban en las calles. Después de haber visitado la casa de los cargontes, el mikuchinakuy respectivo y recorrer las calles principales entran a la plaza.

La mayoría de las manchirinas visten faldas mil rayas, walis floreados y llevan mantas maestramente awasqa de fondo negro o marrón y con líneas que expresan diversas figuras geométricas. Llevan sombreros y algunas mamitas visten blusas y chompas de colores sobresalientes: lila, rosado y rojo. Los sombreros negros y marrones se distinguen por llevar cintas multicolores y adornadas de flores.

El canto alegre enciende el entusiasmo y reúne a la multitud. Los maqtillus y las niñachas se suman a los grupos, bailan y cantan numerosos carnavalitos auténticos del sur de la región de Ayacucho, referido a los animales, las plantas, la lluvia y las montañas sagradas. 

La letra de una canción dice:
Qarwarasupin yacharqani
paray lastapa chaypichallampi
parachkachun lastachkachun
vicuña color punchuchallaywan
Y terminan cantando constantemente: Tantar kichkachay morado sisachay.

El carnaval manchirino es como un reconocimiento a sus principales recursos, por ello juegan con la tuna, la principal fruta del pueblo y representan a los carneros y pasean en hombros. En la plaza empieza uno de las mayores costumbres del carnaval manchirino, el juego con la tuna. Las mamitas, los taytas, los maqtas y las niñachas juegan todos. Las tunas cruzan los aires, de un lado a otro, de canto a canto y terminan reventando en las cabelleras, en las espaldas y en todas las partes del cuerpo. 

Al atardecer, las nubes negras cubren el cielo, en las cumbres lejanas se inician las lluvias y se aproxima al pueblo. Todo el vallecito es festivo, colorido y bullicioso. Los comuneros animados con los tragos siguen bailando, cantan a viva voz e interpretan canciones tristes:

Traguschallay vinuschallay
amallaraqya sinkachillawaychu
yo no tengo padre madre
sapallaymi kaypi waqachkani
sapallaymi kaypi llakichkani

La canción entristece el corazón más huérfano y los dos grupos nuevamente por la calle angosta se encaminan a la casa de los cargontes y la fiesta seguirá por la noche hasta el alba.