Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Catástrofe anunciada

La incapacidad recurrente del Estado peruano para contar con una política eficiente de prevención y gestión de riesgos afecta nuevamente a decenas de miles de nuestros compatriotas en diversas regiones del país, en especial en Arequipa, Moquegua y Tacna donde una vez más han sido víctimas de huaycos e inundaciones con sus consiguientes secuelas de pérdida de vidas humanas, viviendas arruinadas, corte de los servicios públicos y destrucción de vías de comunicación. Es en este tipo de circunstancias que queda patente la escasa sensibilidad y habilidad de los políticos, tecnócratas y burócratas de turno para implementar una política esencial en un país con una geografía como el nuestro.

Asimismo, y tal como pasó hace un par de años en el norte del país, la tragedia nos permite “descubrir” la precariedad y el riesgo en que vivimos de manera cotidiana y la ausencia de una cultura de la prevención sobre las consecuencias de los fenómenos climáticos en un territorio que ha sido ocupado sin mayor planificación y sobre todo sin tener en cuenta los antecedentes históricos que muestran con meridiana claridad cuáles son las zonas de peligro. Y no olvidemos que el desastre es producto de nuestra incapacidad manifiesta para enfrentar a la naturaleza.

Por otro lado, lo ocurrido vuelve a poner en el tapete la carencia de calidad e idoneidad técnica de muchas de las obras de infraestructura vial construidas durante los últimos años, las cuales – como ahora sabemos bien – fueron encargadas a empresas cuyas propuestas técnicas y económicas no requerían ser las mejores, ya que el criterio determinante para el otorgamiento de la buena pro era el pago de coimas y diezmos.

Si bien en este momento lo urgente es atender con celeridad la emergencia y garantizar la prestación de los servicios públicos esenciales a las personas afectadas, en Noticias SER creemos que ello no debe hacernos perder de vista que la mejor manera de prevenir los riesgos en el futuro es contar con un estado eficaz y honesto y una población con un mínimo de responsabilidad cívica.