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Una publicación de la asociación SER

Centralismo: el viejo virus del Estado Peruano

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Julio Failoc Rivas.

Las medidas del gobierno central, sino son aterrizadas por los gobiernos regionales y locales, no tendrán el éxito esperado, más aún porque se parte de la premisa que todos somos iguales, y si no hacemos nada para demostrar lo contrario, tendremos una pila de muertos por el coronavirus o de hambre.

Cada día me convenzo más que el centralismo es un modelo mental que llevamos todos en el ADN que conduce a la inacción a los gobiernos regionales y locales. Son casi nulas las acciones e iniciativas que han partido de estas instancias de gobierno, como estuviéramos esperando que el gobierno central nos resuelva los impactos de la pandemia, en la salud y la economía, de nuestras localidades.

Lo curioso es que hay propuestas al respecto y que se han lanzado desde el colectivo “Colectivo Ciudadano Descentralizado” en la que hemos venimos participando desde diferentes regiones.

La ausencia de liderazgos con poca visión de lo que hay que hacer, combinada con incapacidad de concertar, para alinearnos todos bajo un objetivo común puede ser una explicación de la inacción, pero creo firmemente que lo que nos mantiene estancados es la incapacidad de descentralizar las acciones para la lucha contra el COVID-19.

La propuesta de reactivación económica nacional no va a tener los impactos positivos en las MYPES, si los gobiernos locales y regionales no ponen el hombro.  Ya advertimos que los fondos no van a alcanzar para todos, sobre todo para los informales, quienes actualmente soportan los dos tercios de la población económicamente activa. La economía en cuarentena es una bomba de tiempo que -una vez levantada- va a explotar con protestas en las puertas de las sedes de los gobiernos locales y regionales en busca de empleo.

La estrategia de salud del gobierno frente al coronavirus no funciona por igual para todas las regiones. Cada región debe tener su propia estrategia para neutralizar el virus, porque los niveles de contagio son diferentes y la evolución para llegar al pico esperado no es la misma para todos.

La mejor estrategia para las regiones es la focalización de las familias que tienen algún familiar con patologías con peligro de muerte a fin de protegerlos. Una simple pulsera que los distingan del resto para que tengan una atención diferenciada puede ser la solución. No hacerlo es tener una pila de muertos una vez levantada la cuarentena.      

Los gobiernos locales y regionales tienen que comerse el pleito desde ahora para desarrollar medidas complementarias a las propuestas por el gobierno central.

Guerra avisada no mata gente. Estamos advertidos.