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Una publicación de la asociación SER

¿Cómo llegamos al año internacional de las lenguas indígenas?

En alguna comisaría del país, en un hospital o en alguna entidad privada, una mujer u hombre no puede comunicar adecuadamente su requerimiento, puesto que solo pueden expresarse en su lengua materna. Suele ocurrir que, quienes los atienden, no sólo no entienden su lengua, sino que optan por la burla y el desdén hacia aquel que consideran diferente o inferior.

Los casos se multiplican en todo el país, de hecho, según cifras de la I Encuesta Nacional sobre Diversidad Cultural y Discriminación, realizada por el Ministerio de Cultura, el 42% de peruanos considera que en el Perú debería hablarse una sola lengua, el español y el 53% considera que los peruanos somos racistas. Paradójicamente los lugares más discriminadores son hospitales, postas médicas, comisarías y municipalidades. Es decir, la barrera para que un hablante de una lengua indígena acceda a un servicio de salud o denuncie algún tipo de delito es, por decirlo menos, brutal.

Todas estas condiciones son tomadas en cuenta en la declaratoria del 2019, como el “Año Internacional de las Lenguas Indígenas” por parte de las Naciones Unidas, así como el reconocimiento de que muchas de ellas están desapareciendo, debido entre otros factores, a un proceso de asimilación, la continuidad de un sistema educativo excluyente, la pobreza, discriminación y lo que es más grave, la violación de derechos humanos de los pueblos indígenas u originarios.

Como hemos visto, pese a su gran diversidad, el Perú no es ajeno a esta situación, 55 pueblos indígenas u originarios que hablan 48 lenguas, son la expresión de nuestra riqueza, pero también la lengua es la expresión cultural con menor transmisión intergeneracional, ello en parte porque hablar se ha convertido en un motivo de discriminación recurrente, problema y reto pendiente para el conjunto del Estado.

Si bien existen avances al respecto, como la normalización de algunos alfabetos, la implementación del modelo de educación bilingüe intercultural, la formación de intérpretes y traductores, además de una política nacional de lenguas indígenas, aún quedan demasiados pendientes. Razón por la que vengo promoviendo la aprobación de tres iniciativas legislativas que buscan complementar dichas medidas, como el Proyecto de Ley que crea una bonificación para hablantes de lenguas originarias que postulan a un puesto de trabajo en el Estado, la creación del Instituto Peruano de Lenguas Indígenas (IPELI) y la declaratoria del día nacional de las lenguas indígenas u originarias del Perú.

Y es que garantizar el derecho de los ciudadanos a expresarse en su lengua, no es una cuestión accesoria, se trata de garantizar un derecho fundamental, esta relacionado con la autoestima y el cómo entendemos el mundo. A través de ella, exigimos el respeto a nuestros derechos, el acceso a un servicio de salud o educación de calidad, entre otros aspectos importantes, como la garantía de la continuidad de nuestros pueblos, la transmisión de la historia, las tradiciones, costumbres, etcétera.

Afortunadamente la resistencia y persistencia de académicos, artistas y miles de ciudadanas y ciudadanos que promueven el uso de nuestras lenguas, nos ayudan a seguir manteniéndolas vivas, no obstante, necesitamos un Estado que no solo actúe como mero traductor o interprete, sino que asuma el reto de representar auténticamente a los pueblos indígenas de este país, que se comunique con ellos como semejantes y ciudadanos, reconociéndonos como actores políticos para la transformación de este país.

Foto: Andina