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Una publicación de la asociación SER

Cuando Lima solo tenía 15 años (1550).

Foto: Historiaperuana.pe

Nicanor Domínguez, Historiador.

Acaban de celebrase los 485 años de la fundación de nuestra caótica ciudad capital. Entre 9 y 10 millones de personas viven en Lima hoy en día, y sus dificultades de transporte y de seguridad ciudadana son una preocupación diaria para todos y cada uno de sus habitantes. Estos problemas urbanos se han agravado tras haber padecido durante una docena de años el corrupto gobierno municipal del cuestionado ex-alcalde Castañeda Lossio (2003-2010, 2015-2018).

Pocas ciudadanas y vecinos de Lima, atareados en los trajines del día a día, se preguntarán cómo hemos llegado a estos niveles de caos urbano. Diversos especialistas, desde la década de 1960, han discutido cómo afrontar el crecimiento poblacional de la capital y sus problemas conexos.  José Matos Mar (n.1921-m.2015), antropólogo sanmarquino y antiguo director del Instituto de Estudios Peruanos, bautizó este proceso con el título de un libro publicado en 1984: “Desborde popular y crisis del Estado”. El proceso migratorio campo-ciudad, iniciado silenciosamente en la década de 1940 y continuado con altibajos por ocho décadas, no parece haber cesado.

Además, una filosofía de “Estado pequeño” y de promoción del “emprendedurismo” individual solo han profundizado el desgobierno cotidiano en la capital y en el país entero en los últimos treinta años. El futuro de la ciudad, y del país, depende no sólo de sus autoridades, sino de sus habitantes: los unos responsables de planificar reformas y de darlas a conocer y entender, y los otros (todos nosotros) comprometidos a apoyarlas con responsabilidad cívica.

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¿Cómo era Lima al inicio de su historia, hace 485 años? Contamos con algunas descripciones de la ciudad y del valle, escritas por cronistas españoles del siglo XVI, que nos dan alguna idea de sus principales características. El cronista Pedro Cieza de León (n.ca.1520-m.1554), que estuvo en la ciudad en 1550, nos proporciona una de las primeras descripciones que conocemos. En su ‘Crónica del Perú’, publicada en Sevilla en 1553, dedica el capítulo LXXI a “De la manera que está situada la ciudad de Los Reyes, y de su fundación, y quién fue el fundador” (pp. 194-195 de la edición 2005). En el momento en que Cieza estuvo en Lima la ciudad tenía, apenas, 15 años de existencia.

Cieza nos dice: “El valle de Lima es el mayor y más ancho de todos los que se han escrito [en la crónica] de Túmbez a él. Y así como era grande, fue muy poblado. En este tiempo [en 1550] hay pocos indios de los naturales, porque como se pobló la ciudad en su tierra, y les ocuparon sus campos y riegos, unos se fueron a unos valles, y otros a otros. Si de ventura han quedado algunos, tendrán sus campos y acequias para regar lo que siembran” (p.194).

Sobre la fundación en enero de 1535 dice: “Al tiempo que el adelantado don Pedro de Alvarado entró [desde Guatemala] en este reino [del Perú], hallóse el adelantado don Francisco Pizarro gobernador de él por su majestad en la ciudad del Cuzco. Y […] temiéndose el adelantado no quisiese [Alvarado] ocupar alguna parte de la costa, bajando a estos llanos [= la Costa], determinó de poblar una ciudad en este valle [de Lima]. Y en aquel tiempo no estaba poblado Trujillo, ni Arequipa ni Guamanga, ni las otras ciudades que después se fundaron. Y como el gobernador don Francisco Pizarro pensase hacer esta población, después de haberse visto el valle de Sangalla [en Pisco], y otros asientos de esta costa, bajando un día con algunos españoles por donde la ciudad está ahora puesta, le pareció lugar convenible para ello, y que tenía las calidades necesarias. Y así luego se hizo la traza y se edificó la ciudad en un campo raso de este valle, dos pequeñas leguas de la mar” (p.194). Luego reitera: “la pobló y fundó el adelantado don Francisco Pizarro gobernador y capitán general en estos reinos, en nombre de su majestad del emperador don Carlos nuestro señor” (p.195)

Sobre el río Rímac dice: “Nace por encima de ella [de la ciudad] un río por la parte de Levante [= al Este], que en tiempo que en la serranía es verano [época seca, abril a noviembre] lleva poca agua, y cuando es invierno [época de lluvias, diciembre a marzo], va algo grande, y entra en la mar [= el Océano Pacífico] por la [parte] del Poniente [= al Oeste]” (p. 194).

Y sobre la cercanía de la ciudad al río: “La ciudad está asentada de tal manera, que nunca el sol toma al río de través, sino que nace a la parte de la ciudad. La cual está tan junto al río, que desde la plaza un buen bracero [= tirador, lanzador] puede dar con una pequeña piedra en él, y por aquella parte no se puede alargar la ciudad, para que la plaza pudiese quedar en comarca, antes de necesidad ha de quedar a una parte” (p.194).

Sobre la ciudad misma, dice: “Esta ciudad después del Cuzco es la mayor de todo el reino del Perú, y la más principal, y en ella hay muy buenas casas, y algunas muy galanas con sus torres y terrados, y la plaza es grande, y las calles anchas. Y por todas las más de las casas pasan acequias, que es no poco contento, del agua de ellas se sirven y riegan sus huertas y jardines, que son muchos, frescos y deleitosos” (pp.194-195).

Sobre su importancia como centro administrativo colonial, dice: “Está en este tiempo asentada en esta ciudad la corte y chancillería real [= la Audiencia de Lima]. Por lo cual, y porque la contratación [= comercio] de todo el reino de Tierra Firme [= Panamá] está en ella, hay siempre mucha gente y ricas tiendas de mercaderes.” (p.195).

Y sobre su prosperidad económica: “Y en el año [de 1550] que yo salí de este reino [del Perú] había muchos vecinos de los que tenían encomienda de indios, tan ricos, y prósperos, que valían sus haciendas [= propiedades en general] a ciento y cincuenta mil ducados, y a ochenta, y a sesenta, y a cincuenta, y algunos a más y otros a menos. En fin, ricos y prósperos los dejé a todos los más. Y muchas veces salen navíos del puerto de esta ciudad que llevan a ochocientos mil ducados cada uno, y algunos más de un millón.” (p.195).

No menciona el cerro San Cristóbal (al Norte de la ciudad, cruzando el río), sino el cerro El Agustino, cuando dice: “Por encima de la ciudad, a la parte de Oriente [al Este] está un grande y muy alto cerro, donde está puesta una cruz” (p.195).

Y sobre el amplio valle agrícola, desarrollado en la época prehispánica y hoy desaparecido por la expansión urbana de los últimos setenta años, dice: “Fuera de la ciudad a una parte y a otra hay muchas estancias y heredamientos, donde los españoles tienen sus ganados, y palomares, y muchas viñas y huertas muy frescas y deleitosas llenas de las frutas naturales de la tierra, y de higuerales, platanales, granados, cañas dulces, melones, naranjos, limas, cidras, toronjas, y las legumbres que se han traído de España, todo tan bueno y gustoso, que no tiene falta antes digno por su belleza para dar gracias al gran Dios y señor nuestro que lo crió” (p.195).

Y termina expresando que, terminada la década de “Guerras Civiles” entre los conquistadores (1537-1548), hay expectativas de prosperidad para los españoles en Lima y en el Perú: “Y cierto para pasar la vida humana, cesando los escándalos y alborotos, y no habiendo guerra, verdaderamente es una de las buenas tierras del mundo, pues vemos que en ella no hay hambre ni pestilencia, ni llueve, ni caen rayos, ni relámpagos, ni se oyen truenos, antes siempre está el cielo sereno y muy hermoso” (p.195).

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Referencia:

Pedro de Cieza de León. ‘Crónica del Perú; El Señorío de los Incas. [1550-1553] Selección, Prólogo, Notas, Modernización del texto, Cronología y Bibliografía, Franklin Pease G.Y. [1994]. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2005. Colección Clásica, no. 226.

<https://www.biblioteca.org.ar/libros/211665.pdf>

 

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