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Una publicación de la asociación SER

Cuando tenga la tierra

Cuando tenga la tierra

Te lo juro semilla que la vida

Será un dulce racimo

Y en el mar de las uvas

Nuestro vino

Cantaré, cantaré

(Canción de Angel Ariel Petrocelli y Daniel Cancio Toro, hermosamente interpretada por Mercedes Sosa)

 

Cuando tenga la tierra, la tendrán los que luchan, continua la canción, llena de optimismo y esperanza, aunque tener la tierra es cada día un proyecto más lejano para millones de hombres y mujeres rurales en nuestra región.Y es que, en América Latina, la tierra es cada vez más un bien escaso para ellos y ellas, pues es la región más desigual en el mundo en cuanto a la distribución de la tierra. Son las mujeres rurales, pese a su rol fundamental en la producción de los alimentos, en la preservación de la biodiversidad y de mucho del conocimiento tradicional, las que menos acceso tienen a la tenencia de la tierra. A nivel de Sudamérica, las mujeres tienenentre el 12% y el 30% de las explotaciones agrícolas a sucargo. Así, por ejemplo, en el caso de Perú, mientras las productoras agropecuariastienen como promedio 1,8 hectáreas de tierras agrícolas, los hombres tienen 3 hectáreas.[1]Y en Ecuador por cada 10 hectáreas, apenas una y media es producida o gerenciada por una mujer y por cada 10 trabajadores, sólo 2 son mujeres.

En los últimos años, en toda la región, se están dando severos cambios en el uso de la tierra y en la ocupación de los territorios debido al ingreso de las grandes industrias extractivas, tanto de minerales, como de hidrocarburos y de madera, y la agroindustria, así como la ocupación de grandes territorios por producciones ilegales o informales. Ya sean legales, ilegales o informales, el impacto que tienen en los territorios es muchas veces devastador, pues la contaminación, el desplazamiento de la población o el cambio de patrones productivos no sólo pone en riesgo la vida de la población rural, sino también afecta sin duda la producción de alimentos y, por ende, la vida en las ciudades también.  Especialmente afecta la vida de las mujeres, pues son ellas en su mayoría las que permanecen en las comunidades y en los territorios, a cargo del cuidado familiar y del sostenimiento de las pequeña producción que permite la sostenibilidad de las familias, en un contexto en el que los hombres se ven obligados a salir a buscar ingresos como asalariados fuera o en proyectos que se ejecutan en sus territorios.

Por ello, son las mujeres las que siempre están en primera línea en defensa de sus territorios, van adelante en las marchas y se ocupan además del cuidado y alimentación de quienes participan. Ellas enfrentan fuertemente la represión, la estigmatización y la violencia, como se ha señalado en una serie de diagnósticos que ha realizado la Iniciativa Mujer Rural de la International Land Coalition.[2] Así, por ejemplo, el estudio llevado a cabo en Argentina menciona que:

“Los desalojos propios de la expansión de la frontera agropecuaria, están siempre atravesados por situaciones de violencia y acoso a las comunidades. Particularmente son las mujeres quienes más sufren estos amedrentamientos, viéndose privadas de la libre circulación, por el temor a ser violentadas en caso de estar solas. Resultan así vulnerados sus derechos más básicos. Como parte del acoso, son generalmente hostigadas con el impedimento a vender lo producido en el territorio y generar ingresos económicos para sobrevivir y resistir.”

Por su lado, el informe de Perú da cuenta de cómo en territorios en que se desarrollan actividades ilegales, como la minería en Madre de Dios, hay un crecimiento de la trata de mujeres jóvenes, muchas de ellas indígenas de zonas rurales, que son engañadas con promesas de trabajo y terminan siendo explotadas en los llamados “prostibares”.

En Brasil, la construcción del proyecto hidroeléctrico Belo Monte en el río Xingu desplazó a miles de familias, causó la destrucción de ecosistemas y llevó al incremento de las violencias hacia las mujeres, especialmente la explotación sexual de niñas y adolescentes, como lo denunciaron en el “Tribunal  Justicia y Defensa de los Derechos de las Mujeres”, realizado en el marco del Foro Panamazónico en abril en Perú. También en dicho espacio se denunció lo que estaban atravesando las mujeres de Tundayme, en Ecuador, que perdieron el acceso a sus tierras por las actividades mineras en la Cordillera del Cóndor y que han denunciado que la presencia masiva de hombres y la militarización de sus territorios les genera miedo e inseguridad y que han sufrido el acoso de los hombres que ofrecen servicios de seguridad a las mineras.

No puede dejar de mencionarse cómo la expansión de los grandes proyectos está implicando el asesinato de hombres y mujeres que resisten y luchan en defensa de sus territorios, como el vil asesinado de Berta Cáceres y de tantas otras que terminan siendo una más de las estadísticas de muerte e impunidad que recorre nuestra América Latina. En el reciente Foro de la Tierra, organizado por la Plataforma Regional para América Latina y el Caribe de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra y que se llevó a cabo en Recife, la situación de los defensores y defensoras de la tierra fue un tema de especial preocupación, pues no se puede pensar en una gobernanza inclusiva de la tierra mientras tantos líderes y lideresas en la región enfrentan amenazas y asesinatos. En la Declaración emitida como resultado de las reflexiones de las organizaciones presentes en este espacio, se da cuenta de esta preocupación, señalando que:

“En los últimos años, se han incrementado los conflictos por el acceso, el control y el uso de la tierra y los territorios en toda la región debido a la expansión del agronegocio, de la industria del turismo y de grandes inversiones en megaproyectos mineros, hidroeléctricos, hidrocarburíferos y forestales en los territorios rurales. Los gobiernos han ignorado las demandas campesinas e indígenas en torno a esta problemática, respondiendo de manera parcial e insuficiente, liberalizando el mercado de tierras y aumentando seriamente el riesgo de un agravamiento de los procesos de concentración de tierras en la región.”[3]

Por otro lado, la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Sociales y Ambientales, conformada por varias organizaciones de la región, presentó los riesgos para las mujeres defensoras en el 165º período de sesiones de la Corte Interamericana, que se está realizando en Montevideo,en la audiencia sobre Criminalización de las defensoras del medio ambiente en América Latina. Mirtha Vasquez dio cuenta de las diferentes formas de violencia que viven las mujeres, señalando que hay nuevas formas de perpetrar los ataques, que ya no son sólo físicos, sino que incorporan nuevas formas destinadas a la “destrucción moral”, que se realizan mediante campañas mediáticas dirigidas a que se visualice a las mujeres defensoras como violentistas o problemáticas o que escudriñan en su vida privada para buscar alguna situación que contribuya al desprestigio. Las amenazas provienen de distintas fuentes, como lo menciona una testimoniante de Perú ante la Comisión:

“Mi presencia acá es por motivo de que diariamente venimos sufriendo muchos acosos por parte de las mineras, por parte de la minera Yanacocha y de los trabajadores del proyecto Conga, a mi me mataron mis perros, porque soy una defensora de las lagunas, de la Laguna del Perol del distrito de Sorochuco. De parte de mi distrito vengo siendo amenazada de violación por parte de su personal que trabajan.”[4]

Este testimonio expresa cruelmente el impacto diferenciado de la violencia que viven las mujeres defensoras de sus territorios, estando siempre presente la violencia o el acoso sexual como un común denominador.

Es el momento de decir basta de violencia hacia quienes están defendiendo la vida y la supervivencia no sólo de los hombres y mujeres en el campo, sino de toda la población que se alimenta gracias a su trabajo y a sus conocimientos. Es tiempo de que, junto con ellas, defendamos el futuro y trabajemos para hacer posible que tengan seguridad sobre su tierra y que, como dice la canción, “formen con los grillos una orquesta donde canten los que piensan”.


[1]                     Perú: Brechas de Género, 2001-2013 Avances hacia la igualdad de mujeres y hombres, Instituto Nacional de Estadística e Informática  y Movimiento Manuela Ramos, Lima, 2014.

[2]                      “Especial: Voces e historias de las mujeres rurales de América Latina. Informes regionales”, sitio Web del Centro de Investigación y Educación Popular-CINEP, 15 de octubre de 2017.http://www.cinep.org.co/Home2/component/k2/item/497-dia-internacional-de-la-mujer-rural.html

[3]                      “Declaración de Caruaru, Brasil”, Asamblea Regional de Miembros de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra - América Latina y el Caribe, Foro de la Tierra ALC “La gobernanza incluyente de la tierra y los territorios ante el cambio climático: el rol central de la sociedad civil organizada”, 25 – 28 de septiembre de 2017. http://www.landcoalition.org/en/regions/latin-america-caribbean/news/declaracion-de-caruaru-brasil

[4]                      Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “Audiencia pública: Criminalización de las defensoras del medio ambiente en América Latina”,  video publicado el 24 de octubre del 2017. https://www.youtube.com/watch?v=aZlN0OoL6iQ