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Una publicación de la asociación SER

Cultivo un piojo en mi corbata

Querido Nica

Hay un poema de Paulo Leminski en el que, de repente, una mariposa aterriza sobre un mapa, sobre un país, una ciudad, causando la extrañeza del autor. Ahora la muerte, como una mariposa, ha puesto sus patas sobre tu cuerpo, sobre ese territorio de tribus que tú eras. Pero la muerte fue siempre para ti una mosca familiar, ululando entre tus poemas como fiel compañera. “Por que yo nací y me críe con las moscas”. No un adorno, sino un impulso, una búsqueda, tan real y palpable como la mierda. “La primera pregunta de la noche / se refiere a la vida de ultratumba”.

Esa terrenal matemática de la muerte y tus poemas, de fuerzas íntimas combinándose para crear una realidad desnuda, liberada. Alguna vez cerraste los ojos pidiendo consuelo a Violeta y lo único que viste fue su mandil manchado de maqui. La muerte obsequiándote esa imagen tan sencilla, tan pequeña, pero que encerraba la infancia, la ternura, la aldea. Y ese mandil eternizado por su aparición en lo cotidiano, en un encuentro que no puede ser escrito. Y es que siempre te faltaron las palabras porque no las necesitabas, y supiste más bien capturar todo eso que emerge y jode entre una palabra y un cuerpo, ese penetrante “entre” que ningún idioma enuncia y de donde salen explotando los golpes y la sangre.  Tu obra puede ser vista como un mar, un mar para llenar bibliotecas y que una vez condesaron en dos tomos de casi mil páginas cada uno. Pero tu obra, es más, está en otra parte, en ese mandil de Violeta, en el olor de Chillán; en tu llanto al enterarte de la muerte de Yin Yin, el hijo amado de Gabriela.

Recuerdo el martirio de Roberto, en ese intento desesperado por contar la vida de Violeta, y pienso en el porqué de esta carta. No es para encontrarte, ni reproducir un homenaje (que sé en el fondo detestarías). Como escribiste una vez, “para qué completar un pensamiento”. La carta es solamente una forma de ir descubriendo aquello que dejaste en mi cuerpo, las intensidades que habitan como un sonido cotidiano, y conforme más cotidiano, más profundo y afilado. Pero no solo en mi o en ti, sino “En el culo* /en la tierra /y en todo lugar”.

Haría mal en hablar de ti solo desde el “yo”, del hombre conocido en la tierra como Nicanor Parra, ganador de premios, creador del anti-poema, y todo ese discurso de adoración que se gasta a sí mismo. Ese culto insoportable al ego que alguna vez te encargaste de poner en su sitio: “hay que pensar también que los elementos que figuran en esta poesía no tan solo responden a una necesidad de expresión individual, sino que también a una necesidad de expresión colectiva, porque lo que yo propongo expresar es no es tan solo mi vida personal, sino la historia y la problemática del hombre en este planeta”.

No me interesa decir qué calles caminaste, qué hacías en tus parrandas o hacer un ejercicio de exegesis literaria. He preferido encontrarte en las cosas que te habitan, porque la vida no es algo personal, como diría Deleuze.“El artefacto está apuntando a una realidad que existe con anterioridad al artefacto”. Encontrarte feliz entre las cosas, tan dentro de ellas, y no con el sonsonete de las existencias supremas que afirman sufrir en un mundo tan bajo. Encontrarte en el enigma del cepillo de dientes, en los zapatos que parecen ataúdes, en los automóviles, noticiarios y montañas rusas. Y hablando de esto, fue en una montaña rusa la primera vez que te vi. Cierto es eso de la atracción y reacción, porque yo no soy de subirme hasta arriba, pero sé de los mareos y las náuseas, como si tratase de una búsqueda común. “Claro que yo no respondo si bajan /Echando sangre por boca y narices”.

“En la vulgaridad está la cosa”, pero jamás con ese patetismo, thanatismo importado, sino en las palabras que penetran como postales, y en solo instantes nos interpelan con verdades frías: “Todo es poesía, menos la poesía”. Lecciones de tus fuerzas: en cada palabra convertir el vino en agua, y que la escritura sea el acto de erotismo llevado a su más simple y máxima potencia, un Eros sin ego, retóricas vanas o palabras de más. Y nunca hacer de tripas corazón cuando se trata de pinchar, y de ser posible romper, las cabezas del poder. “En Chile no se respetan los derechos humanos / aquí no existe libertad de prensa / aquí mandan los multimillonarios / el gallinero está a cargo del zorro”.

En alguna parte debes estar bromeando, haciendo muecas de boxeador mientras amenazas al sol por sus atardeceres impostados. Esa risa de quien dice “Nica” para abreviar “ni cagando” o negar algo (eso te encantaría), de quien pide la hora al cordero de Dios o se burla de los escritores que creen que con sus poemas asustan al poder. Otras son tus batallas a las que fuiste y aconsejas ir, así sepamos de antemano que perderemos la guerra. Si un desesperado subiera a la montaña, pidiendo consuelo, y tú fueras el ermitaño del tarot, sin hablar, solo con una risa tan perfecta como una ecuación, dirías: Cultiva un piojo en tu corbata.