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Una publicación de la asociación SER

Cultura y ciudadanía desde el colegio

Pequeñas iniciativas van construyendo grandes cambios, aun cuando sean temas muy postergados en las prioridades de los gobernantes, como ocurre con la cultura. Y esos esfuerzos, que no son pocos, pasan desapercibidos porque no merecen la justa atención de los medios ni de las autoridades correspondientes. Estamos plagados de información sensacionalista que linda con la morbosidad, lejos de una actitud éticamente responsable de la prensa escrita y audiovisual, y del rol promotor de un Estado que, con desidia, descuida la construcción de valores ciudadanos.

Una de esas notables y poco difundidas actividades ha sido el primer concurso interno de arpilleras, realizado el 20 de julio último, organizado por la Institución Educativa N° 3091-Huaca de Oro[1], en el marco de la celebración del aniversario patrio, con la finalidad de que estudiantes y familias plasmen en la técnica de la arpillera sus sentimientos de valoración hacia nuestra diversidad cultural.

Este concurso tuvo gran expectativa y se caracterizó porque demandó la integración de familias, hijos e hijas, en un trabajo de equipo, estimulando la imaginación y creatividad de todas las secciones participantes (en total 14 de 18), movilizando más de 420 estudiantes y sus respectivas familias, quienes por aula elaboraron una gran arpillera que requirió más de dos semanas de continuas coordinaciones y perseverante trabajo. Valió la pena el esfuerzo por los resultados obtenidos.

El objetivo de esta producción cultural fue sensibilizar en el respeto y reconocimiento de nuestra diversidad cultural en el marco de la celebración de las fiestas patrias. Para ello se buscó reconocer que todas las personas somos sujetos protagonistas de nuestra propia historia, estimular la creatividad e imaginación de los estudiantes a través del arte de la arpillería, así como fomentar el trabajo en equipo y contribuir a la integración de familias y estudiantes a través de la acción colaborativa.

El trabajo estuvo compuesto por dos elementos: una arpillera (la imagen que de por sí transmite un determinado mensaje) y un texto explicativo del lema o título de la misma. Finalmente debieron presentarse evidencias del trabajo colaborativo entre familias, hijas e hijos[2]. Un aspecto significativo de esta actividad fue la movilización y motivación a estudiantes, familias, profesores y profesoras. Esta significó una rica combinación de debates para sustentar y definir los temas a compartir, la división del trabajo para realizar la investigación, los símbolos o elementos que se expresarán en la arpilla, el reparto de responsabilidades para las distintas creaciones artísticas.

El jurado designado para la premiación de los trabajos se sustentó en criterios como creatividad y originalidad (aplicación de la técnica artesanal); temática y mensaje (representación de valores estéticos y culturales sobre la diversidad cultural); impacto visual (a través del color, calidad en el uso de materiales, detalles de la arpillera y la técnica artesanal tradicional utilizada). El testimonio de los y las participantes hizo evidente el trabajo colaborativo con diversos propósitos, hasta obtener el producto artístico expresado con la técnica de la arpillera.

Narrar esta experiencia nos permite mostrar toda la riqueza emocional que encerró el concurso escolar. Los testimonios expresados por los y las estudiantes al momento de explicar cómo y por qué llegaron a culminar sus creaciones artísticas, tuvieron su propia valoración, sumada al producto cultural expresado en la arpillera. Reconocer y respetar la biodiversidad, identificar la riqueza cultural de sus pueblos, valorar la tolerancia y rechazar el racismo y la segregación, fueron algunas de las reflexiones compartidas por los/las estudiantes.

Si tan solo los programas de televisión difundieran estas experiencias por unos minutos y dejaran de lado las noticias frívolas, fatalistas y violentistas, el país mejoraría en algo su calidad ciudadana. De hecho, generar oportunidades artísticas y recreativas entre los jóvenes, puede significar un importante factor que contribuya a disminuir y a canalizar las inquietudes de la juventud hacia acciones más constructivas. Ésta es una enseñanza que debieran considerar las administraciones municipales, como la de Lima, para que inviertan más en la promoción de la cultura, así como el gobierno nacional, convirtiendo este tipo de iniciativas en un esfuerzo sistemático y sostenido, como parte de la mejora de la calidad educativa, del fortalecimiento de la conciencia ciudadana y como una oportunidad para disminuir las elevadas tasas de delincuencia e inseguridad.


[1] Vale resaltar el inconmensurable esfuerzo de la profesora Vilma Llerena para promover y motivar al alumnado y sus padres a participar en estas actividades artísticas que refuerzan la conciencia ciudadana.

[2] El concurso consistió en elaborar, de manera colectiva, una arpillera sobre la base de tela de yute, donde se presentaran creativamente diferentes escenas sobre la temática propuesta. haciendo uso de diversos elementos para enriquecer el trabajo (telas pegadas, bordados, lentejuelas, mostacilla, muñequitos de tela, entre otros poco alterables con el paso del tiempo). La composición se inicia de arriba hacia abajo, superponiendo telas de color a manera de collage.  El tamaño obligatorio fue de 1,50 x 3 metros y la parte posterior del trabajo se debería forrar con tocuyo.