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Una publicación de la asociación SER

El aporte del clero provincial en la república naciente

En el tránsito del virreinato a la vida republicana caracterizado por los cambios de las instituciones administrativas, en el que las intendencias se convirtieron en departamentos, los partidos en provincias, ambos bajo la dirección de prefectos y subprefectos, la institución que se mantuvo fue la Iglesia, que así como los diversos sectores sociales conformados por mestizos, castas e indígenas brindó su apoyo económico a la naciente república peruana.

Durante los primeros años distinguidos por las dificultades económicas, las autoridades eclesiásticas de las capitales provinciales y de los curatos más recónditos del departamento de Ayacucho brindaron un significativo aporte económico.

Los documentos del Archivo General de la Nación no sindican que en 1826 la contribución del estado eclesiástico comprendía la suma de 1.000 pesos mensuales. Esta suma, como nos indican  las fuentes revisadas en el Archivo Arzobispal de Ayacucho, se incrementó: las autoridades de la provincia de Huamanga, la capital del departamento, otorgaban 2.379 pesos anuales; las de Huanta, la suma de 977 pesos al año;  Vilcas Huamán, 1.936 pesos;  Andahuaylas, un monto de 2.204 pesos; las de Lucanas, un total de 2.488 pesos; Parinacochas, la suma de 2.438 pesos; Castrovirreyna, un ingreso de 2.060 pesos; Huancavelica, 725 pesos; Angaraes, la suma de 1.336 pesos; y las autoridades eclesiásticas de Tayacaja, un monto de 1.457 pesos anuales. Las diez provincias eclesiásticas del departamento de Ayacucho disponían al servicio del Estado 18.000 pesos anuales.

El aporte fue generalizado y los curas de los pueblos indígenas más alejados y pobres se hicieron presentes con sus contribuciones mensuales y anuales. La contribución de 1.936 pesos de Vilcas Huamán era el aporte de los curas de Cangallo, Chuschi, Hualla, Sancos, Huancaraylla, Carapo, Totos-Paras, Colca, Canaria, Vizchongo, Huambalpa y los clérigos particulares (véase cuadro).

cuadro

La naciente república peruana y su institucionalidad se mantuvieron y se encaminaron por el aporte de los indígenas, las castas, los mestizos -como sostuvimos en los artículos anteriores- y de las autoridades eclesiásticas de las provincias y los curatos más boyantes como también los más exiguos del ande. Sin embargo, el apoyo casi siempre fue a cambio de nada y campeó el olvido, el menosprecio y el abandono.