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Una publicación de la asociación SER

El desafío del desarrollo territorial

Las últimas semanas, todos los ciudadanos nos mantuvimos expectantes ante la posibilidad, luego hecha realidad, de un cambio de liderazgo en el país. El reto ha sido asumido por el Ingeniero Martín Vizcarra, nuevo presidente del Perú, en cuyas manos se custodiará el destino del país hasta el Bicentenario.

Más allá de la agenda política y parlamentaria, con las que tendrá que lidiar hasta alcanzar nuevamente un equilibrio democrático, se encuentran las demandas de las regiones, con las que desde hace años se tiene una deuda pendiente si se quiere lograr consolidar su desarrollo.

Los recursos naturales y el “big push”

La experiencia internacional sostiene que la abundancia de recursos naturales en un país, bajo contextos de aprovechamiento sostenible y buena institucionalidad, pueden ser un punto de partida para impulsar el crecimiento económico, de modo que, mediante mecanismos de redistribución, se generen mejoras en capital humano y productivo.

Estudios como los de Sachs y Warner (1995)[1] sostienen que existe una relación inversa entre la provisión de recursos naturales y el crecimiento económico de un país, lo cual no supone una condena inminente al subdesarrollo de los territorios. El reto es mayor, ya que se debe consolidar un mayor impulso (big push) en la gestión estratégica de los recursos adicionales derivados de actividades extractivas, a fin de que se generen las condiciones necesarias para pasar de una industria extractiva, a una industria con valor agregado, y que a su vez pueda generar capital humano, físico e institucional que la haga sostenible (Vandycke, 2013)[2]

En el Perú se han tenido iniciativas para consolidar este modelo de desarrollo, hace casi 16 años se promulgó la Ley de Bases de la Descentralización, que dio competencias y recursos públicos a los gobiernos regionales y locales, haciéndolos actores más activos en su proceso de desarrollo. A esto se suma la Ley de Canon, que regula la distribución de los recursos provenientes de la explotación económica de recursos naturales.

¿Cómo va la inversión?

Para el año 2017, se asignó menos del 40% del presupuesto nacional[3] a gobiernos subnacionales, y solo el 16% de estos recursos fueron financiados con recursos del canon, ello nos lleva a reflexionar sobre el presupuesto disponible en estos niveles de gobierno; es cierto que aún no tienen todas las funciones transferidas, pero el presupuesto del que disponen resulta insuficiente para hacer más eficiente su gestión.

Por otro lado, el presupuesto asignado a proyectos, en el mismo periodo, fue el 24% del presupuesto nacional, y de este total, casi el 70% fue asignado a los gobiernos subnacionales, el cual es mayormente financiado con recursos del canon, cerca del 70%. Así, la mayor parte del presupuesto nacional destinada a proyectos está en manos de los gobiernos subnacionales, pero si estos no son eficientes en su gestión ¿cómo podemos asegurar que el dinero destinado para la inversión sea ejecutado estratégicamente? La evidencia nos muestra que la mayor debilidad para el manejo de los recursos, no necesariamente pasa por el presupuesto, sino por las competencias asignadas, y la capacidad para gestionar estratégicamente estos recursos.

Brechas por cerrar

Como se puede ver, en el Perú se han desarrollado iniciativas para una mejor gestión de los recursos que encaminen a los territorios hacia el desarrollo, sin embargo los resultados han sido heterogéneos. Llaman la atención los casos de Huancavelica y Cajamarca, que concentran grandes cantidades de recursos minerales, y sin embargo mantienen los más altos niveles de pobreza en su población (INEI, 2016)[4]. Así también, esta es la lamentable situación de Madre de Dios, que si bien es una región con niveles bajos de pobreza monetaria, pero, a la vez sufre de los más altos niveles de delincuencia e impacto ambiental derivada de la explotación minera informal.

El Perú es un país con diversas realidades, y cada una de estas tiene brechas por cubrir con estrategias diferenciadas. El camino hacia el desarrollo de las regiones, deberá ser producto de políticas y estrategias que solucionen de forma integral los problemas de cada territorio, considerando sus particularidades y potencialidades.

El reto de Vizcarra

El reto del Presidente Vizcarra es lograr una articulación real entre el gobierno nacional y los gobiernos regionales y locales, a fin de que éstos puedan mejorar la gestión de sus recursos, principalmente derivados del canon, y con ello puedan atender la agenda pendiente de desarrollo territorial.

Es necesario resaltar que el Presidente de la República lideró una experiencia exitosa en Moquegua, sentando en su región las bases para el desarrollo que hoy disfruta. Ello se muestra en los resultados en competitividad regional, que según el ranking elaborado por Instituto Peruano de Economía (IPE), posiciona a Moquegua en el segundo lugar de competitividad desde el año 2015 hasta la medición del 2017, siendo superado solamente por Lima. Este resultado brinda buenos presagios sobre la capacidad de gestión del primer mandatario, por lo cual hoy se deposita en él la confianza para que pueda sentar las bases para el desarrollo territorial del país.

 

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Beatriz Chauca. Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de mujeres jóvenes en el análisis de la política nacional e internacional.


[1]              Sachs, J. y Warner, A. 1995. Natural Resource Abundance and Economic Growth.

[2]              Vandycke N. (2013). Natural resources, physical capital and institutions. Evidence from Eurasia.

[3]              Consulta amigable – MEF. Considera el presupuesto institucional modificado (PIM).

[4]              INEI (2017) Evolución de la pobreza monetaria 2007 – 2016. Informe técnico.