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Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

El fujiaprismo en su laberinto

“El Perú reclama a gritos un nuevo comienzo, los peruanos deben poder elegir su destino para dar paso al Perú del bicentenario. Con esta acción se reforzarán los cimientos de nuestra República, aunque ello implique que todos nos tengamos que ir. Señores congresistas, ¡el Perú Primero!”. Así la hizo de bonito el presidente Martín Vizcarra cuando presentó la ley de reforma de la Constitución para adelantar las elecciones presidenciales y congresales.

Hace algún tiempo escribí un artículo donde daba cuenta de sus virtudes: El presidente Vizcarra tiene las fortalezas que justamente a todos los políticos les falta: tiene sentido común, hace lo que debe y cumple con lo que promete. Es un buen negociador de esperanza. No solo tiene claro lo que quiere, sino que también sabe cómo hacerlo”. Pero, sobre todas estas cosas, tiene un gran sentido para conectarse con la población.

Mientras que los analistas y la clase política discuten ingenuamente la viabilidad legal, temporal y hasta económica de la propuesta presidencial, no han caído en la cuenta que esta medida es estrictamente política, y como tal, debe ser discutida en ese marco, y no como lo vienen haciendo los politólogos.

En lo personal tengo claro que para avanzar en la lucha definitiva contra la corrupción es imprescindible, si no acabar, por lo menos reducir a la mínima expresión las organizaciones políticas que la promueven: el fujiaprismo.

Dejar en la cancha del Congreso la aprobación de la reforma para adelantar las elecciones en manos del fujiaprismo que se rehúsa a renunciar al poder es equivalente a regalarse una bomba de tiempo que para el autoexterminio. Y así lo están haciendo. Curiosamente ya empezaron a hacer lo que se esperaba que hagan. El fujiaprismo ha declarado públicamente que no aprobará la propuesta de adelantar las elecciones, abriendo la posibilidad de que el ejecutivo pueda presentar la cuestión de confianza y disolver el congreso, mandando a sus casas a los congresistas antes del 2020.

Sin embargo, el intento más osado del fujiaprismo, para sacarse la sangre del ojo, es intentar vacar al presidente (aun cuanto no exista causal) o exigir su renuncia a fin de que Mercedes Araoz pueda sucederlo. Esta parece ser la carta la que se estarían jugando, pero el límite de esta propuesta, exige como requisito aprobar la reforma de adelanto de elecciones. No es casual el silencio de la Araoz y la ambigüedad en sus declaraciones con respecto a una renuncia conjunta con el presidente Vizcarra (otra vía que permitiría el adelanto de las elecciones).

El fujiaprismo en su laberinto en todos los escenarios pierde, y peor aún, con la vacancia presidencial, porque no solo contará con la resistencia popular, sino que también, habrán creado un candidato potente para las elecciones del 2025, y por qué no decirlo, tal vez para el 2020, claro está, si el pueblo lo exige.